El príncipe que nunca lo fue

22-09-2011.

 

Hace ya mucho tiempo, cándidos años de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, en una pequeña ciudad del sur de la provincia de Jaén, un mocito soñador, guapetón, de familia pobre, aspiraba a subir algún que otro peldaño de la escala social en la que sus padres se desenvolvían.

En aquellos años, había más escuelas que colegios. Se premiaba a los alumnos brillantes, no con fotos colgadas en los pasillos y a la entrada de las escuelas, sino con un acto bastante solemne, celebrado en el teatro de la localidad, en el que se elegían, entre discursos, teatricos y poesías, al PRÍNCIPE DEL COLEGIO, al BRIGADIER y a los JEFES DE CLASE.

Las distinciones se concedían por rigurosa nota media de final de curso. El príncipe al que aludo estaba en sexto de Primaria. Dos eran los alumnos con 8,2 de nota media y, por consiguiente, con opción al principado. El siguiente tenía 8,1.

Como en toda final, los nervios estaban a flor de piel. El principado, como era obvio, recayó en uno de los de mejor nota. El otro, indudablemente sería brigadier. Como nunca se sabe lo que el destino depara y contra todo pronóstico, la medalla de brigadier se la colocaron al de 8,1. El destronado príncipe se quedó absorto en sus pensamientos. Su padre, el supuesto rey, con cara de disgusto, resopló y le echó una mirada inquisitoria. El príncipe se encogió de hombros. Le contentaron con la jefatura de clase.

Semanas o meses después, el depuesto príncipe preguntó a su tutor por aquella injusticia. Escuetamente le respondió que la razón era que no asistía a misa los domingos. En aquel momento una mueca le recorrió todo el cuerpo y, sin mediar palabra, asintió con la cabeza. Pensó que si se hubiesen molestado en indagar, habrían averiguado que no podía cumplir con sus obligaciones religiosas porque, desde las ocho de la mañana, los domingos y fiestas de guardar, ayudaba a su padre a construir un “palacio” donde poder vivir la familia. Tardaron dos años en levantarlo.

Recuerda, el príncipe de esta historia, que ese año o el anterior, se erigió en campeón de catecismo en el plano parroquial. De ello doy fe, porque me enseñó el diploma.

El gobierno de aquel principado lo dirigía el conde de Requena.

Saludos. Pedrajas.

 

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