«Tanteos», revista de juventud

En su tercera fase, pero de juventud. Así espero que renazca aquella revista cargada de ilusiones, de esperanza y de sueños. Romántico si queréis, pero así era y avivo mis deseos para que lo siga siendo; para que la realidad no sea una ilusión venida a menos.
Tanteos es una chiquillada entusiasta, se empina sobre sus puntillas con ansias de crecimiento, y gusta de hacerse percha de responsabilidades. Hoy se echa a sondear el fondo de las palabras. Tanteos que, ante todo es «ni mármol duro ni eterno, — ni música ni pintura — sino palabra en el tiempo», no quiere condenarse a ser un vistoso surtidor de palabras bonitas. […] Tanteos quiere ser un clarinazo de lucha para toda la juventud que sueña, que pelea y ambiciona”.

En estos párrafos, extraídos del editorial de un número de Tanteos de hace treinta y ocho años, se explicaba la pretensión de aquella revista de juventud, independiente, que con más fe que recursos, ilusionaba de tal forma que aquí tenemos hoy la muestra. Creo que ha sido un acierto liberarlo de su letargo fructífero, pues aquellos “proyectiles de escozor” calaron en muchos de aquellos jóvenes para que siguiéramos siendo jóvenes, ilusionados, a pesar del medio siglo que llevamos a las espaldas y con la carrocería deteriorada.
Esta nueva época de Tanteos ha tenido como raíz los encuentros de septiembre en Úbeda, reunión cuyo recuerdo evoca un apretado racimo de vivencias, del que se han desprendido, gracias al tiempo y el discernimiento, los frutos no gratos, que se ofrece en radiante madurez; y destila una amalgama de sensaciones, difícil de clasificar en la sinopsis del sentimiento, y que ha posibilitado el mantenimiento de unos lazos de afinidad, a pesar de las diferencias de cursos y edades. También es verdad que existió una cierta complicidad para rehacer, a través del recuerdo, una atmósfera de solidaridad y compañerismo, cuyo trasunto habría que buscarlo en el denominador común de los años de convivencia; de haber participado en una aventura de la vida en aquella inestable edad en que los conflictos, las emociones, el trabajo y el sacrificio fueron el motor de nuestra existencia. Y a pesar de la indiferencia y distanciamiento de los mandatarios o virreyes de la institución Safa, la jornada de trabajo y convivencia resultó gratificante y esperanzadora. Me alegró ver a compañeros y profesores con los que no coincidía desde muchos años atrás y oír sus exposiciones; al padre Mendoza siempre servicial, buen diplomático, intentando suplir a quienes al menos hubieran podido observar, aprovechar y gozar del caudal de vivencias que de allí manaron, pues siempre se aprende algo de la experiencia; a don Jesús, mago de la palabra, emocionado con sus muchachos, vital, memorión recalcitrante, educador —aunque él lo dude todavía—, generador de esquemas de vida e ilusiones; a monsieur Stephan de Vos con sus recuerdos y anécdotas. Una situación única e irrepetible.
Con un afán de seguir forjando ilusiones, de mantener la palabra en el tiempo como vínculo de expresión y de unión, se realizaron una serie de iniciativas y se puso de relieve la necesidad emergente de unir nuestros lazos, basados en muchas experiencias comunes que van desde la complicidad de haber vivido unas situaciones similares, a la responsabilidad que se nos inculcó como valor fundamental. Y para lograr aquella unión, se me antoja que el factor decisivo es la comunicación. Con ella se obviaría la desvinculación del todo y las partes, la de las ideas que nos unen y los componentes del grupo. De ahí la importancia de estas hojas, de esta Tercera Fase que por causa del tiempo, nos hace coincidir a bastantes, con la pedantemente llamada tercera edad. El chiste ya está hecho: “Encuentros en la Tercera Fase”, pero sin extraterrestres malos.
Ojalá estas iniciativas —¡gracias Dionisio!— provoquen una algarabía de emociones e ideas, siempre más fáciles de encauzar que la apatía indolente del satisfecho. No pueden desaparecer aquellas ideas de progreso, de bucear en nuevas situaciones buscando la dosis suficiente para no caer en el conformismo, surtiendo nuestros ya gastados motores con el combustible idóneo, para funcionar como en aquellos años de adolescencia. ¿Qué sentido tienen ahora aquellos conceptos de provocación, incitación, progreso, trascendencia, justicia, verdad, libertad, solidaridad, altruismo… que abundan en los Tanteos de la época? No se trata de hacer una “meditación” al uso de aquellas “jesuíticas”, sino de intentar revitalizar aquellos mecanismos que generaron esa rara y extraña especie del “homo safista”.
¡Safistas del universo! Uníos. Aquí está el vehículo idóneo: Tanteos.

 

29-03-10.
(51 lecturas).

 

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