Reflexiones, cicatrices y balance, 1

01-10-2008.
Para Burguillos, estas reflexiones no llevaban resquemor alguno. Sí, intención sosegada de apuntar objetivamente perfiles críticos de la Safa en su época de hierro y de encanto. Y también de poner en su sitio a los superiores y a los alumnos. Entendiendo por superiores a los jesuitas y profesores.

Continuar leyendo «Reflexiones, cicatrices y balance, 1»

Descubriendo caminos, 1

“Cuanto conozco lo aprendí del viento, de la lluvia… de las cosas más sencillas”.
Pablo Neruda.
Venía de Guayaquil, una ciudad marinera de Ecuador castigada por unas inundaciones que dejaron a su familia sin trabajo y sin vivienda. El primer día que entró en la clase sorprendió su manera de ser tranquila, respetuosa, amable… y su nombre, Bryan, símbolo de la colonización encubierta de los Estados Unidos en Iberoamérica.

Continuar leyendo «Descubriendo caminos, 1»

Cambio climático y olivar, y 2

27-09-2008.
Estimado Loren:
Ya vimos la semana pasada los desastres que se nos vienen encima con el Cambio Climático. Por si fuera poco, el grupo comercializador del aceite de oliva, SOS Cuétara, tiene un macroproyecto, “Tierra”, para plantar 10 000 hectáreas de olivos al año, en seto, de producción superintensiva, en Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha.

Continuar leyendo «Cambio climático y olivar, y 2»

¡Felicidades, Enrique!

26-09-2008.
¡Ánimo! De corazón te deseo que aceptes esta prueba que del cielo te llega y seas capaz de superarla con paciencia y resignación franciscanas. Ya sé que no es fácil. Por eso, con lágrimas en los ojos, te encomiendo a santa Eduvigis, patrona de los afligidos, para que te asista en el trance tan especial de tu jubilación.

Continuar leyendo «¡Felicidades, Enrique!»

La chica de los ojos asesinos

22-09-2008.
Aquel verano la humedad y el calor eran insoportables. Al caer la tarde, el Pub de la calle Alcolea se llenaba de secretarias en vacaciones, periodistas sin empleo, gente de la banca, policías de paisano, casados, separados y demás fauna veraniega, sin dinero. Ligones acreditados, muchachas en busca de aventura, jóvenes y mayores, que no se resignaban a aceptarlo, se daban cita en el local. Matías, el mejor barman de España ‑como le gustaba que le llamasen‑, acomodaba a todos en unas banquetas, que parecían de cuero, cuidando de colocar a los unos muy cerca de las otras.

Continuar leyendo «La chica de los ojos asesinos»