El mejor invento

Quiero proponerte un sencillo juego, amable lector: que adivines, mediante la lectura de este artículo, cuál es “el mejor invento” del mundo civilizado (a mi humilde entender, claro) y que comprendas las razones por las que he llegado a esta feliz conclusión. Te iré dando múltiples pistas.

Se ha descubierto en occidente y se usa (y explota masivamente) en los países más avanzados de la Tierra; no así en los menos desarrollados o civilizados que, no obstante, para sí lo quisieran…

No es un invento de tipo tecnológico, sino psico-sociológico, siendo de uso individualizado, aunque últimamente está muy socializado…

Produce múltiples beneficios al que lo posee y, por simpatía, a todas las personas que le rodean (cónyuge y/o pareja, padres, hijos, nietos, amigos, vecinos…).

Con él pueden conseguirse muchas de las metas (o sueños) marcados a lo largo de la vida personal y que, por diversas circunstancias, no se hayan podido alcanzar todavía…

Proporciona (su posesión) un bienestar personal e íntimo que no se puede ni quiere disimular ante nada ni ante nadie, pues con él el tiempo transcurre de manera distinta al resto de los mortales…

Se consigue en la última etapa vital, cuando ya se llevan bastantes sexenios laborando, si se tiene la suerte de que ni la enfermedad ni la fatalidad pongan barreras infranqueables para su consecución…

Supone una gran hucha (si sus encargados públicos no la dilapidan…) con la que se puede financiar (decentemente) una plácida y sencilla vida, acompañada de sencillos caprichos el resto de sus días; aunque siempre estará en función de años cotizados y cantidad aportada mes a mes…

¡Seguro que ya lo han adivinado…!  No obstante, quiero seguir dando nuevas connotaciones positivas de este fenomenal invento.

No hay mejor regalo, y más si se tiene una aceptable edad que sirva para poder encararlo con salud, dinero e ilusión…

Si bonito es estudiar y hacerse un porvenir. Si estupendo y estimulante es conseguir un puesto de trabajo que colme las expectativas laborales del individuo… Tanto o más importante es llegar a esa dorada edad en la que poder saborear lo que significa tener “todo el tiempo libre del mundo” para dedicarlo a las actividades que siempre se han soñado y que casi nunca se han podido acometer (o, al menos, en toda su intensidad), porque había grandes y variados impedimentos: empezando por tener que echar todas las energías en el trabajo cotidiano por el que pagan y se cotiza durante tantos años…

Por eso, en nuestra sociedad occidental que nos han (hemos) montado, a pesar de sus muchas carencias y dificultades, es el mejor invento o premio para cualquier trabajador por cuenta propia o ajena, una vez alcanzada cierta edad, al poder disfrutar de la tranquilidad que proporcionan: el hogar, la familia, los amigos, las actividades culturales, viajeras o de entrega a los demás…; y así poder seguir ilusionándose por la vida, con su justo y necesario estrés cotidiano, para que nunca (sea la edad que fuese) se apague la pasión por buscar la felicidad a través del servicio a los demás, conociéndose mejor a sí mismo, siempre mediante este fenomenal invento…

Úbeda, 16 de mayo de 2014.

fsresa@gmail.com

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