Colegas

Variopinto y nutrido fue el hato con el que yo compartí oficio y condumio. Poco tiempo con Isaac, como interno. Por años, saberes y resabios, don Isaac era el decano. Como un arcón era que archivase la historia viva de la Safa. Años y años capeó sus temporales. Desgarros y costurones le endurecieron. Listo y polifacético, no creo que se dejase invadir de bilis. Hombre fue de gran aguante. Nunca supe si sus muchachos le temían, le respetaban o le querían.
Inquieto, azogado y ‑como su tupé‑, rebelde, don Doroteo rajaba sin respiro. Espontáneo, primario y cordial, se hacía estimar.

Como un niño grande, encantador e ingenuo, don Luis Becerra era un trozo de pan de leche… Consolábase conmigo de los malos ratos que alguna vez le daban mis mozos. No recuerdo de qué impartía clases… ¿De “espanglish”, acaso? Su inseparable camarada, don Francisco Ocaña Corpas, siempre pulcro y excelente, como sus dibujos y pinceles… Vitalista, sin trasfondo.

 

Don Fernando Cueto, todo un poema en saberes, humor, notas y probidad. Grandes amigos fuimos. Me honró con su casa y su mesa. A pesar de ello, él y Diego, en su calificar, eran mi pesadilla. Milimétrico en su apreciación, era inexpugnable a toda influencia… Las dos bestias pías eran con las que yo había de vérmelas todos los fines de curso. Más cruzados y complejos eran los suspensos de don Diego. Contaminados de finas estimaciones del espíritu.

Lisardo era un gallego profundo. Adaptable. Bien aclimatado a los aires de la Safa. Siempre en el rellano de la escalera… Nadie dudaba si subía o bajaba… Siempre subía. Galaico era también Benjamín Dopazzo. De buen porte y bien cantar. Llenito, inalterable. La color del rostro, ligeramente cian.

Don Agustín Santa Bárbara, cortés y pulido. Y, como nuestro rey don Felipe, siempre de negro vestido. Jaenero de bien. Agudo y cumplidor.
Gratos recuerdos he de Hermosilla, Jara, Jaime… De Hervás, Casiano, Eloy.Y de Mena, impecable en el vestir y en su trato exquisito. Cálida mención debo a L. Molina. Que compartía mantel y humor con Sebastián y conmigo. De mi aprecio por Sebastián y Bangueses hablo en mis memorias.
A estas alturas de mi cuento pienso sin regateo alguno, que todos, a nuestro ritmo y estilo, sembramos. Y, a todos, de algún modo, nos estampilló la Safa. A mí, pese a todo, a través de sus chicos, me dio sentido a la vida.

 

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Publicado en: 2005-09-21 (48 Lecturas).

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