Lo que vio Cristóbal Colón, 2

15-09-2011.

He estimado conveniente añadir alguna nota que aclare algunas cuestiones relativas al texto lascasiano o transcrito por él. He aquí, pues, el texto.

Viernes, 3 de agosto

«Partimos viernes, 3 días de agosto de 1492 años, de la barra de Saltes, a las ocho oras. Andovimos con fuerte virazón hasta el poner del Sol hazia el Sur sesenta millas, que son 15 leguas; después al Sudueste y al Sur, quarta del Sudueste, que era el camino para las Canarias».

NOTA.- Bartolomé de las Casas transcribe en primera persona el “Prólogo” que precede al Diario… propiamente dicho y que Colón dirige a los Reyes. Quizás, por continuación de estilo discursivo y por tratarse del primer día del viaje, Bartolomé de las Casas también refiere en primera persona ‑del plural, ejemplo raro‑ lo referente a ese viernes, 3 de agosto. Pasará mes y medio antes de que reaparezca la transcripción del relato en primera persona.

Domingo, 16 de septiembre

[…] que dize: (el Almirante) «porque la tierra firme la hago más adelante».

NOTA.- En rigor, como ya apunté, aquí y con esas palabras debuta la transcripción lascasiana del discurso en primera persona. Nótese además que, desde el 6 de septiembre, navegan por «la mar océana» y que, salvo algunas oraciones o apelaciones a la Providencia, nada deja traslucir Bartolomé de las Casas del relato en primera persona. Por otra parte, es interesante observar que, según la transcripción de Bartolomé de las Casas, es el 8 de septiembre cuando Colón empieza a contar el recorrido en leguas y que desde el día siguiente, domingo 9 de septiembre, decide ya contar menos de las que en realidad ha navegado; es decir, sólo tres días después de zarpar de Canarias.

Lunes, 17 de septiembre

[…] Dize aquí el Almirante: […] «donde espero en aquel Alto Dios, en cuyas manos están todas las victorias, que muy presto nos dará tierra» […].

Sábado, 22 de septiembre

[…] Dize aquí el Almirante: «Mucho me fue neçessario este viento contrario, porque mi gente andavan muy estimulados, que pensavan que no ventavan en estos mares vientos para bolver a España» […].

NOTA.- A pesar de la precaución de Colón en no revelar con exactitud la longitud del trayecto recorrido, aquí empiezan las murmuraciones de la tripulación.

Domingo, 23 de septiembre

[…] Dize aquí el Almirante: «Así que muy neçessario me fue la mar alta, que no pareçió salvo el tiempo de los judíos cuando salieron de Egipto contra Moisén, que los sacava del captiverio».

NOTA.- Extraño el “gran vacío” de narración en primera persona que va a seguir a este día, y ello a pesar de que durante esa quincena de días van a ocurrir sucesos importantes que pondrán en peligro incluso la expedición.

Jueves, 11 de octubre

NOTA.- Los tres navíos acaban de llegar a Guanahaní. Después de un resumen introductorio, Bartolomé de las Casas cede la palabra al texto de Colón en el preciso momento en que éste nos va a dar relación pormenorizada de aquella “gente”. Este cambio en el discurso lo subraya Bartolomé de las Casas debidamente y lo respetará hasta el 25 de octubre.

[…] Esto que sigue son palabras formales del Almirante en su libro de su primera navegaçión y descubrimiento de estas Indias: «Yo», dize él, «porque nos tuviesen mucha amistad, porque cognosçí que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra sancta fe con amor que no con fuerça, les di a algunos d’ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescueço, y otras cosas muchas de poco valor, con que ovieron mucho plaçer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos a donde nos estávamos, nadando, y nos traían papagayos y hilo de algodón en ovillos y azagayas ‘lanza o dardo pequeño arrojadizo’ y otras muchas cosas, y nos las trocavan por otras cosas que nos les dávamos, como cuentezillas de vidrio y cascaveles. En fin, todo tomavan y daban de aquello que tenían de buena voluntad, mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andaban todos desnudos como su madre los parió, y también las mugeres aunque no vide más de una farto moça, y todos los que yo vi eran todos mançebos, que ninguno vide de edad de más de XXX años, muy bien hechos de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras, los cabellos gruessos casi como sedas de cola de cavallos e cortos. Los cabellos traen por ençima de las çejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. D’ellos se pintan de prieto ‘muy oscuro’, y d’ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y d’ellos se pintan de blanco, y d’ellos de colorado, y d’ellos de lo que fallan; y se pintan las caras, y d’ellos todo el cuerpo, y d’ellos solos los ojos, y d’ellos sólo la nariz. Ellos no traen armas ni las cognosçen, porque les amostré espadas y las tomavan por el filo, y se cortavan con ignorançia. No tienen algún fierro; sus azagayas son unas varas sin fierro, y algunas d’ellas tienen al cabo un diente de peçe, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vide algunos que tenían señales de feridas en los cuerpos, y les hize señas qué era aquello, y ellos me amostraron cómo allí venían gente de otras islas que estaban açerca y los querían tomar y se defendían. Y yo creí y creo que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por captivos. Ellos deven ser buenos servidores y de buen ingenio que veo que muy presto dizen todo lo que les dezía. Y creo que ligeramente se harían cristianos, que me pareçió que ninguna secta tenían. Yo, plaziendo a Nuestro Señor, levaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que deprendan ‘aprendan’ a fablar. Ninguna bestia de ninguna manera vide, salvo papagayos en esta Isla». Todas son palabras del Almirante.

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