Número 4. Octubre de 1964

Volvemos
Volvemos porque no fue un adiós. Era un ¡adelante y hasta siempre!
Volvemos “con la mochila cargada de nuevos versos, de otras sonrisas y otros amores imposibles”.
Volvemos porque ha sonado la diana del despertary es la hora de empezar la nueva jornada.
Volvemos con el corazón reventante de sueños y humor.
Volvemos ebrios deentusiasmo por un algo mejor.
Volvemos a la búsqueda de ese mundo nuevo que todos soñamos.
Volvemos porque nos brindan el placer de trabajarlo.
Volvemos, ya que es una empresa árdua y anónima y todos somos necesarios.
Volvemos con un bosque de injertos y savias primerizas y un valle de esperanzas.
Volvemos con el alma ancha y el cuerpo estrecho.
Volvemos humanos a contar historias de nuestros pueblos.
Volvemos a reír porque se desea el drama, a inyectar cuando se falsean las enfermedades.
Volvemos con la ambición ylos deseos tensos como un arco en lucha.
Volvemos a ondear a los cuatro vientos la bandera de nuestras ideas.
Volvemos con oraciones guerreras y panegíricos a la Paz.
Volvemos porque somos jóvenes yhay un mensaje de vida que cantar.

Precio del ejemplar: 3 pesetas
EQUIPO DE REDACTORES
Antonio Cuadros, Jesús de Haro, Blas Velasco, José Lorite, Manuel G. Martos. Gregorio Alfaro y J. Pérez.
PORTADA:
Antonio G. Orea
DIBUJOS:
Miguel Cano y Marcelo Góngora
CORRESPONDENCIA:
Tanteos. Apartado 5, ÚBEDA (Jaén)
ANUNCIOS:
Dirijanse a nuestro departamento de publicidad: Publitan.
Apartado 5, ÚBEDA (Jaén)
Depósito Legal: J. 13 – 1964
 
TANTEOS
REGIDOR:        JUAN MÁRQUEZ
ÚBEDA Y OCTUBRE DE LOS XXV AÑOS DE PAZ ESPAÑOLA
 
AÑO 1              REVISTA DE LA JUVENTUD                NÚM. 4
 
Francisco de Asís
 
Feria de Úbeda. Cuando los últimos cohetes festeros estampan en el aire su innocua fanfarria, la campanita de un convento tañe melancólica. Es el esquilón de las clarisas. Pero. ¿quién escucha ya las campanitas de los conventos? Nadie. Porque nuestra religiosidad quiere hacerse tan sólida, tan funcional, que empieza a desdeñar esa especie de “diaconado lírico” que significó siempre la Poesía como auxiliar maravilloso de lo sacro. De los excesos del “sentimiento religioso” hemos pasado a los excesos contrarios. Quizás hemos cerebralizado demasiado la Religión a fin de obtener de ella secuelas de un practicismo enjuto, muy acorde con los tiempos, pero ¡tan escaso, tan parvo de efusión…!
La campana ubetense de las clarisas nos recuerda la fiesta de Francisco de Asís, otro santo que ahora no se lleva. No se lleva porque buscamos otros modelos. Aquella sencillez, aquella humildad sin segundas intenciones, aquella pobreza, aquella dulzura… ¿seducen hoy? Los tiempos –argüimos‑ son otros. (Pero siempre los tiempos fueron otros). Lo que necesitamos ‑exclamamos con énfasis‑ es católicos preparados que puedan aspirar a los primeros puestos, que señalen directrices, que sirvan de guía a los demás. ¡Qué peligrosa la tentación de creer que uno sirve para estandarte! ¿Cuándo van a surgir los cristianos que aspiren a ocupar con dignidad los últimos puestos en la mesa del banquete?).
Pero el magisterio de Francisco de Asís en la iglesia de Cristo no puede prescribir. Y no cabe religiosidad más revolucionaria ‑más juvenil en suma‑ que la suya. Lo que sucede es que de la mano de San Francisco no se triunfa. Al contrario, de la mano de San Francisco se fracasa; humanamente hablando. Como San Francisco. Como Cristo. (¿Cuándo vamos a preparar a los cristianos para el fracaso, para el inevitable ‑y glorioso‑ fracaso ante el mundo? Aunque esta manera de hablar os extrañe, es el estilo del Evangelio. Y no hay opción…).
Juan Pasquau.
 
EDITORIAL
Fue Nietzsche quien dijo que los ideales se queman a la vuelta de una esquina. TANTEOS ha regresado eufórico de sus vacaciones, dispuesto a seguir con sus tabarros periódicos sobre el tapete. De ahí que haya olvidado fumar.
TANTEOS es muy joven, casi nonato, unos meses e hilvanado entre quehaceres y apuros. El entusiasmo y la buena voluntad han hecho lo suyo. Como es natural, ha tenido críticas. No las acusamos resentidos; la crítica sana orienta, forma; aludimos a ellas, a las entonadas en “do sostenido” porque a alguno de nosotros nos ha hecho pasar un mal rato. Por favor, no olvidar que TANTEOS es un retablo, de oportunidad, abierto con cansancio y prisa, para que se lancen a escribir, siquiera correctamente, un puñado de muchachos de 18 ó 19 años. No es alentador ni formativo, al hollar por primera vez un camino, asustar al caminante…
Dicen que las palabras vuelan prendidas en el viento. Las teorías nos abandonan, sólo los hechos nos defienden; ellos son nuestra mejor ejecutoria y el dedo opresor sobre los labios enemigos.
En la liquidación suprema de los tiempos ‑sin objeto ya la propaganda‑, sólo los hechos y la rectitud que les haya animado, tendrán un precio subido. Por esto mismo. Por esto mismo y dado lo aleatorio de la apreciación humana ‑filias, mimetismo, oportunismo, labios‑ trabajar y trabajar bien, frente a Dios, es lo único serio… Las balanzas divinas están fabricadas para pesar esfuerzos e intenciones; las de los hombres pesan las cortezas del proceder.
A las juventudes lo primero que llega es el formalismo y la aparatosidad. Acostumbrarnos desde siempre a trabajar, sin redoble ni estandartes, sin aspirar siquiera, a la justa condecoración de un trabajo apreciado, es vacunarse contra la epidemia fetal del desaliento.
Es de Pemán: “Los españoles que tenemos un dos de mayo, debemos aspirar a tener un tres, un cuatro y un cinco de mayo”. ¡Bello el minuto heroico, la suprema elegancia de un segundo! Más difícil amoldarse a sacar chispas doradas al yunque de las horas vulgares… Más fácil morir de una vez que dejarse hacer picadillo, minuto a minuto, sin abandonar las trincheras designadas. ¿Dimitir? Puede ser gallardo. Y cómodo. Pero, cuando dimitir es una forma de desertar, ¿es acaso eficaz y valiente? ¿No es bizarro seguir sobre las armas dignos y serenos, hasta la hora del relevo?
TRABAJAR, huyendo la luminotecnia de lo extraordinario, haciendo todo lo ordinario extraordinariamente, es la consigna de TANTEOS.
Más héroes en la oración de todas las cosas y de todos los instantes, trabajando gloriosamente su vulgar parcela. Y así hasta el treinta y uno de mayo, de octubre, de diciembre… Siempre.
 
RESERVADO PARA DIÁLOGOS
De jóvenes es el dialogar. Dialogar sobre Literatura es algo que vamos perdiendo. Nos resulta difícil pero es necesario hablar sobre esas personas que guían las mentes y los pueblos, al fin y al cabo, y que siembran las almas de poesía y palabras con vida y amor. Hoy les ha tocado a tres. Un español de la generación del 98, un premio Nobel francés y otro español que lo recibirá pronto. Nuestra invitación les obliga a dialogar sobre…
LITERATURA
Unamuno
Camus
Pemán
Don Quijote de Unamuno
Fue Antonio Machado el que le saludó diciendo: Este donquijotesco don Miguel de Unamuno” y nos diO la síntesis completa del pensador que nació hace, ahora, cien años. Tanto, que la obra que tituló Vida de D. Quijote y Sancho bien podría haberla titulado “Vida de D. Miguel de Unamuno” o mejor aún “Vida de D. Quijote y Sancho vivida por Unamuno”.
No podemos, empero, separar a los personajes cervantinos del vivir. Vida para Unamuno era obrar. Por eso, el primer aspecto que hemos de tener en cuenta, al tratar de la vida de D. Quijote y Sancho es que esa vida era también compartida a la vez por Unamuno, que D. Miguel proyectó su “yo”, asimilado al “yo” de D. Quijote y al “yo” de Sancho, sobre su obra.
De ahí, a nuestro parecer, le viene el gran valor literario y humano sobre todo a esta Vida, y no es inútil ni vano el estudio de la obra y personalidad unamunesca. Unamuno es el hombre que ve a la vida, al mundo y al hombre y los comprende, comprende tanto sus bondades como sus fallos. Es el hombre que se dice: voy a arreglarlos. Y ¿a pesar de que no lo logró, a pesar de que tuvo errores fatales, va la humanidad a no comprenderlo, a apartarse totalmente de él? No; la postura ante él no debe ser esa. Sabemos que tuvo también aciertos principalísimos, capitales. Y sabemos sobre todo que con ese: “voy a arreglarlo” nos quería decir: quiero arreglarlo.
Y de ese querer, que es vida y que por tanto tiende de hecho a manifestarse, le viene el gran valor humano que posee.
Unamuno, fue un hombre de su época, y por lo tanto admirador y “vividor” en la forma estilística de la antítesis, del paralelismo y la paradoja. Esas paradojas no son sino el fruto de una dualidad entre la carencia de fe (fe católica) por un lado, y por otro la exuberancia, el predominio de una fe absoluta, de unos impulsos del corazón voluntaristas. Esas paradojas no pueden ser otra cosa que el fruto de un desacorde en ideología filosófica. Una oposición entre el Balmes de su juventud y el Kierkegaard y el Ibsen de su vida definitiva. En sí mismo era una paradoja. No se sabe cómo clasificarle política o ideológicamente, tanto antes como ahora.
¿Qué es Unamuno?… ¿Yo? ¿Yo con mote ‑escribía D. Miguel‑, como si fuese un insecto seco y hueco, clavado en una caja de entomología, y con una etiqueta que diga: género tal, especie cuál…?
¿Qué es D. Quijote? No es D. Quijote, que tampoco es Alonso Quijano, ni mucho menos el Caballero de la Triste Figura. D. Quijote es ahora el Caballero de la Fe, el Caballero de la Locura.
¿En qué consiste esa fe, esa locura? Principalmente ‑creemos‑ en una paradoja. Un caso de doble personalidad, es un compartir de dos naturalezas diametralmente opuestas. Es una tendencia ideal que prevalece en su vida, en su existir; pero ese existir es, en algo, estar sujeto al tiempo y al espacio. Y de eso no pudo librarse el Caballero de la Fe.
Sancho sigue en la Vida. Es el escudero de la Fe, de la Locura. Muere el caballero renegando de sus ideales. Pero hay un Sancho en la tarea de deshacer entuertos, de librar batallas y de sufrir encantamientos. Un nuevo Quijote de Unamuno.
 
DIÁLOGO CONSIGO MISMO
ALBERT CAMUS SOBRE EL RECUERDO
Ya cerca de cuatro años, víctima de la “única fatalidad”, como él denominaba a la muerte, quedó yerto en la carretera con una mano extendida, como la de un pordiosero que mendiga el pan de la verdad que no encontró en esta vida. Así murió Albert Camus, escritor, amigo de los hombres, de la Humanidad entera a la que amaba, en su soledad, frenéticamente.
El hombre, su presencia, ha muerto. Si tenemos que referirnos a él para estas consideraciones, podemos llamarleCamus; pero la realidad de este gran escritor, lo que vive de él entre nosotros, se llama Rieux y Tarroucomo en La Peste, o Kaliayeb y Stepan como en Los justos, o Calígula y tantos y tantos otros hombres que existen a nuestro lado, que nos acucian, que nos inquietan y siguen pensando por nosotros en las páginas de unos libros impregnados de angustia, de dudas, de absurdos, pero también de amor y de esperanza hacia esta Humanidad vacilante
Camus, entre el firmamento de escritores que han brillado con luz propia en los últimos años, ha sido quien más ha hecho escuchar su voz, una voz clara, rebelde, segura, abordando problemas que dormitaban siglos su letargo, en la trastienda de la inactualidad. Porque nadie había levantado tan fuerte la voz para decir: “He crecido, como todos los de mi generación, al son de los tambores de guerra, y nuestra historia desde entonces no ha dejado de ser crimen, injusticia y violencia”. En estas circunstancias, su obra, su vida, tenía que estar marcada por la presencia de la angustia, del absurdo de la vida. Pero esta presencia no era, como en Sartre, de sombras, inhumana, materialista y sucia. Camus no era existencialista; simplemente, quería ignorar a Dios en lo que él llamaba “absurdo del mundo”.
Calígula ‑hemos tenido ocasión de admirarla‑ es según J. des Georges, “algo como un camino cortado dentro de la evolución espiritual de Camus”. Quizá en la versión de Calígula se ha cargado con exceso el sentido de ateísmo, orillando el problema, esencial en esta obra, de la culpabilidad del hombre en el mundo. No es sólo el drama del protagonista, que está convencido por la muerte de Drusilla de que el mundo no tiene razón; sino de toda la Humanidad, ya que ésta “también es culpable”,
“Los justos ‑con algún punto de toque a Con las alas mojadas‑ plantea el problema eterno de si el fin justifica los medios. La temática de la obra comprende las diversas maneras que cada uno de los terroristas justifica su “culpabilidad”. Kaliayeb rechaza el indulto que le ofrecían, con estas palabras: “Si no aceptara la muerte, sería un asesino”. En otro revolucionario de este drama, el dolor causado al mundo está justificado por un nombre abstracto, a quien se puede recurrir siempre para que cargue con la responsabilidad: a un partido, a un Estado, a la Historia, Y he aquí la denuncia de Camus: “Comprendo que no basta denunciar la injusticia. Hace falta dar la vida por ella”. Los hombres de nuestro tiempo no podemos evadirnos de este grito tremendo; no podemos eludir nuestra responsabilidad de culpables. (Pablo en Con las alas mojadas, que ahora va al Premio Lope de Vega, con el título Operación Juventud, después de escuchar las palabras de fuga de los demás, él, en teoría menos culpable, dice: “Me he dado cuenta de que viene la policía. Por eso vuelvo. Yo también soy responsable,,. Sí, yo. Y todos somos responsables de todo lo que pasa en el mundo…”. “Y nosotros, a pesar de hacer profesión de iconoclastas, no hemos tenido fuerzas, o no hemos querido aceptarlas para empezar a construir “el mundo nuevo”… Pero el cimiento no será, no puede ser otro que esa amarga y desconocida palabra: la responsabilidad”).
Finalmente la obra cumbre, la más esperanzadora, La Peste. En ella, es impresionante la casi total ausencia de la mujer, de la amistad, de la solidaridad, la rebeldía, el valor de unos hombres unidos en el dolor por el destino, Es, en resumen, una súplica desesperada de Camus para una comunión de almas, para un acercamiento a nuestros semejantes, para un sentir en nuestras carnes ese desgarrar de amor hacia el Hombre que le condujo a él, no creyente, casi a las puertas de Dios.
Sobre estas puertas le atropelló la muerte. Pero el final de ese diálogo sincero consigo mismo y el amor apasionado por el hombre, que tantas veces escribió con esa misma mano, yerta un día de enero de hace ya cerca de cuatro años, es posible que haya tenido una continuidad que va más allá de nosotros mismos. Albert Camus, definitivamente, más allá aún, sobre el recuerdo,
 
D. José M.ª Pemán de la Real Academia, nos dice…
Propuesto para Premio Nobel de Literatura. Designado por nuestro consejo de Redacción como “Famoso para 1964”. Personaje de relieve mundial en todos los órdenes humanos. Guionista de cine, autor y actor de teatro, guionista y presentador en TV, enviado especial y articulista de las mejores revistas y periódicos, orador y conferenciante, novelista, poeta… Amigo de Tanteos, mantiene amablemente correspondencia con nosotros desde los primeros tiempos. Actualmente se repone de una dolencia. Con nuestros mejores deseos de salud y prosperidad publicamos orgullosos sus respuestas, en exclusiva.
‑¿Qué representa don José María Pemán en el concierto mundial?
‑Creo que represento en España una voz desapasionada y equilibrada. En el concierto mundial, lo que España representa en ese concierto, será la condición para decidir lo que represente mi voz nacional.
‑¿Qué género literario cultivaría mejor? ¿Por qué?
‑No hago preferencias entre los géneros que cultivo, como no la hago entre mis hijos. Todos son legítimos.
‑¿Obras que escogería en su teatro?
El Divino Impaciente, por su popularidad; La Viudita Naviera, entre las ligeras farsas. El de más profundidad literaria: Edipo.
‑¿El periodismo es para usted?
‑Lo más fácil de que llegue a todo el mundo. Nada más.
‑¿La Oratoria es…? ¿Se queda con aquélla…?
‑La elocuencia adornada y de párrafo largo era la de mi juventud. Hoy día se tiende mucho más a la idea ceñida, y creo que es la que cultivo en mis conferencias y lecciones universitarias constantemente.
¿La Poesía es…? ¿Y escoge de su obra?
‑La poesía es todo lo que adivina e intuye, en vez de razonar y discurrir. Escojo Las flores del bien.
‑¿Su definición de la juventud actual?… ¿Qué le pide?
‑Más auténtica, sincera y pura. Me gustaría pedirle lo único que no puede concederme: que siguiera siendo juventud.
‑Ilusiones y proyectos…
‑Terminar dos o tres libros que tengo entre manos y poder seguir el ritmo de mi trabajo actual.
 
LA JUVENTUD DE HOY ANTE LA VIDA
Se entonan cantos muy diversos a la vida. “La vida es absurda”, dicen muchos tentados de suicidio: sobre todo en regiones de poca fe y mucho confort. “La vie est belle”, repiten otros queriendo justificar momentos de “alegre” e inconsciente existencia. “Os anunciamos la vida –escribe con emoción San Juan‑, la vida eterna que estaba en el Padre y se nos manifestó. Os lo anunciamos a vosotros para que viváis también en unión con nosotros. Y esta común unión nuestra es con el Padre y el Hijo. Os escribimos esto para que sea completo vuestro gozo”. Jesús resumió así su misión entre los hombres: “Yo he venido para que tengan VIDA y la tengan en abundancia”.
En verdad es singularmente seria la aventura de vivir en este mundo. La sensación de desarraigo e inconsistencia que sienten muchos hombres se explica porque al anochecer no saben por qué se han levantado ni por qué al día siguiente habrá que volver a comenzar. Sobre cuántas tumbas se podría grabar esta inscripción: “Aquí yace un hombre que no supo jamás por qué vivía”.
oOo
La vida es absurda. La vida sin brújula ni norte, sin control. He oído muchas veces: “Siento asco de mí”, “Temo a los hombres más que a las fieras”, “Soy un amasijo de contradicciones y tendencias opuestas”, “¿Por qué? ¿Para qué esta sucesión ilógica de tan diversos paisajes de mente?”.
Tal vez se sembró mucho malo en los años jóvenes de sementera y luego la cosecha de corrupción es demasiado abundante. Tal vez hubo demasiado empeño loco en marchar a ciegas, ebrios de “libertad” la mitad de la vida para luego llorar la desgracia la otra mitad.
oOo
“La vie est belle”. La vida tiene mucho de belleza y de goce. Víctor A. Belaunde, respondiendo en la ONU al delegado polaco el año 1948, enumeró nítidamente los nueve goces espirituales del latino, cristiano, católico: “Gracia de Dios, búsqueda de la verdad, cumplimiento del deber, amor espiritual, belleza, paisaje, música, diálogo, liturgia. Nueve goces escogidos entre otros, frente a los goces materialistas: comer, poder para oprimir, riqueza para explotar, gloria para engañar…
Cuando en plena orgía se grita: la “vie est belle” no se tarda en comprender que “esa” vida es horrible. En cierta capital de España, la calle donde más dinero se derrocha en lujuria desemboca exactamente en la “Calle del Desengaño”. Todo un símbolo. Todas las callejas oscuras y tortuosas de la vida desembocan en desengaño y amargura.
oOo
La carga más pesada es existir sin vivir. Y ciertamente no vive quien se divorcia de su conciencia, quien no se sujeta a Dios. Los seguidores de Cristo somos el pueblo de la vida. La palabra vida se repite hasta la saciedad en el Nuevo Testamento. Él ha venido para que tengamos vida abundante, para que su sangre corra por nuestras venas y su carne sea nuestro manjar. Sólo Él ofrece vida de Dios.
Tengo sobre mi mesa una carta de una sueca cansada de “vivir” a ciegas: “Estoy ya convencida de que Dios es absolutamente necesario para nuestra vida. Cuando oro y confío me siento mejor”. Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina; ha escrito antes páginas maravillosas sobre el influjo de la oración en nuestra psicología y nuestra salud.
Vivir la vida hasta el final, sin desfallecer, servirse de ella, embellecerla, perfeccionarla cada día con la mirada clavada en Dios. Ahí está todo. Origen, Dios. Rumbo, Dios. Destino, Dios, plenitud de existencia en la sabiduría y en el amor: conocer, conocer eternamente y amar, amar eternamente al único Ser absolutamente digno de nuestro entendimien to y voluntad. Destino, Dios. Y en la ruta, nuestro alimento y fuerza, Dios: “Como yo vivo por mi Padre, quien me coma vivirá por Mí”.
oOo
Una manera alegre de enfocar la juventud la vida. (De la película West side story).
Desde hace un siglo la ciencia racionalista ha luchado contra la religión. Le molestan su revelación inmutable, sus dogmas. Pensaron que la religión detenía el progreso de la mente. Hoy piensan –Julián Huxley lo dice‑, que “esta acción destructiva de la ciencia debe cesar ahora, y es preciso que los hombres de ciencia asuman sus responsabilidades frente a la humanidad, adoptando una actitud constructiva”. Pero Huxley avanza muy poco. Busca una religión sin revelación, un concepto muy amplio y equívoco de religión: “Sistema de ideas y de reglas, de actos y de ritos que permitan al hombre de una época dada, hacer frente a su destino”. Poco camino, “religión sin revelación”, “teología sin Dios”, “nueva imagen del universo con los solos datos de las ciencias experimentales [1]“. Por ese camino sin horizonte divino seguirá el drama que a él le preocupa y a los racionalistas más honrados: “Campo libre a un escepticismo universal”.
¿Un enamorado de la vida en nuestro siglo? El P. Teilhard de Chardin, S. J. Se le llama el hombre del siglo. Se le comenta y estudia en todas las universidades del mundo, pero es incontestable que la vida que él amaba estaba animada por una infinita palpitación divina. Es evidente que él ha querido reconciliar el avance de la ciencia con la fe religiosa [2]. El P. Teilhard ha sido un apasionado enamorado de Cristo. Basta conocer la plegaria que compuso el día de Resurrección de 1923 cuando estaba solo en el desierto de Mongolia: “Es a Tí, Señor, a quien mi ser llamaba con un deseo tan vasto como el universo, a Tí, mi Señor y mi Dios…”.
oOo
Amor y don de sí mismo son actitudes claves en nuestra vida. Es el sentido de la vida y secreto de la felicidad. No hay más que dos vidas: la vida para sí, egolatría, egoísmo; y la vida para los demás. Detrás del amor de sí mismo no hay más que sufrimientos, desequilibrio, maldad. “Me he disfrazado de Dios”, escribió Nietzsche, “es más cómodo”. Estaba loco y enloqueció a otros. El yo deificado proclama sus exigencias, ordena, tiraniza y martiriza como jamás lo hizo Dios. Exige que se le sacrifique todo: humanidad, patria, familia, piedad, amor, hasta el día del gran fracaso y del gran desengaño cuando, aborrecido de todos, oye el reproche de la conciencia: “Monstruo repugnante, pides demasiado para ti”.
Detrás del amor del prójimo está la vida, el equilibrio, el bien; está Dios. “Hay más felicidad en dar que en recibir”, aseguró Jesucristo. Cada vez que el hombre ama de verdad, florece en su corazón, conscientemente o no, un acto de fe y amor en Dios. No hay más que dos vidas, la vida para sí mismo y la vida para Dios.
oOo
Muchos datos científicos son tanteos en la penumbra de las hipótesis. El libro de la vida, el Nuevo Testamento, me ofrece horizontes infinitos y eternos a la luz de Dios. Con todos los cristianos del mundo creo firmemente que esta vida es un camino, que esta luz es una sombra y este mundo un preludio.
Jesús Mendoza, SJ.
 
UN PUEBLO CON ÁNGEL
Nos hablan del castillo. Del castillo, pardo, que, encaramado en una peña arisca, vigila el sueño, verde, de Cazorla.
Y nosotros ‑ausente un poco la atención‑ oímos el rumor de la conseja.
‑(¿Conseja o historia…? )
Estamos ‑son las seis, las siete de la tarde‑ asomados a un mirador. Ocupando un proscenio que da a la Sierra. Aparte, sólo, del escenario, enorme, de la Sierra.
Hay, en el mirador, una valla de piedra. Y unos bancos de piedra. Y una mesa de piedra.
Y, allá lejos, pinos. Y retamas. Y almendros.
Desde aquí, a vista de pájaro, Cazorla, la primorosa, se ve coquetear con el aire y con el agua.
Pero no se puede hablar, al mismo tiempo, de Cazorla y la Sierra; del aire y del agua. Imposible decir, juntas, todas las cosas sugerentes…
La belleza, por aquello de los contrarios, tiene, también ‑como la ñoñez‑ que… dosificarse.
Quizá haya sido preferible, por otra parte, que yo no haya, de golpe, sorbido todo el paisaje, espléndido, que adivino. Por el aquel de los empachos, sí. Pero, también, porque en una sola receta ‑léase artículo‑ no cabría, para los sentidos afilados, más medicina que el éxtasis…
El enfermo de seudobelleza que va a Cazorla y contempla su sierra necesita, más que nunca, una cura. Una cura, digo, de reposo.
“Re… poso”.
Poso es sedimento. Y cultura ‑dijo alguien‑ es el sedimento ‑el poso‑ que queda en el espíritu después de olvidar lo que se ha leído. 0 lo que se ha visto, que digo yo.
Es difícil olvidar a Cazorla. Olvidar su sierra. Imposible despojarse del bagaje, aquel, de asombros.
Mas…
¿Verdad que, hasta que no se serenan las aguas ‑las aguas de “deleites interiores”‑ no es posible decir nada de Cazorla; decir nada de su sierra…?
Preguntádselo, si no ‑¡si es que tuvo la dicha de venir por aquí!‑ a Humboldt.
Cuando el famoso barón llegó a Tenerife v se asomó ‑carretera adelante de La Laguna‑ al balcón natural que se abre sobre el valle de la Orotava, calló, dicen, de rodillas ‑hay una lápida allí que recuerda el hecho‑ dando gracias a Dios por haberle permitido contemplar “aquello”.
Y se quedó mudo un tiempo.
El mar, empero, es orgulloso. Y a Cazorla ‑quizá por eso‑ le sobra ‑le sobra, que no le falta‑ el mar…
¡Ay, si el mar conociera a Cazorla…!
Y es de ahí ‑me digo‑ que la belleza “oficial” de Cazorla no sea, hoy por hoy, tan universal como lo es la belleza, también indiscutible, de La Orotava.
Y es que el mar, ya digo, universaliza… Pero sigamos con lo nuestro.
Cazorla, efectivamente, no tiene mar. Pero…
Ahora estamos sobre otro mirador. De Franco, le llaman.
Piedra y troncos macizos.
Allí, a los pies del mirador, hay un valle amplio. Y, en el valle, como dormido, un riachuelo de aguas quietas en el que se miran los pinos, los maizales, las retamas, los almendros, los álamos viejos…
Y el cielo. Y, más tarde, las estrellas. Y la luna, lunera, cascabelera…
No; no es posible que este cachorro de río sea el Guadalquivir.
¿No quedamos en que el Guadalquivir era el río aquel –majestuoso, señorón‑, de Villa del Río, de Córdoba, de Sevilla, de Sanlúcar…?
Mas sí. Este humilde riachuelo ‑¡ah, milagro de la sencillez!‑ es, en efecto, el mismo río que requiebra, ya mayor, a la Torre del Oro. El mismo que, frente al mar, llegando, lucha, gallardo, con las furias atlánticas. El de las Marismas y los toros de azabache. El de “los olivos verdes” y.”los cortijos blancos”, que dijera Machado.
El río que canta en Sevilla, murmura en Córdoba y que aquí, a la vera del Cristo del Consuelo, reza… ¡Reza, sencillamente!
¡Guadalquivir…!
¡Cazorla…!
¡La Sierra…!
Yo también, como Humboldt en Tenerife, caigo de rodillas.
Y le doy gracias a Dios por haberme permitido contemplar tanta belleza.
José L. Acosta.
 
SALA DE ESTAR
Siempre “Sala de Estar” fue un lugar cálido y amable de nuestra casa de papel. Hoy, todo va a ser igual. Acaso, hoy contemos “cosas” menos rosas. Dicen que los tintes negros se “llevan” ahora. Pero los que nos conocen a fondo saben muy bien que no lo hacemos por eso. Empezamos con un “palo” a nosotros mismos de “un famoso” a quien, ilusionados, le presentamos un cuestionario. Al pasar el tiempo, cuando le escribimos de nuevo, se alegró porque lo habíamos perdonado. “Eso ‑decía‑ era de jóvenes”.
Por favor, si alguno se siente retratado, que sea joven. Gracias.
 
A UN PERIODISTA
Esto no es publicable. Son las cinco de la madrugada y la ciudad “arde” en fiestas. Una vez situados en el tiempo y espacio comprenderás más cosas. Entre otras el porqué de mi contestación algo áspera. Discúlpame.
Eres joven y estudiante. Por ser joven te exijo (fíjate bien: te lo exijo) que odies el “lugar común” lo “premasticado”, el “oficio” (del que viene oficial), la falsilla, lo romo, lo estable… Ser joven es mucho más expansivo, inquieto y genial que todo esto.
El ser estudiante cuantifica lo anterior. Y lo cualifica en análisis y síntesis, en inquietud creadora (no es lugar común) y cambiante (recuerda que Dios cambió el Antiguo por el Nuevo Testamento), disconformidad con lo estático, autenticidad de motivaciones, elasticidad en el fin y generosidad con las causas.
Un consejo tonto final: no olvides que Jaén (Úbeda, por lo tanto) no es una ciudad de Andalucía. Es, sobre todo, un pueblecito de Europa. (Es imbécil de puro fácil, ¿no? Por decir una cosa así hace unos años ‑muy pocos‑ todos hemos tenido disgustos).
Te repito: esto no es publicable. Sea sólo una pequeña charla en esta noche interminable de ruidos y calor.
Un famoso.
 
Esta pequeña y verosímil “cosa de la vida”
dividida en una carta y un Epílogo, es eso:
“una nadería”.
Esta de hoy tan triste es una inédita.
HISTORIA DE UN HOMBRE HONRADO
Por Rafael Blanco.
I. CARTA
Madrid. 17 de septiembre, 19…
Querido José: Hace poco me enteré por Manuel Izquierdo de que habías cesado de tu cargo en las oficinas de don Salvador. Tu porvenir era brillante, tu sueldo muy bueno y prometías ascender rápidamente en la escala.
Pero tú fuiste en tu vida demasiado sincero, y eso te hizo mucho mal.
Fuiste brutalmente rudo con tus padres al descubrirles sus naturales, pero ignorados por ellos, defectos; que, aunque ciertos, tenían el justificante del amor paterno. En esta y otras muchas más ocasiones fuiste con ellos demasiado sincero, causándoles sin necesidad, infinidad de disgustos y pesares.
Fuiste demasiado sincero con tus educadores al quejarte de su falsa actuación, de su espíritu burgués y su injustificada satisfacción ante el deber incumplido. Te ganaste su odio y enemistad y al mismo tiempo, fama de rebelde e indisciplinado.
Fuiste demasiado sincero contigo mismo y reconociéndote taras y virtudes, hiciste uso de ellas para llegar a esa meta que te proponías y que nunca logré comprender.
Y ahora, finalmente, por sincerarte has perdido el aprecio de don Salvador. Y apuesto a que tras este revés y siguiendo tu norma, ni le odiarás ni le amarás; solamente le dirás tu peor insulto: “Lo perdono porque no sabe lo que se hace”.
Tú has sido demasiado sincero y la franqueza mata. Tú, en tu ingenuo idealismo, no te resignabas ante la posición o concepto en que, injustamente, te hubiesen puesto los hombres. Tú preferías saltar el bache antes que estancarte en él, maldiciendo internamente al autor. Y fíjate lo que has conseguido; lo tenías todo: fortuna, posición y aprecio; y ahora todo lo has perdido…
“Todo menos yo” ‑dirás‑. ¿Pero es que ese “yo” puede algo sin esos factores?
Desengáñate; la vida no es para vosotros. La vida es para los que han comprendido su significado. Y en su significado entra el fingir cuando nos acarrea provecho, mentir cuando es necesario y ser servil cuando el alto rango de una persona lo exige. Y así podrás como yo, crearte una posición, una fortuna, tener un hogar, hijos y ser feliz.
Ojalá sigas este desinteresado consejo de tu amigo de siempre, y si cuentas con alguna oportunidad acércate por Madrid y charlaremos extenso.
Recibe un abrazo de tu amigo.
Juan Marín.
II. EPÍLOGO
…Pero esta carta llegaría demasiado tarde a su destino.
Tarde, porque dos días antes José había muerto para su ideal.
Mejor dicho; se había suicidado.
Yo comunista me confieso a…
vosotros, queridos amigos de Tanteos, a la juventud española… a la Patria.
No, no os extrañen estas letras. Soy aquel muchacho que tuve la suerte de encontraros en la carretera de Lourdes. Pasamos un rato inolvidable. Una pena que lleváramos sendas opuestas. Me disteis la tarjeta de vuestra revista.
Tanteos ‑dijisteis‑ no es un periódico… Es un jugueteo estudiantil… Sale de un colegio de jesuitas en un pueblo andaluz. Su voz, su tirada no va más allá de los hogares amigos. Sin embargo, es ecuménico por su entusiasmo y espíritu juveniles, y vibrará con la juventud de todo el mundo…
Yo no sé escribir bien. Todo mi empeño y la ilusión de mi padre fue hacerme un buen político. Él, amargado por la derrota de sus ideales, escapó a Francia. Se casó y nací yo. Con el pan cotidiano ‑años de hambre para vosotros‑ me daban fuertes dosis de odio a España. Crecí entre exilados. Mantuve el idioma. Nos integraron a un partido que quería derrocar a vuestro Gobierno… Era joven, muy joven… Me apasioné con el Partido Comunista e intervine en todas las manifestaciones anti‑españolas que pude…
Os pregunté si se estaba bien en España. Si erais felices…
Vuestros cantos, las sonrisas, los kilómetros que dejasteis atrás, en una palabra vuestra juventud verdadera…
Por eso, yo acuso a la policía francesa de permitir el contrabando. El vuestro era eso. Juventud sana y alegre, sin saber ni ganas de conocer el primer “catón” de política… La ingenuidad que derramasteis turbaron mi “licenciatura” en esa materia…
Ya mi padre no volverá jamás a su pueblo. Cree que lo matarían. No quiere comprender que España “no es ansí”… Que lleváis 25 años de paz y alegría. Pero yo volveré cualquier día, cuando todos seamos mejores.
Soy comunista. Y mi pecado es creer que lo mejor es eso… Pecado que me confieso hoy, porque me encuentro solo y baila en mi alma la nostalgia de vuestra felicidad.
oOo
Hoy, Tanteos, que no se deja oír más allá del cuarto de estar de nuestros amigos, querría ser un micrófono nacional conectado al corazón de todos los jóvenes y a todos invitaros a perdonar a este amigo nuestro. La penitencia sería venir a España y aprender en toda la geografía la lección de su verdad, la verdad de un pueblo de hombres de buena voluntad.

A PESAR DE…
Sí, a pesar de la propaganda, en muchos pueblos la campaña de alfabetización no ha dado resultados.
No podemos limitarnos a rellenar un expediente en el extranjero con cifras y datos que dejan mucho que desear.
La campaña en algunos sitios y provincias ha resuelto el problema de los analfabetos: pero en nuestro recinto provincial ha dejado mucho que desear ya que la inmensa mayoría de los analfabetos tienen que ir como las aves de paso, buscando el sustento allí donde esté y allí donde las condiciones del medio sean favorables para subsistir.
La inestabilidad en su trabajo es el origen de que los trabajadores agrícolas reciban menos enseñanza en general que los de una provincia de perfil industrial.
¿Entonces qué hacer? ¿Dejar que el obrero agrícola se quede sin la instrucción al menos elemental?
El problema es de años y de economía en plan industrial y seguridad de permanencia en el pueblo o región natal de aquellos que tienen que emigrar.
Duele decir que en la provincia de Jaén es donde, salvo raras excepciones, no marcha la campaña y de ello ha dado cuenta la autoridad competente.
Urge solucionar una cosa en la que el Estado ha puesto tanto interés y tantos millones. Este dinero no debe malgastarse ni estos hombres deben quedar sin su enseñanza o “redención” como ahora se dice en el léxico de alfabetización.
Las empresas deben dar horas para que los analfabetos vayan a la escuela; pero en los pueblos donde existen las pequeñas industrias y las obras de construcción, en que todo tiene que hacerse de prisa y corriendo, es muy difícil lograr esto. Todo el que trabaja quiere ganar el máximo y sólo lo consiguen trabajando el máximo también.
Es un problema de difícil y compleja solución, pero que es necesario resolver. Todo este oscuro panorama es solamente desde el punto de vista del analfabeto y no desde el panorama del maestro.
Sería llover sobre mojado el hablar de nuevo del problema del maestro ya que, según dicen, todo se va a resolver dentro de nada. Esperemos que así sea.
Gil de Zárate.
 
PREGÓN
De pequeño las ferias me hacían soñar antes y después. Algunas veces hasta llorar, porque se habían ido. Y esa ilusión queda remanente hasta bien entrados en años. Ya no son los cachivaches de la fiesta vocinglera. Ya es ese baile sabroso de niña y vino con tapas el que nos hace inquietos y estar pendientes de la hora feliz. ¿Feliz? Bueno, por qué no. Hay tantas ganas de felicidad…
Y se pasa la feria… Y se pasa todo. Hasta esa exultante alegría que nos llenó las horas. Y si has sido dichoso y eres pequeño, ya no lo eres. Y si te ha entrado por el ojo una chavala, ya te sientes más dueño de tus impulsos. Y si has estado triste porque no tenías dinero que gastar, ya vuelves a respirar y a medio sonreír.
Así de compleja es la feria. De fuera todo es voz, risa, aventura, diversión. Por dentro, a la hora de la cama, quizás quede un resquicio para pensar en serio y le des un pellizco a ese sentimiento feliz. Y ya sientes el dolor.
La feria es el engaño más brillante del pueblo. Trajes, dinero, sonrisas… todo es nuevo. Todo es… aparentemente nuevo. Todo se ha venido incubando desde el año pasado. Yo he ahorrado, tú has pensado, ella ha soñado… Y todos echamos mano de la fantasía y del sacrificio para pasar unos días que siempre se pasan pronto.
No voy a declararme romántico. Pero la mejor feria es el amor.
Sevilla tiene su feria en abril. Úbeda, por San Miguel. Y dos que se quieren, tienen feria todo el año.
Es una feria sencilla, sin altavoces, sin… Podríamos poner muchos sin o un solo con. Una feria con amor. Sí, es verdad. lo de siempre se vuelve a repetir. Pero el amor no pierde fuerza desde que es amor. Y la respiración no pierde su compás. Y el mundo sigue el mismo. Y todo es bueno para…
‑Yo te quiero, tú me quieres, ellos se quieren…
Y conjugar sueños y realidades de amor. Ya está dicho todo. Ha pasado la feria de San Miguel. Sigue la Feria del Amor.
José M.ª Berzosa.
 
LA FERIA DE UN PERIODISTA
Es noche y las calles brillan de agua y soledad dormida. Ha muerto el domingo y el reloj mide los primeros minutos del primer día de Feria. Siento bullir en mi alma un batallón de sueños que no me dejan dormir. Hace frío y no encuentro la luna en el cielo yermo. Se abre mi feria con esta realidad amarga y un deseo de tiempo mejor. Lo que hay y lo que pudo haber. El ser y el querer ser, de nuevo.
Lunes, 28.
Han salido los Gigantes y Cabezudos con su enjambre de niños alegres. El cohete bronco despertó los deseos de Feria. La procesión pagana lleva el “santo” de la alegría al templo de las fiestas. Uno se queda hacia la izquierda y entra al otro de verdad a rezar a los cielos por unas fiestas grandes y sanas. Nos preguntan por el Cristo y la Virgen. Uno está contento de decirles que de un amigo y colaborador de nuestra revista, precisamente la portada de este número es suya.
Antonio González Orea, Primer Premio Nacional Decoración Religiosa. Premio Carmen el Río, de la Real Academia de BB. AA. de San Fernando… Infinidad de distinciones regionales y provinciales que “no recuerdo ahora”, contestó cordialmente a nuestras preguntas:
“¡No sé. Cuando hago escultura religiosa me siento al servicio, un hijo de la Iglesia, con un mensaje, que quiero sin estridencias, un apostolado.
…“Algo necesario. Para lo único que sirvo con plenitud. Nunca escojo de mi obra. Siempre pienso que serán mejores las que nazcan después.
…“La pintura es ‑para mí‑ una hermana de la escultura. Para mí más química, más débil. No he contribuido a la pintura.
…¿ElCristo de vuestro colegio?… Todo lo que vosotros queráis. La Virgen, como un poste carretera. Una indicación y una llamada hacia él.
…“La juventud es la depositaria y la esperanza de todo lo bueno que todos queremos. Quizá os falten quienes os marquen caminos; pero con buena voluntad y amor a la justicia los encontraréis solos.
…“Ahora trabajo en el Monumento a la gesta del Santuario. a los valores humanos de aquel núcleo heroico.
…“Proyectos varios a realizar. Ilusiones infinitas.
Martes, 29.
El Real de la Feria arde de bullicio. Vuelven las cosas del año pasado. Hay comentarios mejores y peores de su emplazamiento. De los “chinorros” del piso… Unos y otros ‑comentarios‑ que nos dejamos en el tintero. En el Ideal Cinema se despide la Compañía de Arte Lírico de Francisco Kraus.
Francisco Kraus está ante nosotros. Canario como su hermano Alfredo, vino a España desde Italia, con el propósito de interpretar una película. Desde entonces ha formado una magnífica compañía y ha actuado en toda España, brillantemente.
Satisfecho del público ubetense prodiga elogios de nuestra ciudad. Entre todas las obras prefiere Luisa Fernanda, con la que se despide hoy, en función de gala. No es muy amigo del llamado “género chico” y gusta de hacer ópera, aunque el público, las empresas y Ayuntamientos le contratan zarzuela. Está descontento de la “puesta” cinematográfica de las zarzuelas por actores no cantantes. Espera hacer alguna película. En TV hará Marina, que se emitirá el 30 de octubre.
Miércoles, 30.
Continúa todo igual, de bien. Durante la actuación de los 8 ENANITOS, los cielos nos han regado a cántaros. Más arriba de los carruseles hay una exposición interesante de automóviles, gracias al celo ubetense de las empresas SABANIEGO y MARÍN. Un rincón quema por el entusiasmo de unos jóvenes. Nos referimos a la Exposición de la OJE. Nuestra felicitación al camarada Fermín y a sus “leones”. También ha llamado favorablemente nuestra atención las marionetas que esta misma organización y a cargo de Tomás Galdón, son la delicia de pequeños y mayores. Esto es trabajar y bien. ¡Ánimo!
Jueves, 1.
Empiezan las Ferias grandes. Hoy es día de toros. Saludamos a “El Inclusero”. La novillada ha quedado regular por las malas condiciones del ganado. Sería de tontos el pensar que la suerte ha fallado y que la empresa no tiene la culpa… Por última vez, nos haremos los “menos listos”. El señor Hidalgo es un esteta en pirotecnia. Sus fuegos artificiales han vuelto a sembrar el cielo de luz. “¡Hay, qué ladronas!”, gritaban los carteles anunciadores de la revista. “¡Ay, qué ladrones!” de la cultura es el poner carteles con esas faltas y en Úbeda!…
Nos dicen algo del Club. 61. Desde luego, algo indigno e inconfesable, sobre todo en un antro donde está lo “mejor” de Úbeda. Nos lo dicen personas que estimamos. Lo creemos, pero no lo publicamos. Allá cada uno con lo suyo… En el Club Diana la gente “andaba” bastante alegre. De ahí que un simple “periodista” pensara mejor que era hora de acostarse y descansar.
Viernes, 2.
El poco comprimido programa de fiestas se alarga con los retrasos. Dicen que el Circo Chino es una lástima este año… ¡Este año! ¿Sólo este año?…
Una invitación me permite admirar las delicias auténticas del circo “Arriola, hijos”. Al atardecer visitamos la exposición de pinturas ‑muchas gracias al Excelentísimo Ayuntamiento‑ de Marcelo Góngora. Amablemente accedió a charlar con nosotros. También ha colaborado en este número.
Marcelo Góngora y Lagorte le apellidan los amigos. Cinco años de pintura le han permitido exponer en Úbeda. Se presentó a un concurso en las recientes fiestas de Cazorla y está descontento de la labor del jurado, por premiar algo no original.
…“La pintura lo es todo para mí. Bueno, es lo primero. Porque me libra de los demás problemas de la vida”.
…“Me gusta lo que pinto hoy. Aspiro a crear. Siempre habrá tiempo para perfeccionar la técnica. Pintaría a Góngora. El máximo motivo de pintura es la belleza de una mujer”.
…“Velázquez, como maestro indiscutible. El Greco, misterioso; Sorolla, luminoso; Solana, típico”.
…“Me gusta la popularidad. Deseo viajar. Mi sueño, ir a Parí a perfeccionarme, algún día”…
Sábado, 3.
Esto se va acabando. En el fondo todo sigue igual. Acaso con más rabia al divertirse. Con un poco más de amargura. Es la víspera de San Francisco. Tenemos amigos y buenos que celebrarán mañana su onomástica. Entre y sobre ellos el magnífico PACO RABAL. Cuando le enviamos una postal de un bello rincón de nuestra ciudad, recordamos las horas alegres de este verano por Castellón de la Plana. Nos presentó ante la magnífica actriz NURIA ESPERT, ante el joven director ARMANDO MORENO, ante el incomparable ANTONIO VICO, como los que llevábamos una revista de vanguardia… Rodaban los exteriores de “MARIA ROSA” (El fuego bajo la piel), según la novela de ÁNGEL GUIMERÁ. Asistimos a parte de la proyección y algo del rodaje. PACO RABAL nos habló de ÚBEDA. La recordaba del verano pasado cuando vino por estos lugares a hacer para el cine de José María “El Tempranillo” en Llanto por un bandido. Estuvo con la película en el festival de Berlín. Estaba contento. Ahora hace en Puerto Rico Los justicieros, con nuestra actriz para 1964, EMMA PENELLA, que dirige MUR OTI. Acaso haga de Don Juan en la versión que, con decorados de
DALÍ, se prepara en el Teatro Español de Madrid sobre la obra inmortal de Zorrilla.
Domingo, 4.
Ni una persona más. No hay más alegría. Vienen de todos los pueblos cercanos. Es la despedida. A la tarde, en unos minutos de la corrida charlamos con los diestros… Con MANUEL CANO “EL PIREO”, con PACO CAMINO y con el torero que, junto a “El Cordobés”, votaron nuestros redactores para 1964, JAIME OSTOS. Volvemos tras el triunfo. Nos dedican fotos. Jaime conocía nuestra revista y se llevó en su maletín particular un número más. Nervio y emoción. Gritos de ¡suerte! antes y después de la corrida.
Los fuegos artificiales nos recuerdan que la Feria se consume. Que hay que decir adiós a esta vida en fiestas. Era un paréntesis de alegría. Un rescoldo de vida para un año que se muere la madrugada última de ferias. Acaba lo extraordinario. Se fueron las fiestas. No valen los balances. Sólo, que cada año sea mejor. Siempre una onza más de buena voluntad. Adiós.
Juan Márquez.
 
NADA EN SERIO
ANATOMÍA DE UN NUEVO RICO
Soy un hombre muy importante, por algo soy yo. ¿No se lo creen? Pues lean:
“Muy señor mío: ‑decía una carta que recibí hace meses‑. No le conozco a usted pero sí a su cuenta corriente. Trabajo en el banco que hasta esta mañana fue salvaguardia de su dinero. Sé tanto de usted como usted mismo: cada mes viene sacando un cheque de 3.000 pesetas que declara su soltería, lo económico de su pensión y en parte ‑con perdón y teniendo en cuenta los 10 millones que le tocaron en las quinielas‑ su… espíritu tacaño, algo tacaño por tratarse de usted. También sé que es metódico, proporcionado: a 100 pesetas diarias. De ser así, hoy, 29 de septiembre tendrá en su poder ‑y a eso vamos‑ 100 pesetas. ¡100 pesetas salvadoras! No se asuste, no pido que me las regale, sino que me las preste.
«¿Quién es usted para pedirme prestado?», se preguntará. Pues sepa que soy de absoluta confianza. Por si, con mi escrita palabra, no basta, a continuación le narro harto elocuentes y persuasivos los hechos que de por vida nos emparentan:
Podríamos resumirlos en que usted y un servidor tenemos la misma firma. ¡¡¡Esta mañana, mi buen amigo, he sacado a su nombre un cheque por valor de 10 millones de pesetas!!! No creo que al llegar aquí le interesen a usted las causas, pero por si después de su natural susto vuelve sobre mi carta, sepa que su dinero es mi dinero. Cuestión de pronombres…
El robo ‑si es así como quiere llamarlo‑ no tiene vuelta de hoja: consumado está. No se preocupe en llamar a la policía. Para eso que llaman justicia hace falta un dinero del que usted, por suerte para mí y para la Humanidad, carece.
Han pasado unas horas y no me arrepiento de mi gesto, me encuentro en mi chabola, rodeado por diez prismas de billetes verdes, y dispuesto a remitir, cada uno de ellos, a los diez hombres más pobres que en el mundo existan. Pero tengo un problema de última hora. Me falta el dinero con que pagar el importe de los diez giros postales.
Supongo que después de lo que le he contado estará convencido de mi absoluta confianza. Si así lo estima, tómese la molestia de depositar a los pies de la diosa fortuna, sus últimos reductos económicos. Así habrá colaborado a llevar 10 millones de pesetas y felicidades a diez impudientes. Suyo, etc., etc.”.
¡Pobre loco!… Remití el dinero, acaso por esa fibra de poeta que llevamos en el corazón. Y sobre todo porque creía que era una broma… ¡Pero vaya bromita! Fui al banco y me informaron ampliamente de que mi cuenta estaba cancelada.
Protesté, lloré, me rajé las vestiduras algo pasadas de moda, avisé a la policía, a un abogado, a detectives particulares. Todo en vano. El loco se las sabía muy bien al avisarme que sin dinero me sería muy difícil mover la pesada máquina de la justicia.
Iba perdiendo las esperanzas, juntamente con los amigos, los créditos de la patrona, los botones de la gabardina y el esqueleto, que lo vendí en un papel verde. Una segunda carta de mi ladrón particular me volvió a sorprender. ¡Y de qué manera!
“Es usted ‑decía textualmente‑ uno de los diez hombres más buenos y más pobres del mundo”.
Y me remitía como ejemplo y reconocimiento de mi título la décima parte de mi olvidada fortuna. Eso de olvidada no era verdad…
Unos días después una revistilla publicaba estas cartas con un nada loable comentario: mi ladrón era un loco que había operado sobre la anatomía de un tonto (un servidor). Claro que esto fue la base de mi triunfo, una productora americana compró los derechos de mi historia y lanzaba la película de mi vida. Deben ustedes haberla visto. Es de tema, ambiente y humor español, pero rodada ‑ley de las compensaciones‑ en el Oeste Americano.
¿Se convencen ahora de que soy un hombre muy importante? Mi dinero no procede de una herencia como el de muchos, ni de una quiniela como antes: ¡qué disparate! Me lo he ganado yo y a… pulso. Además ahora soy feliz. Soy decamillonario y he vuelto a recobrar mi esqueleto. Sólo me turba un detalle sin importancia: mi ladrón no me ha devuelto las cien pesetas del préstamo. Algo muy grande ha debido pasarle a ese hombre.
Juan de Castro.
 
METEORITOS
Por Inédito Pérez.
Ø       La sociedad está estratificada (abusquesado). Alguno espera el terremoto.
Ø       La bomba atómica ha sido la salsa picante de las comidillas políticas.
Ø       Cohete espacial: Lata de hombre en conserva.
Ø       Si el domingo es un día de descanso, ¿por qué los lunes despertamos tan cansados?
Ø       Preguntaba un pigmeo: ¿Por qué nos llamaban subdesarrollados? Otros no preguntamos esas cosas porque damos la altura militar.
Ø       El otoño es la primavera multiplicada por menos uno.
Ø       No hay peor ciego que aquel que quiere ver una película de Buñuel.
Ø       Trabajar en cueros no es de sinvergüenzas, es de zapateros.
Ø       Aquel señor se rasgó la camisa cuando leyó lo mal que tratan a los negros parte de los norteamericanos. Claro que un gitano se quedó con las ganas de que le regalaran la prenda rota.

 
RÉQUIEM PARA UN OTOÑO
Ya no hay hojas verdes… Se acuesta el sol del estío agotado, reumático en la copa de los árboles y las hojas palidecen de miedo. Por eso los árboles se quedan quietos, quietos, no se les vaya el sol, no les eche el aliento la noche, o el cierzo meta los dedos entre sus frondas. Es el otoño que entre el oro amarillo de sus soles siembra el alma de crisantemos y tristezas. Cerrad las puertas.
 
Cuadro otoñal
Un cielo
de pelo azul y gorrión
retocado con difumino.
Un camino
raquítico;
Sol ictérico,
manchas de lápiz
en la azul inmensidad.
Un hombre grave y mudo
medita el silencio.
Viejas colinas
destinadas a eterno complejo
de inferioridad!
Se yergue majestuoso, arrogante un pino.
Cae el sol avergonzado…
…amarillo, rosa, violeta…
retocado con difumino.
Tres olivos caminan un camino.

Las alamedas tienen todas, por grandes o pequeñas que sean, sus historias, sus cuentos, sus leyendas. La alameda que sensibiliza a mi barrio es pequeña, muy pequeña. La forman siete álamos, siete álamos blancos, pero que al igual que todas las alamedas guarda sus historias, sus cuentos, sus leyendas…
Pero hoy es pronto para divulgar nada. Un viejo romántico nos la contará en su día… Aún sueña en una eterna primavera para su lugar. Bajo las sombras nerviosas de su alameda declamaba esta…
 
Balada nocturna
Soñar, sí soñar
¡qué bello es soñar!
Soñar con la primavera,
noche, luna, brisa y mar;
con el cielo, gato negro,
que en brote primaveral
le han nacido miles de ojos.
¡Quién los pudiera contar!
¡Cuántas cosas que se sueñan
que ninguna es realidad!
Monotonía en la noche,
monotonía lunar
como un espejo carente
de algo para reflejar,
ojo que solo desea
mirar, mirar y mirar.
Las nubes prestas se agolpan
y primavera se va.
¡La primavera es un sueño
y el otoño es realidad!

Pero el pan cotidiano del tiempo engordaba al árbol de la nueva estación. A cambio sembraba de lujurias muertas la tierra…
¿No habéis visto las carreteras, los parques y los bosques? Un latigazo de viento o un suspiro de frío dejará a sus árboles en esqueleto, coritos de hojas y susurros. ¿Para qué les quieren sí ya no hay cigarras, ni pájaros, ni dúos, ni conciertos?… Ni siquiera los novios que pasean abrigados se acercan a quererse un poco junto al tronco mudo, de opacas sombras, donde grabaron, dentro de un corazón una fecha de labios… Han caído las hojas y andan desperdigadas en ronda de tristezas… Los camineros, los guardabosques, los encargados de los jardines se esfuerzan en atraparlas, las amontonan inconscientemente serios, pensativos; sin saberlo hacen de enterradores de ilusiones y nostalgias. Alguna vez esas hojas escapan de la pira común y se echan a volar. Un momento bordonean centenas en los aires porque se creen mariposas con vida… En seguida un último suspiro las abate en el agua sucia de una charca… Tiempos atrás las abuelitas emperifolladas y letreras, los hombres devotos del periódico, los anteojos y el catarro, y todos los novios filósofos rimaban el desnudarse del otoño con su vejez y tristezas. Y despertaban melodramáticos, en el momento justo, aquello de
“Hojas del árbol caídas
juguetes del viento son;
las ilusiones perdidas
son hojas ¡ay! desprendidas
del árbol del corazón”.
Es la hora de los llantos y de la senectud. El otoño es ley de vida. Pasea sus ilusiones yermas todos los años por las mismas fechas. Trae las primeras lluvias y se lleva las últimas hojas…
El banco está vacío de vida y amor. Las campanas lloran su réquiem para un otoño que, apenas nacer, ha muerto…
¿Y los pájaros, y los hombres…? Cantad en otoño… Ese otro del corazón que nos llama en las horas bajas… Tapad con las canciones sus súplicas y soñad que vendrán tiempos mejores… Primavera y verano… Hojas verdes y juventud…
Rafael Blanco.
 
Días de Feria
Zapatos nuevos
calcetines blancos
sonrisa azul
con once años.
Ven a la feria
que están jugando
globos y luces.
¡Cinco pesetas
sueños tan largos!
          oOo
Corbata nueva,
nuevo peinado.
Sueños brumosos
con veinte años.
Vamos al baile
que allí bailando
entre serpentinas,
tal vez encuentre
sus ojos pardos;
quizás me mire
y me dé su mano
y por la noche
llore soñando.
          oOo
Días de feria
distintos años.
Antonio Lara.
 
Amor de Feria
A la luz de la feria
miré tus ojos,
se quedaron clavados
aquí en lo hondo.
¿Cuándo soñara
tener en mi alma el clavo
de tu mirada?
          oOo
Pero se fue la feria,
llegó el olvido.
Otra vez cada uno
por su camino.
¡Siento una pena…
Quizás tus dulces clavos
dejaron huellas.
          oOo
Sí… sí… Dejaron huellas
lo sé de cierto,
que ahora sufro
día y noche por tu recuerdo.
El tiempo pasa…
¡Ya llegará otra feria
con la esperanza!
Jesús de Haro Malpesa.
 
Leve resurgir
Parece verano.
La tierra está llena de polvo.
Parece verano,
los pájaros cantan a coro
y se ven las montañas azules en el sol.
Parece verano,
porque el aire es suave y tibio,
y la hierba tranquila conserva su calor.
Parece verano,
porque el viento huele a viento,
porque el cuchillo de la nieve no se suspira,
ni oscurece el camino,
ni entristece las cañas erguidas.
Parece verano,
en el valle de colores nítidos,
poblando de sonidos, de crepúsculo verde,
lleno de zumos transparentes,
de soles calurosos, turgentes de naranja.
Parece verano;
voces extendidas por la atmósfera alegre
cubren el plano quieto de la tarde
y se escuchan de lejos.
Parece verano
cuando la vida, sola, ha vencido a las lágrimas,
cuando el sol ha vencido a las sombras,
cuando ha renacido del dolor apagado,
el humo lento…
el humo lento y tranquilo del feliz desengaño.
Parece verano,
porque cesa el otoño del sufrimiento, cansado.
José M.ª García López.
 
Dualidad
Tengo la voz quebrada en la garganta,
las manos fijas en el aire,
en los ojos, pensante la tristeza,
y en el pecho, una daga que me aqueja,
que me raja lo fuerte de mi hueso,
y que me parte el tuétano.
Digo palabras quedas y murmullos,
acaricio fantasmas que me besan,
veo aleteos, palomas que se elevan,
y en el pecho, un latido agiganta mi sangre
que roja y pura busca la superficie de mi carne,
anhelando dar calor…
¿Por qué? ¿Por qué Señor, me has hecho mudable
y me dejas que llore o me sonría?
¿Por qué? ¿Por qué, Señor, me tiendes en la vida
y la haces como un mar de olas y calmas?
¿Por qué? ¿Por qué, Señor?
¿Será verdad que no existe unidad?
¿No habitarán amores sin dolores?
¿Por qué?
Y un eco me responde traicionero:
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
José A. Medialdea.
 
Oración por un tonto
Hoy no vengo a contarte mis miserias,
mi oración de hoy es por un tonto.
Te pido por sus labios y sus ojos
vacíos de color y de pureza,
por su mente borrosa y sin ideas,
por su voz, sus noches y sus días…
Y si olvidas, Señor, que son los otros
los que llenan su estómago de vino,
ya que gustan oír sus groserías,
no olvides que “no sabe lo que hace”…
Al morir, Señor, hazle un resquicio
en tu cielo de tontos y anormales.
Manuel Jurado López.
 
ESPAÑA Y USA
Cuatro siglos, más o menos
Puestos a leer cualquier periódico, observaremos con relativa facilidad cómo el nombre de los Estados Unidos se encuentra en todas las secciones: cine, ciencias, deportes, finanzas… Citas todas de la prosperidad norteamericana. Sin embargo, existe el reverso de la medalla, y el nombre del país de la libertad también acompaña aspectos menos agradables, por ejemplo ‑y es ahí adonde vamos‑ los conflictos armados.
Antes fueron Corea, Formosa, Cuba…, ahora Berlín, Chipre, Vietnam, el Congo…, toda una serie de problemas desvalorizados un tanto por lo familiar de los mismos ‑el “pan nuestro” cotidiano en las comidillas de la prensa‑ pero no por eso menos peligrosos para la tan ansiada paz. Al lado de estos, como un entrenador en su equipo de fútbol, siempre los Estados Unidos de América.
Cualquier lego en política puede que les haya aplicado los consabidos versos: “Donde hay lucha allí estoy yo / donde hay guerra, mi bandera”, o estos otros de peor intención: “A donde quiera que voy / llevo el conflicto conmigo”. La apreciación no pasa de ser, siguiendo por el plano lírico, “vanas palabras / que arrastra el viento”. Pero cuando estas mismas ideas se expresan en inglés y en los Estados Unidos precisamente, hacen que pensar. Sin ir más lejos, a raíz del discurso de Jhonson en la Convención de Atlanty City, Goldwater comenta: “El discurso de Jhonson es el más desligado de toda preocupación por los problemas internacionales que se ha dado jamás en la historia norteamericana”. En sus declaraciones oficiales, lo califica como “un claro intento por desentenderse de la responsabilidad directora en los grandes asuntos internacionales”.
Es lógica cierta desilusión por parte de los norteamericanos. Su país lleva veinte años, quizás más, sacando las castañas del fuego a todos sus aliados, a no pocos de los clasificados como neutrales y en alguna ocasión que otra ‑Segunda Guerra Mundial‑ a la misma Rusia. ¿Frutos? Pocos, al menos de apreciación inmediata. Es lógica la desilusión, pero improcedente e inadmisible la renuncia. El papel de leader en la gran carrera de las naciones lleva consigo una serie de poderes y orgullos satisfechos, pero al mismo tiempo, otra de responsabilidades y deberes amargos. Renunciar a una es tanto como renunciar a lo otro: renunciar al todo.
El problema no es de ahora, sino de siempre. Acusamos a España de su persistente acción bélica durante su Siglo de Oro. Más rentable hubiera sido ‑solemos pensar‑ encerrarse sobre sí misma y emplear en su territorio las inéditas riquezas de América. En parte llevamos razón, pero de no haber actuado España como lo hizo, ¿hasta cuándo hubiésemos poseído el tan cacareado oro? Sobre el tapete multicolor de Europa había demasiados intereses o interesados, y desde luego, siempre alguna potencia dispuesta a ocupar el puesto que dejásemos. El problema de nuestros antepasados y el de los norteamericanos actuales, salvadas las coordenadas circunstanciales de tiempo y espacio, es el mismo.
Si los Estados Unidos de América, desean mantener su preponderancia, deberán continuar con las riendas de todos los conflictos. Una labor harto ingrata, ciertamente, pero ineludible. De lo contrario, ahí esperan muchas otras naciones ‑maletillas de la oportunidad‑ dispuestos a hacerse cargo de los mismos.
El camino de la vuelta no es posible en política. Demasiados intereses e ilusiones se han puesto sobre el país de la libertad para que, en un instante, pueda borrar y hacer cuenta nueva con el mundo.
Jesús de Haro Malpesa.
 
CUANDO AMANEZCA
Pronto, muy pronto, la tierra candente abrirá sus fauces resecas de amor, buscando un hálito divino que supla la esterilidad de sus manos doradas de sol y monotonía.
La tierra alzará sus brazos al azul… buscará una estrella. El tiempo, asido a ella, surcará lo infinito sin saber la senectud de sus horas desmayadas en el vacío.
Yo espero una estrella… Un día se fue rauda, dejando una estela luminosa de sabor amargo para mis labios henchidos de ansias.
Sé que volverá… por aquel camino terso de noche fría… por donde sin saberlo acaso olvidé la esperanza.
Y esa esperanza me traerá una canción de juventud, con una alegría nueva, con una paz sin odios ni rencillas, una canción que me hará levantar la vista al cielo… Allá está mi camino, para alcanzarlo. Sólo tendré que hacer eso, mirar a lo alto, hacia arriba… Y que mis ojos se llenen de esa claridad luminosa, verdadera luz para mi corazón sediento de esperanza.
Volverán los días, horas inquietas. Después… después vendrás tú, otoño, lleno de gélida vida, pletórico de anhelos, con tu arrastrar silente de hojas desmayadas en revoloteos confusos.
Volverás con tus velos grisáceos, festoneados en el ocaso y te quedarás sumido en la soledad de los árboles, hundiendo tu mano en el estanque de pálidos reflejos de seres desnudos… Volverás con tu sonar de caracola alegre y me traerás mis recuerdos. Amasaré mi sangre con tus harapos y me abandonaré al recuerdo… Recordaré mi esperanza y mi estrella fugitiva… Las horas de azul soñadas en mi vejez precaria… Mi juventud y tu poesía… Podré soñar un momento. Soñaré que fui…
Hoy vuelves, me traes el mensaje del olvido, de un nuevo renacer… Es inútil… No puedo… Mi juventud quedó prendida en el rumor de tu caracola, mirándose en la palidez del estanque dorado de atardecer… Deshojarás mi cuerpo y desnuda mi alma, se marchitará mi existencia…
Quedaré en el ayer… Junto a esa tierra reseca, cara al azul, quebrando con mis manos tu ocaso de agua cristalina, soñando con el rumor de tu caracola alegre.
Cara al azul. Con mi estrella, en pos de mi esperanza. Yerto de claridad acunado en los árboles, cerraré mis ojos al vivir, cuando tú vengas, otoño, y amanezca. Mañana… Cuando sea de día… Cuando amanezca… Cuando amanezca.
A. G. M. F.
 
Ni “El Viti”, ni “El Cordobés”
Con los dos hemos charlado. Los dos fueron amables con nosotros. Ellos iluminan las carteleras de la fiesta nacional. Ahora que la temporada taurina va tocando a su fin, este articulillo de nuestro crítico taurino está escrito sin ánimo de molestar a nadie. Lo que pensamos. Nada más.
 
La prensa y los medios de comunicación modernos han difundido a modo de duelo una propaganda a dos toreros de primera fila: “El Viti” y “El Cordobés”.
Sobre este último he oído los más dispares comentarios; sobre el otro, con menos propaganda que el primero, también he oído y leído mucha literatura de masa.
Indudablemente que los admiro a los dos desde el punto de vista taurino, pero hay dentro de todo esto un mal de fondo que no queremos ver. Hay una mezcla de lo personal y lo artístico o puramente profesional. Hay que guardar las distancias de lo íntimo y lo taurino.
Yo digo “no” a “El Cordobés” en la cola de sensacionalismo que lleva su propaganda. Digo “no” al señor que lo ha llamado “fenómeno sociosicológico”, ya que, con perdón, el entusiasmo que el público demuestra en y por otros señores de mucha más categoría que el citado diestro no tiene que desmerecer del suyo y, sin embargo, la propaganda trata, en algunos sectores, de ridiculizarlos.
Digo “no” al histerismo que en ciertos círculos se huele al sólo conjuro de su nombre. No seamos chiquillos y no desquiciemos lo que debe quedarse en admiración en el ruedo y en tema de comentarios en las tertulias.
Claro que lo mismo no se puede decir de “El Viti” ya que, al igual que su toreo, sus partidarios son muy tranquilos.
Si a “El Cordobés” se le achaca el no saber matar, no quiere decir que el saber solamente matar es saber torear.
Digo “no” a la parsimonia desangelada del maestro de Vitigudino.
Digo “no” a su toreo frío y matemático, sin asomo de genio, con un dominio de la técnica taurina que hace dudar a veces si estamos viendo una corrida de toros o pensamos en un problema de geometría: la muleta a tres centímetros de la cara del animal ya que, si no es de otro modo, el toro vería la posibilidad de herir. ¿Y el genio, la chispa, la inspiración, la emoción…?
A pesar de todo tenemos que agradecer al uno y al otro, cada uno con su toreo y su modo de llevar el trapo en el ruedo, el auge de la fiesta que agonizaba. La rivalidad entre sus partidarios ha hecho que la fiesta gane y, al fin de cuentas, que ganen los espectadores y las arcas del tesoro con las divisas…
Curro Tendido.
 
EL VINO Y LOS GLOBOS
CUENTO
En la otra parte del pueblo seguía ardiendo la Feria. El hombre de los globos entró en el bar. Era alto, enclencucho y llevaría viendo la luz del sol unos 45 años. Pidió un vaso de vino. Lo apuró de un trago, dejó la moneda y salió a la calle.
‑Oiga… Oiga, gritaban desde una mesa.
El hombre largo detuvo sus zapatos. Volvió la cabeza y vió a tres jóvenes. Sentados alrededor.
‑Aquí. Venga… ‑dijo el más joven.
Eran estudiantes. Se les reconocería a lo lejos. En la manera de fumar. En beber vino.
‑¿Qué quieren? ‑el viejo bajó su ramillete de flores elásticas.
‑Tres globos ‑el mediano, se alisó su cabello rubio.
El hombre grande, maduro, cortó dei árbol de sus manos tres. Uno blanco, dos…
‑A mí un rojo ‑y el más joven lo elevó sobre sus gafas oscuras.
El globo blanco fue para el menos joven de los tres. Era como una bola de nieve sobre el carbón de su cabeza. El hombre que vendía globos dirigió sus pasos a la otra parte del pueblo. Allí pensaba terminar toda la mercancía. Los jóvenes quedaban allí.
‑La cuarta botella la pago yo ‑y el muchacho rubio agotó el casco de su vaso.
Una hoz de luna quería segar la espiga de la torre. Las hojas se suicidaban arrojándose sobre la tierra, románticamente indefensas. En el parque la gente soplaba el rescoldo feliz del último día de fiestas. Los jóvenes seguían allí. En otro lugar, lejos. Hablaban incansablemente. Dos tonos más arriba de lo natural…
‑Entonces… ¿te marchas? –acomodó las gafas oscuras‑ …¿y tu novia?
‑Discutimos, por eso me voy. Estudiaré en otra parte –hablaba el mayor‑. Después de todo creo que será lo mejor… Aún somos jóvenes…
Sobre el cielo tristón de octubre explotó un cohete. A los pocos momentos todo fue como una película fabulosa. Un mar de figuras multicolores vivían unos segundos de esplendor. Venían del otro lugar. De las fiestas.
‑A mí no me gusta beber ‑se disculpaba el rubio‑. Esto no es bueno. Se hace para olvidar. A nosotros nos hace falta…
Sobre la mesa, las botellas vacías formarían un arco iris. Los tres jóvenes estaban lo que se dice algo pasados de la raya. No confesaron lo que deberían no recordar. Estaban solos, eso era todo. El más joven tomaba notas sobre una servilleta transparente.
‑Deberías hacer un artículo de esto ‑con el puñal ardiente de su cigarro mató su globo blanco.
‑Tú tienes influencia en el periódico. Podrías… No sé. En el fondo esto no tiene importancia…
Las campanas cantaron dos veces. La luna se acostó tras un lecho de nimbos. Los jóvenes correteaban temas antagónicos. Nada especial. Mucho vino para unos estudiantes.
‑Si no escribes nada, haré unas poesías –sacó su bolígrafo, sobre una servilleta de papel…
“Amor. Amor…
Pero amor no es nada…”.
El camarero “semisopito” les avisó de que iba a cerrar. Se quitó sus lentes oscuras y aseguró que escribiría. El poeta beodo frunció su ceño y escondió el bolígrafo. Su engendró lo quemó la cerilla del “periodista”. Las calles, por aquellos lugares, dormían desiertas. El cielo se había vestido de agua informe. Iban tres y dos globos. La feria se escuchaba rugir tras la esquina. El poeta malo, sin nada en las manos, entró en su casa. Le dijeron “hasta mañana” y subió las escaleras turbiamente, solo…
‑Globos… Globos… ‑comerciaba el hombre pensando en el hambre de sus hijos…
A la Feria entraron dos jóvenes. Habían bebido vino. Pasearon. La hoguera de la alegría luchaba por apagarse. El baile agónico vomitó algunas parejas. Una muchacha impar. El rubio se fue tras ella. Olvidó decir “hasta mañana”. En el fondo él debería tener algo que olvidar también. A lo lejos se podía ver la romántica panorámica de una joven sola. Más cerca, ya hacia la izquierda, el joven hacía bailar su globo. Unos segundos. Acaso se le escapó. Volaba como un gorrión tranquilo hacia el cielo negro. Rojo.
‑Globos… Globos… ‑el hombre, sobre cuyos hombros sentía su hambre y la de sus hijos, rezaba.
El “periodista” paseaba despacio. Seguro que no había bebido casi nada. Jugó a algo y ganó. La fiesta daba su último coletazo. La gente que se despedía de ella no decía “hasta mañana”… El cielo empezó a llorar. De nostalgia o de rabia. El hombre de los globos tenía un nudo de muchas cosas en la garganta.
‑Tome. Déme todos… ‑era el muchacho joven‑. Es una promesa…
El hombre alto llenó su estómago de alegría. El nudo se le desató. Se fue deprisa. Sin hambre. Sin decir “hasta mañana”. El cielo se desesperaba. La gente avara de fiestas naufragaba en un océano imprevisto. La hoguera de la Feria, definitivamente, murió. Ya no calentaría más… El joven cantó algo y los cielos derramaban sus cántaros. Abrió, la jaula de la mano… Se perdieron de su vista. Sin decir “hasta mañana”.
oOo
Pasearán ahora de la mano de algún ángel sentimental. Violaron la frontera de las nubes. Acaso fueran nativos de aquella región. A lo mejor vinieron de vacaciones…
Yo no os digo “hasta mañana”. Sé que volveréis en la próxima feria. Bajaréis de nuevo, a un mundo en fiestas. Con vino, y con hambre.
Juan Márquez.
07-05-05.
(81 lecturas).


[1] Cfr. Índice, julio-agosto, 1964, Entrevista con el biólogo Julián Huxley.

[2] Un libro fundamental para comprender al P. Teilhard es La pensée religieuse di P. Teilhard de Chardin, por el P. H. de Lubac S. J.

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