Nuestras vidas son los ríos…

Dime qué coleccionas y te diré quién eres.
Penaba yo en el C. de la Taba y me evadía soñando. Me prometía conocer los principales de España. Y escribir una antología poética… Siempre fui raro. De niño no coleccioné futbolistas, boxeadores… Hojas de los árboles acopiaba. Y en el Amoroso, ya adolescente, sumaba amaneceres y ocasos.
Hijo de un secano hosco, viajero por las Españas, me arrobaron los ríos. Me enamoraron. Y aún no sé por qué embobado me tienen. ¿Su caminar resuelto, musical hasta la mar infinita? No lo sé… Pero me refrescaron tanto el alma que, adulto ya, en los test de expresión desiderativa, de no ser persona, águila, caballo o río me hubiera gustado ser. ¡Cuántas veces interrumpí un autostop feliz por acampar junto a un río! Escuchaba su voz. Paseaba las solapas de sus riberas. Con mis dedos peinaba sus aguas. Y si no habla peligro, placentero me sumergía en su blando abrazo.

¡Ay, las hoces del Júcar…! Baños idílicos aún recrean mi piel y mi alma… Venerable padre Duero, de plateadas barbas… Yo sí, muchas veces, me he detenido «a oír tu eterna estrofa de agua… Palabras de amor, palabras…». Vecino del Pisuerga, y deudor soy del Carrión, que él me enseñó a nadar. Bellos recuerdos guardo del amoriscado Guadalquivir. Y del perezoso Guadiana, que juega como un chiquillo al escondite. Devoto del garcilasiano Tajo. Y, por ser armazón de Iberia, al Ebro venero. Todos acariciaron mi cuerpo. Allegados a mí,
los ríos caudales,
los otros medianos
y más chicos
son iguales.
Poemas infinitos. Poesía pura. Siempre jóvenes. Codiciosos en su misión de alegrar y vivificar la tierra, nada les detiene. Ni siquiera la fronda y las flores de sus orillas.
Fuera yo otro de haber nacido a la vera de un río. Agua, peces, arbolado, y la luna y estrellas rielando… El primer espejo fue donde se miraron los humanos. Y fuente de mitos y leyendas. ¿Hay alguno más bello que el de las ninfas y náyades?
La tierra en sus inicios no tenía ríos. Un sol despiadado agostó las flores… Compungida la tierra reventó en lágrimas. Y así brotaron los ríos. «Me lo contaron cuando niño… Pero yo sé la verdadera historia. Y si aún queda tiempo, yo os la he de contar.

 

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Publicado en: 2005-08-18 (38 Lecturas).

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