Un título cambiado: “With a little help from my friends”
La canción, incluida en el LP “Sargent Peper Lonely Hearts Club Band”, fue escrita por Lennon y McCartney para que la cantara Ringo, que al principio se negó a hacerlo porque decía que no se veía capaz de llegar a las notas más altas, pero accedió presionado por ambos que insistieron en que la cantara incluyendo la alta nota del final. Ringo accedió con una condición: la introducción se cambiaría de «What would you do if I sang out of tune? Would you throw ripe tomatoes at me?» (¿Qué haríais si cantara la nota incorrecta? ¿Me arrojaríais tomates maduros?) a «What would you do if I sang out of tune? Would you stand up and walk out on me?» (¿Qué haríais si cantara la nota incorrecta? ¿Os levantaríais y me abandonaríais?). Sus argumentos para este cambio eran que él no quería que sus fans le lanzaran tomates si cometía un error cuando la cantara en vivo.

La canción aparentemente es una conversación entre el cantante y un grupo de gente. Por ejemplo, en el fragmento «Would you believe in a love at first sight/Yes I’m certain that it happens all the time», los otros tres Beatles cantan la primera línea, y Starr contesta en la siguiente.
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Cuarenta años después, visitando Praga, he sentido las mismas extrañas sensaciones, al acercarme nuevamente al escritor checo-judío en una de las ciudades más sugerentes del mundo por sus innumerables obras de arte, su pintoresco enclave junto al río Moldava ‑aún limpio‑, su belleza arquitectónica y urbanística, su integración en el entorno natural, su cuidada gastronomía, sus anárquicas y armónicas plazas, la belleza de los ojos azules de sus mujeres, la eficacia del transporte público, la increíble desincronización de los semáforos para peatones, el silencio y la limpieza de las calles (no oí el tubo de escape de una moto en cinco días), la posición humillante de pedir limosna de los mendigos, la monumental imaginería, el exuberante y obsesivo barroco de las iglesias, el conmovedor cementerio judío, la exquisita cerveza… ¡y las arañas! Me percaté de ellas en la noche del tercer día, dentro del barco en el que paseamos por el río con la intención de disfrutar de las fantásticas vistas del Castillo, de la Catedral de San Vito, del Teatro Nacional o del Puente de Carlos.