Su cuna y su lengua

01-07-06.
La vida en un columpio, páginas 20-21.
[…]
A sus padres, fundidos en acero y manteca, los hubiera escogido por los siglos de los siglos.
Nunca nadie le dijo que el día que nació grandes señales hubiera. Pronto fue el rey del corral y del ancho regato cercano. Donde sólo los gatitos recién nacidos se ahogaban. Perros y una lozana borrica, mansa y plateada, fueron sus amigos y confidentes.
¡Cuántas ranas, grillos, lagartijas y aun pardales masacró! ¡Pobres! Pero había de tener a sus aguiluchos y urracas parleras bien regalados…

Su gozo supremo, su paraíso, el Amoroso. Una gran viña familiar con su casita y su cuadra para las bestias. Muchos árboles de ricos frutos, muchos nidos. Y plantas e insectos que no conocía.
Ser tímido y muy familiar no le eximió de un temprano exilio a tierras de Álava. El señor cura y D. Delfín machacaron a sus padres con aquello de que era espabilado y tenía buena memoria. Y ¡hala!: un baúl con ropa, cuatro golosinas y en plena vendimia, con diez años, Burguillos a correr mundo. No lloró. Se lo vendieron muy bien y todos parecían encantados con su marcha. Quienes más lo sintieron fueron los perros. Aunque su madre, al besarle, le pareció que lloraba disimulando:
-Adiós, hijo…. Sé obediente. Múdate todos los sábados…
Su madre, a los pocos días de haber llegado, ya le escribió. Y le decía que le echaban mucho de menos. Y que los perros entraban en su habitación y aullaban. Que los tenía bien cuidados. Le enviaba un paquete con cosas de comer. Una bufanda y veinticinco pesetas. Se le revinieron un poco los ojos y el corazón.
El dinero era inútil. Lo guardaba el P. Administrador. Y si necesitaban algo extraordinario se lo proporcionaba.
Tenía intactas las sesenta pesetas que juntó entre lo que le dieron en casa y lo de las despedidas. Cuando le repetían aquello de "hacerse un hombre de provecho para el día de mañana": ¡torpes! Si lo que él quería era ser un niño del día de hoy. Y que le dejaran acabar la vendimia. Y seguir con sus pájaros, sus perros. Y su borrica.
Su madre le pedía que escribiese y que les contase muchas cosas. Entonces empezó a tomar notas: "Me alegraré que al recibo de ésta se encuentren Vds. bien. Yo, por la presente, muy bien gracias a Dios”.
El P. Pano se lo tachó. También le borró la despedida: "Abrazos de su hijo, éste que lo es…”. ¡Vaya zarracina1! Entonces empezó sin más: "Querida madre y todos: Leo su carta todos los días. Y me acuerdo mucho de todos. Pero estoy muy contento, que esto es muy bonito. El colegio es más grande que las tres iglesias de ahí juntas. Y los campos de juego, por lo menos, como la tierra de Trasdecalvo. A la pelota sólo juegan los mayores. No juegan a mano como en Moral. Lo hacen con palas de madera. Yo juego en el bosque. Soy el que mejor y más alto escalo los árboles. Tengo un amigo que se apellida Retuerto; no importa, que es buen chico. Es de Villarramiel, pero no huele a mulo muerto.
Las clases, muy bien. Aquí no hay enciclopedias. Para cada clase, un libro, un cuaderno y un profesor. No pegan. A mí lo que más me gusta, el castellano. Las matemáticas, ni verlas…
El jueves por la tarde nos subieron a una montaña muy alta. El monte Oro. Había muchas plantas y árboles que yo no había visto nunca… Hayas. Vimos y no vimos dos ardillas. Yo oí los martillazos de los picocarpinteros2. También había leñadores de verdad, como los de los cuentos. ¡Dios! ¡Qué hachas…! Cortaban troncos tan gordos como la "señá" Engracia, la Garroba.
Uno mayor me ha enseñado el alfabeto griego. Ya sé cómo se escribe madre. Muchos abrazos para todos.
Madre, que mande Vd. a comprar bofe3 para los aguiluchos A Petra que le echen la bruza4, para que peleche5 bien. A los chuchos, un beso. Y que huelan ropas mías para que no me olviden. Y que oigan mi nombre”.
[…]


1. Zarracina. Ventisca con lluvia. Aquí se trata de un uso figurado, ‘incomodidad, complicación’.

2. Picocarpintero. Sin entrada en el DRAE. Puede referirse al pájaro carpintero. Ave trepadora, de plumaje negro manchado de blanco en las alas y cuello; pico largo y delgado, pero muy fuerte. Se alimenta de insectos, que caza entre las cortezas de los árboles.

3. Bofe. Pulmón de las reses que se destina a consumo.

4. Bruza. Cepillo de cerdas muy espesas y fuertes, generalmente con una abrazadera de cuero para meter la mano, que sirve para limpiar las caballerías, los moldes de imprenta, etc.

5. Pelechar. Dicho de un animal: Echar pelo o pluma.

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Publicado en: 2005-03-02 (217 Lecturas).

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