En busca del tiempo pasado

La Safa cumplió los sesenta años de su implantación en Úbeda y se celebraron actos. Incluso se entregó a la Institución la Medalla de Oro de la Ciudad. La Safa durante muchos años ha visto pasar por sus aulas, patios y dormitorios a multitud de andaluces (luego también andaluzas). Muchas personas, incluido el que este reportaje escribe, deben sus conocimientos y lo que hoy son a la influencia de esta Institución; a su paso por la misma. Muchos de ellos la sienten como si fuese su segunda casa, su segunda familia (o tal vez hasta la primera); y alejados de Úbeda, alejados también muchas veces de Andalucía, la añoran. Y vuelven. Esto mismo ha sucedido este pasado fin de semana, que ha reunido a unas sesenta personas, todas ellas de las promociones salidas en los sesenta del pasado siglo, e incluso profesores de aquellos años. Se reunieron para exponer sus experiencias, pero en realidad lo hicieron para volver a verse, para reconocerse en los otros, saber que están vivos porque los antiguos compañeros también lo están… La nostalgia.

Uno de los promotores del encuentro es Dionisio Rodríguez Mejías, autor de un libro de recuerdos y experiencias en Safa del que un día hablaremos, y con él charlamos.
¿Cómo surgió la idea del encuentro?
—Porque me parecía una pena que en sesenta años que tiene la Institución no hubiese surgido un movimiento entre los antiguos alumnos que facilitase la comunicación y el encuentro entre los mismos, pues personas y antiguos profesores como don Juan Pasquau, o don Diego Fernández fueron faltando y no hemos podido ni siquiera darles el último adiós. Eso me produce una profunda pena y a partir de ahora desearía que se mantuvieran abiertos esos cauces de comunicación entre los antiguos alumnos; no en vano convivimos bastantes años las veinticuatro horas del día.
Cierto es; la Safa como tal nunca ha mantenido una verdadera sección de antiguos alumnos; parece no haberse preocupado por este sector tan importante… ¿me equivoco?
—En absoluto. Yo me hacía, desdoblándome literariamente, este razonamiento. “No te preocupes, que si en cincuenta años la Institución no ha dado un paso para crear una sección de antiguos alumnos no lo vamos a conseguir nosotros ahora”.
Sin embargo muchos de los alumnos salidos de estas aulas han sido muy aventajados; personas que han llegado a cotas altas tanto política, social, como profesionalmente…
—Totalmente correcto. Concretamente a esta reunión asisten cuatro catedráticos de universidad: José María Ruiz Vargas, de la Universidad Autónoma de Madrid, Antonio Lara Pozuelo, catedrático en Lausana, Sebastián Rodríguez Espinar primer catedrático de España en Orientación Profesional, en Barcelona y José Lorite Mena, profesor en La Sorbona y otros países. Todos ellos han venido gustosísimos y encantados.
¿Cómo interpretar estas reuniones: como vuelta a los orígenes o como nostalgia del tiempo pasado?
—La nostalgia es muy difícil de extraerla de estas reuniones, es una componente que está ahí muy fuerte, pero no queremos que todo quede en eso, en mera nostalgia; queremos que surja de aquí algo más profundo, algo con vocación de futuro.
Comparemos esos años sesenta con estos primeros años del siglo XXI.
—Notamos que el nivel de los profesores que nosotros tuvimos era más justo, comparado con el nivel de los que ahora tienen nuestros hijos, que están más preparados; pero esos profesores eran mucho más vocacionales que los que pueda haber ahora. Y lo que la mayoría de compañeros comenta es el gran entrenamiento de sacrificio y esfuerzo que nosotros tuvimos que vivir, cosa que por desgracia ahora no abunda. ¿Más preparados los alumnos actuales que nosotros?, ciertamente; pero ¿tienen ese espíritu de sacrificio y sufrimiento que nosotros teníamos para poder sacar algo para adelante? Sinceramente parece que no tanto.
Es que los ejercicios espirituales hicieron su mella, ¿no es así?
—Son inolvidables. Los primeros que viví los pasé a los ocho años y esos tres días, luego repetidos sí que me he dado cuenta, ya mayor, de la tremenda huella que dejaron. Algunos compañeros todavía sueñan con aquello.
Los sesenta ya eran época de transición, para los que sabían darse cuenta de las cosas, y aquí en la Safa se veía venir. ¿Cómo valoráis esa transformación desde la evolución de la Safa?
—Ya había una gran inquietud por lo social aquí en la Safa; en concreto, por parte de las actividades del padre Mendoza. Precisamente yo había tenido unos contactos en Francia con células del Partido Comunista y eso se lo comentaba a este padre y no solo no me excomulgó sino que lo alentaba. Hubo reuniones aquí en el Centro de Delegados de las Vanguardias Obreras, con el consiguiente mosqueo del gobernador civil.
¿Rostros…?
—¿Rostros de esa época?, pues don Isaac Melgosa, muy presente en nosotros; don Jesús Burgos; el padre Mendoza que incluso hizo esfuerzos por recuperar a alumnos que habían sido expulsados ya de la Institución, al menos por buscarles salidas personales; el padre Bermudo, don Juan Pasquau, don Lisardo Torres…
¿Alguna vivencia tan común que todos al encontraros la comentáis?
—El miedo a la expulsión. Era tremendo. Todavía se sueña con ese examen oral, capital, que no estaba bien preparado y que suspenderlo suponía ser expulsado: era terrible. El solo hecho de terminar el curso, los cursos, sin ser expulsados ya representaba un triunfo. Esa es la razón de la seguridad que nosotros sacábamos de aquí.
¿Qué habéis hecho durante estas jornadas?
—Aparte de la bienvenida de protocolo por parte de la Institución, intervienen Stephan de Vos, que viene de Londres; también Jesús Burgos, de Valladolid; Sebastián López, de Úbeda; también intervienen Antonio Lara y José María Ruiz Vargas, catedráticos. Realizamos una comida de convivencia. Intentamos también elaborar un marco o proyecto para que esta comunidad de antiguos alumnos tenga viabilidad.
¿Úbeda en vuestro recuerdo?
—Siempre, siempre… La Plaza de Santa María, El Salvador, El Real, la que hoy es Plaza de Andalucía, los monumentos y los palacios de piedras doradas, eso es emocionarse y casi llorar.
¿Os chocan algunos de los cambios que observáis en el urbanismo de la ciudad?
—Pues en la Plaza parece ser que no han sido muy afortunados y la población no anda muy contenta. Aquélla tenía más encanto.
¿Qué queda de aquella Safa cuando estáis por esos mundos?
—Precisamente eso, esa ideología del sacrificio, esa voluntad de hacer las cosas bien, el sentido de lo social. Eso siempre estará presente, porque no podemos olvidar que nosotros procedemos de las capas más humildes de la sociedad de Andalucía.

 

29-03-10.
(42 lecturas).

 

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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