Por los cerros de Úbeda

Ya de noche me descargó un tren sucio y somnoliento en un apeadero. La sala de espera, pringosa de papeles y latillas estaba. Los servicios, repugnantes e inservibles… Con el alba comenzaron a pulular niños y mozos. Portaban bolsas y atadijos. Sus indumentos ya tiempo que habían perdido el apresto. Pero a casi todos les bailaba el alma en el cuerpo.
Efectivamente, eran gente de la Safa… Recuerdo al “Coli”, alias de F. Moreno, a Mondragón, Castroviejo, Marcelo, a Piña, Tarragó, Aguilera… Total, hace cuarenta y siete años… Ya no me dejaron hasta entrar en el patio de las columnas. Cuando, luego, vi en el comedor y recreos a todo el ganado suelto, sentí miedo, rechazo, repulsa… Suspiré por mis latinos y retóricos de Comillas… Y pensé que nunca me haría yo con aquellas hordas. Menos mal que yo era un a modo de “machacante” del maestrillo responsable, que era el padre Wenceslao. Literariamente yo era devoto de Wenceslao F. Flores, Y ya por esto, no más, me caía bien mi “sargento”. Era ambidextro… Y no dejaba que se le entumecieran…

La casa era hermosa. Muy amplia, nueva y funcional. Nunca me sacié de contemplar la fachada renacentista. Espléndido el patio de las columnas. Inmensa la huerta, con sus buenas dependencias ganaderas.
Yo llevaba la Pontificia de Comillas y todos sus aledaños en mis entretelas… Y el reseco de la Safa me despertaba nostalgias cántabras, marineras… Algo me compensó descubrir desde las gradas otro mar. El valle del Guadalquivir… Realmente Jaén tiene piel de olivo y corazón de plata.
Aún conservo el silbato de metal. Me lo entregó el padre Prefecto reinante. Un jesuita desmedrado de talla. Fue en mi primera comida con los profesores. Por más que doblé cervicales y agudicé el oído, sólo me quedé con mi estricta dependencia del padre Wenceslao… Hablaba bajo, un andaluz incomprensible.
Compartí espinacas y tortilla de patatas con don Francisco Díaz, don Isaac Melgosa y Eduardo Bangueses. Cordiales, llanos, informativos. Eduardo Bangueses, elegante, culto, generoso… ¡Un galaico sincero! Fue mi mejor amigo y mentor desde la llegada. Sin Bangueses, la Safa me hubiera resultado dura de roer… Asimilarla… Me pareció que ninguno de la “vieja guardia” la había metabolizado. No era un ideal vivificante. No pasaba de ser un resignado modus vivendi… Quizás otras nóminas y otra política hubieran distendido algo los ánimos. Percibí en los pioneros nostalgias y desencantos nunca enjugados… A lo peor el padre Villoslada, en su extrañamiento, se llevó la ilusión y el coraje de estos hombres. Los Velasco, Maldonado… y tantos más, nunca dejaron caer su orgullo de cofundadores… Isaac Melgosa llamado estuvo a ser delfín… Yo no viví aquellos tiempos agitados… Ni siquiera llegué a conocer al padre Villoslada. Si por sus obras les conoceréis, este hombre se desbordó de madre. No sé de ninguna biografía…
Creo que los de la primera bandera nunca volvieron a ser rehabilitados… Y nunca dejaron de suspirar en voz queda por el hombre que un día les dijo “ven y sígueme…”.
30-01-04.
(226 lecturas).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *