Número 5. Navidad de 1964

Solapa
No enseñéis a los jóvenes “Juventud por correspondencia”… Ayudadlos, nada más, a desdoblarse sobre los programas de Dios.
Mostradles las cumbres.
Exigidles heroísmos.
Exigidles el heroísmo de cada día, a la luz del sol y en la penumbra ignorada de su alcoba.
Poned las flechas dolorosas de la verdad en sus labios.
Comprobad y tensadles cada poco el arco de su ambición.
Enseñadles desnudas la belleza y el bien.
Enseñadles a consumar hasta las heces el acto hermoso.
A esperar la hora grande, mirando el vuelo sencillo de las aves.
Decidles que la fidelidad es la autenticidad de los espíritus fuertes. Que el cristal es más valioso que trasparente.
Enseñadles que la vida es un gran amor y una gran tarea.
Pero no les hagáis objeto formal o material de un sistema.
A los jóvenes se les pide alegría, fuego, arrebato, marcha de combate; amor, amor, amor de Navidad.
[Jesús María Burgos Giraldo.]

 TANTEOS
REGIDOR: JUAN MÁRQUEZ MORALES
ÚBEDA Y NAVIDAD DE LOS XXV AÑOS DE PAZ ESPAÑOLA
AÑO 1                          REVISTA DE LA JUVENTUD                               NÚM. 5
 
EDITORIAL
Sobre la mesa, como una víctima en el altar de la alegría, el pavo grasiento y rubio. Los niños rascan y atolondran dulzonamente la noche con las zambombas. Ya muchos días, el correo agobiado suelta, por debajo de la puerta, riadas de felicidad y deseos. ¡Es la Navidad! El presupuesto del mes se dispara, explota en burbujas de alegría. ¡Navidad! Brindemos y olvidemos entre salvas de champán que la vida es parca en noches de vino y de rosas… Quizá mañana mismo, el bajamar de la resaca deje sobre la playa de la vida, entre vidrios de botella y ramos ajados, un interrogante.
¿Qué es la Navidad? ¿Turrón, vino, baile y pandero? ¡Claro que no! Ni siquiera algarabía de villancicos y campanas locas. Se han disociado la alegría y el Mensaje que la produjo. Se ha tomado el envoltorio vistoso, y el rico presente que contenía se ha dejado en la trastera. Será que la Buena Nueva se ha desvalorizado por inactual e ineficiente… Tal, esos milagros medievales; nunca se han repetido, pero las generaciones siguen bailando en torno del pozo milagrero. Acaso sea que el Mensaje se ha desgastado de tanto manosearle con los guantes corrosivos del tópico; todos los años, desde hace 1964, la misma cantinela, los mismos votos: ¡PAZ! ¡AMOR! ¡PROSPERIDAD…! ¡Papel mojado! En la tierra, en la carne viva de la pobre Humanidad, vivas y rabiosas, sin cicatrizar, HAMBRE, ODIO, GUERRA…
Y el puñado de levadura sigue levantado, explotando, vigoroso, toda la harina de la artesa. Ahí está, sin concreción de lugar ni de hora ni de personas, el Divino Fermento, siempre recién nacido, siempre dispuesto a nacer de nuevo. Y a la vuelta de cada año, sin envejecer, sobre la planta de las estrellas blancas, el aserto divino: ¡PAZ! ¡PAZ en la tierra…! El mundo, sin embargo, sigue con la dirección ¡da, sin rectificar. Todos con la banderita blanca en la boca, en la solapa, en el diario. Algunos creen en la paz de laboratorio. Otros aseguran el hecho de la paz… Sí, una paz que es hija espúrea del temor y la amenaza. La paz que el mundo puede dar…
La paz y la justicia son como dos hermanas gemelas, siamesas. No son auténticas ni duraderas cuando se las presenta en sociedad por separado, desgajadas. Y cuando alguna vez marchan juntas de la mano por las llanuras de la Historia, los hombres se concitan, se conjuran en bandos ‑se diría, fatalmente‑, para divorciarlas. Ni la Navidad anual, ni las cacareadas reuniones en la cumbre, son quienes a impedirlo. Una ojeada a la Historia. Decididamente, Paz y Justicia no son de acá. Y Dios las riega a puñados sobre la tierra el día que nace su Hijo. ¿Acaso es que la vida del mundo es una “agonía’, un drama? Y no hay drama sin buenos ni malos; ni triunfo sin lucha, ni lucha sin enemigos. Entonces, la paz jubilosa que reparten los ángeles en la noche de Dios, ¿para quién? Para los que corajudamente se ponen al lado del Bueno en el Gran Drama, para los que luchan por hacer buenos a todos los malos. ¡PARA LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD!
[Jesús María Burgos Giraldo.]
 
***
NAVIDAD
¿Forma juvenil de pasar la Navidad? Pero pasarla, lo que se dice pasarla, no es lo más importante. Más decisivo será saber lo que queda, después de que haya pasado.
Que quede, por lo pronto, un deseo. Joven es quien desea, todo el que desea. Urge, no obstante, seleccionar los deseos. Creo que la Navidad puede plasmar un Deseo (con mayúscula) que, cada uno, cada joven, debe tallar, puede tallar, según su estilo personal: pero sin perder de vista desde luego el modelo.
En este tiempo, tan en crisis, todos necesitamos un asidero de fijeza inconmovible para que ni las ideas ni las conductas se nos desmanden o pierdan la brújula. Así, el Deseo no puede ser otro que Dios. ¿Nos hemos puesto alguna vez a desear con toda nuestra alma a Dios? ¿Hemos probado a hacerlo?
He ahí un buen ejercicio de Navidad con efectos proyectivos, es decir, cuya vigencia no debe pasar cuando la Navidad haya pasado.
Juan Pasquau.

 
PAX
Lo mismo que los vestidos por el uso envejecen, las palabras ‑los conceptos‑ cuando se sirven a diario acaban por desvirtuarse.
¿Qué es la Paz? ‑podríamos preguntar a todos los hombres. Y paradógicamente obtendríamos las más diversas definiciones. Para los que acechan tras el telón, paz sería el estado del mundo subsiguiente a la “revolución universal”. Para un demócrata, algo tan vago y tan en boga como la “convivencia pacífica”. Para un desesperado, la muerte; para un poeta, palomas sobre campo de olivos. Para la mayoría de los hombres ‑en fin‑, una póliza de seguros, salvaguardia de sus mezquinas vidas: la ausencia de guerra.
Es una lástima que la palabra más bella de nuestro idioma, haya sufrido esta metamorfosis degradante, hasta quedar reducida a una negación. La Paz es algo positivo; tiene que serlo. El hombre todos los días la pide ante Dios como pan del día: “Da nobis pacem”. Dios lo oye.
“Mi Paz os dejo, mi Paz os doy; pero no como la da el mundo”. La Paz de Dios es diferente, opuesta casi a la Paz que jalean los hombres: los pacifistas que en ella buscan la comodidad de una venda para sus ojos. Él les dice: “No vine a traer la Paz sino la guerra. “El Reino de los Cielos exige violencia”. A los auténticos pacíficos, guerrilleros de la caridad y de la justicia, les llama “Bienaventurados porque ellos serán llamados hijos de Dios”.
En esos orígenes de la verdad que son los Evangelios, la Paz aparece clara, como el agua viva en las entrañas del manantial. Es aquí, y no a los textos de políticos y literatos, donde habríamos de volver la vista cada vez que pronunciamos esta palabra. Que el camino de la verdad es recto y sin equívocos posibles.
Pronto Navidad. Año de estreno. La palabra Paz ‑ofrenda y deseo‑ cobrará savia nueva:
‑¿Qué pide Vd. para el año que empieza? preguntarán a los famosos. Y ellos responderán: PAZ.
———
“Noche de Paz…” ‑cantarán los villancicos en todas las lenguas, mientras que los hombres levantan alambradas de cobardía en el corazón‑. Todos se alegrarán porque va a comenzar un año de Paz. Sí, de Paz; habrá odios, protestas, rebeldías nacidas de lo más profundo del alma, pero el temor de los unos ante los otros los hará abandonar las armas.
¡Peligro! Me gustaría encender una lucecita roja en cada uno de los impresos en que aparezca la palabra Paz; en cada una de las bocas que la pronunciase.
Dejad a la Paz tranquila y luchad por los hechos.
Jesús de Haro.
 ***
 MENSAJE
El mundo pertenece a los optimistas.
Los pesimistas no son más que espectadores.
Guizot.
 
¿Quién no tiene baches de desaliento? Aun la quiebra del ideal es muy frecuente… Y con las alas rotas arrastrarse lánguidamente por la existencia. Palpar la fragilidad humana medir la propia limitación, sentir el choque profundo de nuestras contradicciones internas, verse caído de bruces en el lodo precisamente cuando más se tenía la mirada clavada en las estrellas… Son experiencias de todos los humanos.
Lo terrible es llegar a la negra conclusión de la imposible perfectibilidad del hombre, expresar con un “no puedo”, “o tengo remedio”, la renuncia a la lucha, al esfuerzo, a la victoria. Sin esperanza, la vida es un infierno anticipado. “Perded toda esperanza los que aquí entraréis”, escribió Dante a la puerta del infierno y muchos de más acá de la muerte estamos tentados de grabar en el fondo del alma esta triste divisa.
El mensaje navideño del ángel está destinado a hombres necesitados de aliento y salvación. Jamás se pronunció un mensaje más cargado de optimismo: “No temáis, os traigo una buena nueva que será de alegría para todo el pueblo: que os ha nacido hoy en la ciudad de David un SALVADOR que es el Mesías, el SEÑOR”. El cielo manda a los hombres que ahuyentemos el miedo, nos trae la gran noticia, el gran mensaje de alegría para todo el género humano: Nos ha nacido un Salvador que es Dios (el Señor, Kyrios, en el Nuevo Testamento siempre es Dios).
San Juan resumirá con gozo: Dios es amor. San Lucas transmite la divisa del ángel: Dios es Salvador. San Pablo recuerda con alegría: Ha aparecido la benignidad y la humanidad de Dios nuestro Salvador. ¿Por qué desenfocamos la realidad de Dios? ¿Sabemos que en el fondo de todo desequilibrio, de toda angustia hay un desenfoque de la realidad de Dios? ¿Por qué elucubramos sobre Dios en la negrura, al margen de su mensaje de luz y salvación? Necesitábamos un Salvador. Lo tenemos. Es Dios. Niño, envuelto en pañales por una Virgen, reclinado en un pesebre, soñando sueños de amor y unión. El arrullo de los ángeles es “Gloria a Dios en los cielos y en la tierra paz a los hombres”.
La mayor ofensa que se puede hacer a Dios Salvador es desconfiar de su voluntad salvífica, de su eficacia redentora. La confianza firme es indispensable para entrar en su Reino. “Si no os hacéis como niños, no entráis en el Reino”. El niño, a pesar de su pequeñez e importancia, está seguro del amor de su padre. Esta actitud de confianza firme, humilde, infantil, roba el corazón de Dios y cura el alma. Sólo entonces es posible el equilibrio y la alegría optimista.
“La tristeza mató a muchos. No hay utilidad en ella”. (Eclesiastés, 30, 25). La alegría, porque Dios es Salvador, serena, fortifica, consuela, cura, salva. La alegría es de orden moral, no es el bienestar quien la da; es el alma quien la produce. Es en el corazón donde hay que construir la paz y la alegría. Mirando a Cristo, se aprende el secreto de la alegría. La alegría es de aquellos que dan (“Hay más gozo en dar que en recibir”. Act. 20, 35), y sobre todo de aquellos que se dan.
Mensaje de Navidad a los hombres de hoy. También hoy es posible la alegría pero, como siempre, a condición de aceptar al Salvador.
Jesús Mendoza, SJ.
 
NAVIDAD DE UN NOMBRE GRIS
Hay turrón sobre mi mesa y mi corazón está intranquilo. No sé celebrar las Navidades sin dulces y licores. Lo hacen todos y yo también. ¡Bueno, todos… todos… no sé, pero la gente vulgar sí! Yo soy vulgar, soy un hombre gris, como se dice ahora. Pero los hombres grises también celebran las Navidades con un poco de corazón. Igual que los pobres. ¡No se rían, aún hay pobres! Pobres como los de Nazaret y Belén, como María y José, emigrantes. Pobres que con aguardiente de garrafa desgañitan villancicos en sus gargantas, recuerdan a un Niño Dios un tanto “sui géneris”! ¿Qué más se les va a pedir? Al menos tienen una idea sobre la Primera Navidad.
Yo sé algo más sobre esa Navidad, y, sin embargo, no lo demuestro. Me conformo con mi turrón, mi pollo, porque el pavo está muy caro, y mi coñac. Soy un hombre vulgar y celebro las fiestas vulgarmente.
A pesar de todo, aún se estremecen los aires de villancicos, y las voces de los que desean Paz llegan a mí por mediación de la portera, mis hijos, mi esposa, el bote del bar y los abrazos de los amigos.
Yo sabía que la Navidad estaba cerca cuando vi en la oficina la participación de lotería que me habían metido en el sobre de la paga. Me lo gritaban los ojos de mis hijos y los ojos grandes y luminosos de los escaparates.
La presentía triste y esperanzadora en las campañas benéficas de emisoras y periódicos. Lentamente al principio y obsesiva y chillona en sus vísperas: ¡Navidad! ¡Navidad! ¡Navidad!
Y tuve que decir: ¡Felices Pascuas! Tímido al principio y con más calor al final. Y la noche del veinticuatro, cuando los niños vinieron a besarme y darme su “¡Feliz Navidad!”, se las devolví con unción. Era devolver amor por amor en el mensaje de felicidad.
Luego me convencí de la necesidad de una Navidad continua para hacer feliz a los hombres; a los que se emborrachan con “champagne” y los que lo hacen con aguardiente de garrafa.
¡Los hombres que tengan buena voluntad gozarán del eterno mensaje de la Navidad!
La Navidad no exige nada más que una cosa: buena voluntad. Lo mismo da que sea un hombre gris, rojo, verde, pobre, mediocre o rico. Es la tarjeta de visita que debe presentar: buena voluntad. No existe ni “don Importante” ni “Periquillo el de los palotes”. El deseo de buena intención bastará par abrirles las puertas del Mensaje de Dios.
¿Eres tú un hombre de buena voluntad? ¿Tienes tu tarjeta de visita limpia?
¡Feliz Navidad!
Manuel Jurado López.
 
***
DÍAS BLANCOS
Lo encontraréis ‑dijo el Ángel‑ envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.
Sin oropeles ni boato.
Entre la paja, tibia, de un establo.
¡En un Portal!
Pero…
El Recién Nacido es, sin embargo ‑lo han dicho los Profetas‑ nada menos que todo un Rey.
¡El Rey!
Es Dios. El Dios, bueno, que se ha hecho Hombre para vivir, un tiempo ‑¡siempre!‑ entre nosotros…
Y yo pienso:
El ser hombre ‑¡Hombre!‑ ¿no será, quizá, lo más grande que se pueda ser en el mundo…?
Son estas fechas, estos días Navideños, oportunos, creo, para la meditación. Para poner ‑semilla estupenda‑ un granito de oro, amable, en el surco de nuestros afanes…
Parece como si Dios, ahora, quisiera, a “machamartillo”, meternos una cosa en la cabeza:
Lo de menos es el automóvil brillante o el palacio suntuoso.
Ni los honores. Ni la fanfarria. Ni el relumbrón.
Lo que más importa; lo único que importa es eso:
¡Ser hombre!
Mas…
¿Qué cosa es ser hombre…?
Veamos.
Sabiendo que eres el primero en algo… ¿eres capaz, sin hacer un guiño, de conformarte, sonriendo, con ser el último…?
Si la vida ‑por tu juventud; por tu inteligencia; ¡porque sÍ!‑ te sonríe… ¿eres capaz de ser lo suficientemente generoso como para hacer que la vida les sonría, también, a quienes ‑menos afortunados‑ no hacen más que recibir de ella zarpazos tremendos…?
Si eres bueno… ¿eres capaz, por pudor, de disimular tu bondad ante quienes crees peores…?
¿Tienes ‑como dice Rudyard Kipling‑ valor para empezar, de nuevo, la faena rota…? ¿La labor que, calladamente ‑sin espectadores ni aplausos‑ Dios quiso desmoronar…?
¿Te ríes…?
¿Te ríes, siempre, aunque, a veces, tengas ganas de llorar…?
¿Le dices feo, a lo feo…?
¿Le dices chato, a lo chato…?
Si lo bello es bello, aunque a los demás les fastidie… ¿eres capaz, contra viento y marea, de decir que a ti te gusta a rabiar…?
…Tú, entonces ‑amigo de “Tanteos”; amigo mío‑ eres… ¡un hombre!
Y, si eres hombre…
¡¿Qué más puedo ‑qué mejores cosas puedo‑ desearte en estos Días Blancos…?!
¡¡¡Sigue siendo hombre!!!
Y que el que nace ahora ‑Dios, en su estuche de carne‑ nos ayude, a todos, a serlo siempre:
A ti…
A mí…
José L. Acosta.
 
QUINIELA DE LA FAMA – TANTEOS 1965
 
Cuando el año se muere todos vemos que otro, aquel de “año nuevo, vida nueva”, nos espera en el quicio del 1 de enero con una quiniela en blanco. Nuestro consejo de redacción, casi a lo loco ‑de corazón‑ ha rellenado el año con sus pronósticos. Sinceramente, aquí están con el aplauso joven de nuestros mejores deseos.

 
40 PRONÓSTICOS
Personaje mundial: Su Santidad Pablo VI.
Personaje nacional: Francisco Franco.
Política: López Rodó.
Información: Fraga Iribarne.
Educación: Lora Tamayo.
Filosofía: Julián María.
Poesía: Antonio Gala.
Novela: Concha Alós.
Novela: Camilo José Cela.
Filología: Menéndez Pidal.
Conferencia: José María Pemán.
Pintura: Marcelo Góngora.
Escultura: A. G. Orea.
Canción: José Guardiola.
Periodismo: Emilio Romero.
Televisión: Narciso I. Serrador.
Radio: Alberto Oliveras.
CINE:
Dirección: Manuel Summers.
Actriz: Conchita Velasco.
Actor: Francisco Rabal.
TEATRO:
Drama:
Autor: Buero Vallejo.
Actor: José María Rodero.
Actriz: Nuria Espert.
Director: José L. Alonso.
Comedia:
Autor: Alfonso Paso.
Actriz: Conchita Montes.
Actor: Juanjo Menéndez.
Revista: Tony Leblanc.
Danza: Sara Lezama.
 
***
 
DEFINEN A LA JUVENTUD:
“Más auténtica, sincera y pura”. (José María Pemán).
“Animosa, responsable. Tengo mucha confianza en ella”. (Concha Alós).
“Como a la de cualquier otro tiempo, pretérito o futuro: incomprendida por sus mayores, convencida de que ha de arreglar el mundo, romántica, impaciente y honesta”. (Camilo José Cela).
“Densa, preocupada y muy importante la universitaria; decadente y afeminada la de las influencias extranjerizantes; la operaria, con la esperanza en Alemania. Pero no estoy muy profundamente enterado de los rasgos más sutiles de toda la juventud española. Hablo por impresiones generales”. (Francisco Rabal).
“Es la depositaria y la esperanza de todo lo bueno que queremos. Quizá os falten quienes os marquen caminos: pero con buena voluntad y amor a la justicia no os encontraréis solos”. (A. G. Orea).
“Para definir hay que conocer mucho. Yo no me atrevo a hacerlo. Conozco jóvenes inteligentísimos y jóvenes absurdos. La juventud mundial está amenazada por el delirio de autoritarismo que se ha enseñoreado del planeta. Digamos, pues, que, como en el 36, es una juventud ‘que tiene que resolver’. La papeleta, como ven, es muy difícil”. (Alfonso Paso).
“Yo creo que la juventud actual es igual a la de todos los tiempos, o sea, alegre y divertida, aunque quizá a ésta le falte un poco de romanticismo, debido en parte, a la época en que vivimos de rapidez y perfección”. (José Guardiola).
“Demasiado movediza”. (Narciso Ibáñez Serrador).
“Creo que es la única que tiene auténticas posibilidades de decir algo al mundo”. (Sara Lezama).
“Como a todas, como un estado pasajero que no hay que tomar como profesión estable”. (Conchita Montes).
“La que trabaja bien se va fuera. La que estudia se encuentra en etapa transitoria. Tiene que luchar más para llegar a ser algo en el futuro de España. Pese a nuestro acendrado conservadurismo, ya empieza a no valer ‘ser hijo de papá’. El ‘señorito’ se muere… Hay reductos, claro…”. (Juanjo Menéndez).
“Un cheque en blanco o un cuadro sin pintar. Algo tan grande como una esperanza”. (Marcelo Góngora).
“No puedo definirla. Es una juventud en la encrucijada y ofrece por ello las reacciones más dispares. Desde el que intenta formarse seriamente hasta el que considera que el fútbol basta para su espíritu. Desde el que comprende que ‘había que hacer algo’, hasta quien decide no pensar en otra cosa que en ganar mucho dinero lo antes posible y disfrutar de coche propio. Desde el que intuye que hay muchas cosas que tendría que leer hasta el que ‘sabe’ lo que ‘no hay que leer’, y no lo lee. Pero, incluso las más negativas de estas actitudes son comprensibles: nuestro tiempo ha lanzado a los jóvenes el reto gigantesco de los grandes problemas que lleva en su seno, y no es un reto fácil de aceptar. ¿Lo asumirá, tenazmente, la parte más sana al menos de la juventud? Esa es la incógnita”. (Buero Vallejo)
 
NAVIDAD ES PARA ELLOS…
“El agobio de tener que responder a mil felicitaciones”. (C. J. Cela).
“Esos días tan íntimos del amor de la familia son, ahora, la oportunidad que me da la Navidad para estar, otra vez, todos juntos”. (S. Lezama).
“Que aún me dura la escayola, al año de mi accidente. Unión con mi familia y mis huesos”. (Francisco Rabal).
“El dolor de ser la primera sin mi madre”. (N. I. Serrador).
“El final de un año de mucho trabajo afortunadamente y la oportunidad de estar junto a los míos”. (Daniel Martín).
“La Navidad 1964 representará para mí y mi esposa una de las más tristes, ya que vamos a estar separados de nuestros hijos”. (José Guardiola).
“Trabajo, como siempre. Conciencia que me atormenta por no contestar a la innumerables felicitaciones de Pascuas que recibo y una reunión agradable entre amigos en Nochebuena”. (C. Montes).
“Mi vida, gracias a Dios, está construida de un modo en el que las fechas no cuentan mucho. Odio las conmemoraciones porque me encanta vivir el presente, pero tengo que reconocer que en Navidad se acrecienta en mí un sentimiento de nostalgia para los que se fueron definitivamente. Mi padre, por ejemplo”. (Alfonso Paso).
“Nada especial. Voy a hacer un viaje estos días”. (Concha Alós).
“Para mí no son alegres nunca. Es una fiesta que me da tristeza. Lo siento to”. (Juanjo Menéndez).
“Como en años anteriores, una fecha incierta. En ella los que pueden se atracan de comida y piensan vagamente en algún momento, que todos somos hermanos. Después, claro, a los más se les olvida”. (Buero Vallejo).
 
PIDEN A 1965
“Por pedir, que no quede… El fin de la carrera armamentista. El fin del hambre, en esos dos tercios largos de semejantes que la padecen en el mundo”. (Buero Vallejo).
“Buena voluntad. Sin incluir en ello a los tontos. Yo hace tiempo que empecé mi particular ‘Cruzada contra el tonto’. Hasta tal punto, que cuando descubro uno ya no hablo con él. Alguien dijo: cuando se habla con un tonto, al cabo de un rato ya no se sabe si el tonto es él o uno mismo”. (Juanjo Menéndez).
“Lo clásico: Felicidad, salud, trabajo”. (Concha Alós).
“Personalmente, estar conforme conmigo mismo. En abstracto… el valor, la libertad, la lucha contra el boicot, la verdad, la rebeldía… ¡Tantas cosas!”.(Alfonso Paso).
“Pido a 1965 lo mismo que he pedido siempre: salud, trabajo y paz en el mundo entero”. (José Guardiola).
“Paz, alegría y un poquito de descanso”. (C. Montes).
“Paz. Paz para mí, no para el mundo. Hace tiempo que no pido imposibles”. (N. I. Serrador).
“Trabajo, salud, amor y no perder la confianza en los hombres, ni la mía propia”. (Daniel Martín).
“Trabajo, salud y paz… como todos los años”. (Francisco Rabal).
“’Le pido como el cantar: salud, dinero y amor. El que tenga estas tres cosas, que le de gracias a Dios”. (Sara Lezama).
“La paz, esa bendición de Dios. Prefiero, con Cicerón (Epistolae ad Atticum, VII, 14), la paz más injusta a la más justa de las guerras”. (Camilo José Cela).
 
COLABORACIONES ESPECIALES
 
El último atardecer
Hoy se queman los últimos recuerdos
en un atardecer de antiguas llamas.
Voces que no entendemos nos advierten
de lo que no entendemos y nos mata,
mientras la luz a su cubil retorna
póstuma y delicada.
 
¿Qué hacer teniendo manos todavía:
esperaremos otra vez el alba
o dejaremos que la luna venga
a llenarlas de nuevo de fantasmas?
 
Hoy la ciudad parece, con la lluvia,
una mano cerrada.
Quién abriera paisajes
donde olvidar el alma.
El ayer reverdece en la memoria
debajo de la acacia:
el beso que nos dieron a su sombra
los labios todavía nos abrasa.
 
Hay flores en el aire
que olvidan dar fragancia:
mayo va envejecido
y se quedan sin filo las espadas.
Corazón: nos hirieron, nos hirieron.
Ya no nos queda nada
que dar, que recibir, que arrebatarnos.
Hemos oído tantas
frases de amor, que ahora
se nos desploma, ciega, la esperanza.
 
Hoy se queman los últimos recuerdos
y se dicen las últimas palabras.
Antonio Gala.
 
Velázquez
Palaciego de grises, gran torero
de las cornadas de la luz dorada.
Displicente Señor, lenta mirada
del andaluz veraz, parco y entero.
Dinos: ¿dónde se encuentra el paradero
de tu arcana ternura? ¿Quedó anhelada
en la humana miseria acariciada
por tu pincel de triste caballero?
La razón le defiende y se congela
‑paleta de apretado silogismo‑
sobre la infanta, el perro, el rey, la tela.
Por no temblar ante ningún abismo
de flema te disfrazas, de cautela.
Pero el amor te salva de ti mismo.
Antonio Buero Vallejo.
 
POEMAS
 
Sin palabras
En el denso silente de esta noche
con un latido tibio de esperanza
te has llegado, Señor, junto a nosotros
sin palabras
y al sentir palpitar calladamente
bajo las cosas tu presencia intacta
ha temblado mi carne estremecida
sin palabras.
No puedo comprender desde mi polvo
cómo has venido a ser nada en la nada
y tu palabra que creó las cosas
ahora yace hecha niño
sin palabras.
No puedo comprender, Señor, tus sueños.
No puedo comprender por qué nos amas…
En esta noche de misterio y lagrimas
déjame estarme aquí junto al pesebre
mientras tú me lo enseñas
sin palabras.
Julio Gallego, SJ.
 
Huellas de ángeles
Noche de paz, noche de luz.
Llueve polvo de estrellas, las campanas
se pierden en las sombras,
tiritan los luceros y los hombres
sueñan con un ayer hermoso y triste
como la lluvia,
los niños y los ángeles se arrullan…
Mañana cuando el mundo
se despierte,
marchitas las campanas y los sueños,
parecerá en las calles,
en el cielo, en el alma
que han pisado los ángeles.
Malpesa.
 
El veinticuatro perdido
Una madre Virgen;
otra madre triste…
No hay aleluyas que salven
‑las aleluyas firman el pecado del amor‑.
Brilla una estrella;
se desdibuja otra en antítesis de amor y
Amor.
Es una Navidad mojada,
quizás un veinticuatro perdido
porque no hay padre.
Dios no vendrá este año
porque ella al engendrar
ha perdido el paraíso,
un veinticuatro perdido.
Efraím Judá.
 
¿Qué pasará mañana?
Hoy no lloran mis ojos en la ventana oscura
de una noche de olvidos,
de pasión o de odio.
Hoy no tiembla mi pecho ante la sangre agria
que ha cubierto mis sueños,
mis ardientes deseos.
No siento en mi cerebro el fragor de la pena
urgando fríamente
sin compasión ni tregua.
No siento el desgarrar de tétricos espectros
en los ocultos nervios,
raíces del sollozo.
Todo pasa por mi suave y lentamente,
como sombras sin vida…
como blancas lechuzas…
Todas las cosas tristes, todas las cosas bellas
…son engaño y mentira…
son, sólo, viento y niebla.
……………………………………………………………………….
El alma que tenía, se me fue desangrando.
Una paloma negra
está sobre el tejado.
José María García López.
 
Un mundo nuevo
Señor:
Ya se han dividido
el padre contra el abuelo
la mujer contra el esposo
y la nuera contra el suegro.
Fuego viniste a meter
de inquietudes y de anhelos,
dividiste a las gentes
para conseguir el cielo.
Y Señor:
Ellos se han dividido con la llama del recelo.
¡Quémalo! ¡Quema este mundo
con un maldito fuego!
Y sobre las brasas de este
¡haz, Señor, un mundo nuevo!
J. H. M.
 
EL MENDIGO SIN CARTERA
 
La calle es larga. Es noche cerrada y nieva. Un estudiante baja aprisa. Un mendigo lo para y…
‑Hermano: Un momento…
‑Otra vez será. Mañana.
‑Como siempre. Pero nuncaes “mañana”.
‑¿A mí qué me dice? Mire: Yo soy estudiante… ¿sabe?… ¿0 es que no se me nota?
‑Yo no soy nada. Ni tengo certificado de pobreza. ¡Nada!… Pero sólo le pido…
‑Los estudiantes no tenemos un céntimo. Debiera saberlo.
‑Sí, eso es lo que dicen. Pero no sé por qué me leyeron del periódico que daban becas…
‑“Le leyeron”. Luego no sabe leer. ¿Ve? Un caso más de la falta de justicia social. Lo apuntaré en una escuela de alfabetización.
‑Gracias. Yo sólo le decía que el Estado les daba dinero por estudiar. A mí no me da nada por pedir.
‑Hace muy bien. Usted debiera trabajar…
‑(Rápido). ¿Dónde?
‑En cualquier parte… De lo que sea.
‑Ya no soy joven. Yo le contaría…
‑Es tarde. Tome, es lo único que tengo (le da una moneda).
‑No, gracias. De eso no.
‑¿Entonces qué quiere? Mire, hace mucho frío. Nieva…
‑Ahí afuera. Pero estamos resguardados por el porche… Además es bonito, maravilloso, ver nevar… Es como si los cielos nos regaran de pétalos de rosas blancas, como si la luna bajara a la tierra hecha pedazos, como un preludio que susurra el volver a nacer del Dios Niño… (Unos niños cruzan cantando villancicos). Ahí están: son los ángeles. Nos anuncian el Nacimiento… A todos los hombres, a todos los hombres de buena voluntad…
‑¿Usted quién es …?   ¿Otro ángel?
‑No. Soy un hombre cualquiera que quiere ser de esos a quienes se les regala de paz por Navidad.
‑¿Por qué habla así?
‑¿Qué quiere que diga? ¿Que tengo hambre? ¿Que tengo mucho frío?… ¿Que no se nos hace justicia? ¿Que no tengo a donde ir? ¿Que no encuentro a nadie que diga, que se reconozca “hermano”?… Si lo dijera se reirían de mí. Se jactarían de mi mala memoria que sólo aprende unas frases del libro bello –dicen‑ de la vida.
‑No sé qué decirle… ¿Qué quiere?
‑Nada. Un aguinaldo… ¿Un abrazo de hermano?
‑Bueno.
‑Dios se lo pague, hermano.
‑No sé qué. Siento que sólo llevara unos billetes para el regalo a la novia. ¡Ya se sabe! La novia, antes de todo… Bueno, que lo pase bien estas fechas… (Se va).
‑(Enseña la cartera que le acaba de quitar). Eso espero.
Juan Márquez.
 
EL BUEN SAMARITANO
Un día ‑cierto día‑ al levantarme, noté una gran desazón dentro de mí. Una duda que yo solo nunca podría resolver.
Por eso, animado de una gran fe, recurrí a mis hermanos, los hombres.
Fuera de la ciudad, y al lado de ese tímido camino cuyo confín se adivina, un hombre araba la tierra. Me vio llegar. Me miró un momento, y sin importarle siguió su labor.
‑¿Por qué trabajas? ‑le pregunté.
El hombre me sonrió un momento, con esa insulsa sonrisa que delataba no haber comprendido la pregunta.
‑Trabajo para poder sembrar ‑respondió.
‑¿Y para qué quieres sembrar?
‑Para obtener el trigo, y después la harina.
‑¿Y para qué quieres la harina?
‑Para poder vivir.
¿Y para qué quieres vivir?
El hombre me miró sorprendido un momento, y al instante siguió con su labor, dejando sin respuesta mi última pregunta.
Y yo, resignado, volví a desandar ese pequeño camino, dejando que el polvo borrara mis pasos inútiles.
Cerca de la ciudad hay una pequeña ermita. Y, quizás guiado por el destino, me dirigí a ella. Dentro del templo un monje meditaba.
Me acerco a él:
‑¿Para qué reza?
Y en un tono desabrido, como molestado por la interrupción contestó:
‑Para salvarme.
Quedé un momento meditando su respuesta. Y, renunciando a hacerle nuevas preguntas, salí del templo.
Porque comprendí que no era mi prójimo aquel que pensaba en salvarse él solo.
Me dirigí a la ciudad pensando que tal vez nadie daría solución a mi duda.
Tengo por costumbre ir todas las mañanas a la biblioteca en donde suelo leer algo: Jorge Manrique…
Y allí…
“Nuestras vidas son los ríos
Que van a dar a la mar
Que es el morir”.
¡Tampoco! ¡Tampoco éste me da la respuesta que ansío! La vida será una preparación para la muerte, pero no puede ser solamente eso. La muerte será la finalidad remota de nuestras vidas. Pero el río tiene finalidad propia, hasta que muera en el mar.
Y yo os pregunto, ¿cuál es la finalidad de esta vida?
O si lo preferís, ¿cuál de estos tres fue mi prójimo?
¿Cuál, el que me ayudó a resolver estas dificultades?
¿Os váis?… ¿Tampoco vosotros quereis responderme?…
¡Sí! ¡Idos, necios hermanos míos! Necios, porque nunca llegaréis a comprender que el verdadero prójimo mío, el más cercano a mí ‑que soy yo mismo‑ tampoco sabe responder a esta pregunta.
Pero, quizás…
Jesús de Haro Malpesa.
 
METEORITOS
Por Inédito Pérez.
 
·         “Quien no trabaje que no coma”. (H. Panduro).
·         Resfriado nasal, o buscarle percha al pañuelo.
·         No es lo mismo coger castañas que pillarlas.
·         ¡Cuidado con la Historia!… ¡Los “celtas”. no eran rubios!
·         La antena de TV es la esposa del paraguas.
·         El único acertante de la quiniela de 14 resultados fue el doctor en rayos X.
·         Al rey del trigo le salió un grano en la nariz.
·         Mi novia es corriente… Ayer batió la marca mundial de los 100 m. lisos.
·         Aquel soltero tenía en su piso un animal salvaje para acostumbrarse a la vida de casado.
·         Una hoja que se cae es eso y no un poema.
·         Cara: Eso que se cae cuando da vergüenza. Se pone dura y quien la lleva es un sirvengüenza.
·         El corazón de un escritor es su bolígrafo rojo.
·         No presumas de riqueza al acusar las 40 en oros.
·         Los novios tímidos se hablan con los ojos, en morse.
·         Propaganda rusa: “Café el Turista, lo ve el demócrata, lo bebe el comunista”.
·         Dime lo que ganas y te diré lo que robas.
 
MIEDO EN LAS ESTRELLAS
Cuento
Sí, no os riáis. Las estrellas tienen miedo. Lo sé cierto. En la falda de mi madre aprendí a mirar a las estrellas; buscábamos juntos caravanas de ángeles buenos por el camino real de Santiago. Después, cuando me brotó el sarampión del primer amor, boca arriba, en la era, sobre el bálago oloroso o campo maduro, soñaba, sufría y buscaba un grupo que formasen la 0 de Olga. Así aprendí a leer en las estrellas. Todas las noches, a solas, antes de acostarme, leo trozos de los mil poemas que hay escritos con estrellas. He aprendido las estrellas como otros aprenden la armonía. Puedo decir que soy casi un licenciado en lírica estelar. ¡Es fantástico! Las estrellas son como niñas ingenuas, encantadoras… Pero son muy tímidas de la gente; por esto se acercan y charlan más en las medias noches del invierno, cuando las terrazas y el campo están desiertos. Si toman confianza con alguien todo se lo cuentan. Ahora que sólo se confían a los solitarios silenciosos que no suspiran en la noche. Cuentan sus cosas al búho, feliz en su reino de plata. A cuantos dialogamos complacidos con la soledad. A la lechuza… ¡Pobre lechuza’. La gente cree que es una aviesa comadre que bisbisea, toda la noche, sus chismes a las brujas en los campanarios. No saben que la lechuza es sorda. Sisea implorando silencio a los gatos nocherniegos, amantes de serenatas, a ese televisor tardío que rompe el concierto de las estrellas; o al sapito juguetón que prueba con sigilo, bajo una piedra, su xilófono de plata.
Las estrellas tienen miedo: no os riáis. Estoy convencido: tienen pánico. Antes, en los meses de diciembre y enero, manadas de estrellas, bien granadas, taladraban la noche violeta y se asomaban a la tierra; querían husmear desde cerca la algarabía de los hombres en las fiestas de Navidad. Bajaban nerviosas, titilantes, presumidas, para ver a cuál de ellas escogían los Reyes Magos como farol de su caminata a Belén…
Ahora, parecen estrellas de papel plata, pegadas en una lejana decoración de la noche. Las han dejado heladas los reactores. Están retraídas, distantes; quizá para ver si los hombres no logran banderillearlas con sus cohetes artificiales. Además, tienen miedo de que los hombres las vean de cerca. Ellas viven de sueños. Se divierten sabiendo lo que los hombres piensan de ellas. Les gusta aparecer como de cristal, de plata, de zafiro. Vivían felices derramando sueños y ficciones hermosas sobre los hombres. Nadie les ponía en duda, que,
El mentir de las estrellas
es un muy bello mentir
porque nadie puede ir
a preguntárselo a ellas…
Ahora los hombres cacarean que han de entrevistarlas en breve. Y se han tornado recelosas. A lo mejor son masas informes de piedra o de barro, que pasean el firmamento con un vestido de noche, alquilado al Sol. 0 acaso teman que los hombres, si las alcanzan, las mancharán de ciencia pura, de productividad, de destrucción. Y ellas son medrosas como niñas buenas. Los hombres saben demasiadas cosas para saber esto… Un día oyeron por la radio que, en cápsulas espaciales, vagan más de cuatro cosmonautas muertos. Adelantaron el labio inferior, encogieron la espalda y callaron. Al día después, en el bar, unos colgaron el fracaso en la hoz de Rusia; otros afirmaban que estos muertos había que buscarlos en las estrellas de la bandera yanqui… Pero nadie pensó que esos pobres cosmonautas, con las manos engarfadas, sin alcanzar el botón de aterrizaje, habrán muerto con los ojos abiertos; y que la luz de las estrellas les ha cargado los ojos de luminosidad fosforescente. Y brillan en la noche como dos ojos de lince en un rebaño de gacelas.
No os riáis, por favor. Las estrellas también tienen miedo.
José María Berzosa.
 
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Depósito Legal: J. 13-1965

Contrasolapa
Ya está abierto el panteón de los siglos. Allá vuela a hundirse el precario 64. ¡No lo detengáis! ¡No lo maldigáis! Salvad de él, antes que se entierre, la rosa de los recuerdos buenos. Tomad también la dura experiencia y dejadle que se vaya a la eternidad como un talonario saldado…
Estrenad mantel de hilo blanco. Que luzcan las velas hechas con cera pura de abejas vírgenes, sobre candelabros de plata vieja. Echadle cuerdas nuevas a la lira. Y llenad, hasta los bordes. el ánfora de vino rojo.
Sobre el río del tiempo, se acerca, ya llega la caja de Pandora, número 1965. Alzad las manos limpias antes de abrirlas; y abridla con la mágica llave de la Esperanza. No queráis espantar los designios inmutables que os trae de parte de Dios: dejadlos quietos, invisibles… Ya volarán en su día con alas de luto o de gloria. Y no le pidáis más a la caja de Pandora. Quedará abierta. Echadle a boca de costal propósitos y deseos germinativos.
Que el tiempo no es otra cosa que un barbecho sazonado donde fructifican las simientes que se arrojan… Feliz cosecha en 1965.

01-06-05.
(46 lecturas).

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