«Tanguy» en Úbeda

27-06-2006.

Memoria de una época, p. 102.

Mercedes Fórmica ha escrito en ABC un interesante artículo sobre Tanguy. Habla de la estancia de Tanguy en Úbeda, en las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia. Ya casi nadie en España puede ignorar quién era y quién es el protagonista de la novela autobiográfica galardonada en París, en 1957, con el Premio de los Nueve.

Y es verdad. Cuando Tanguy vino a Úbeda, era un "canto rodado” del aluvión de la post-guerra. A las Escuelas de la Sagrada Familia llegaban entonces, arrastrados por una corriente turbia, muchos de estos "cantos rodados". Mercedes Fórmica se pregunta si el valor intelectual de Michel del Castillo ‑autor y protagonista de Tanguy‑ se hubiera salvado "de no haber existido el padre Prados y las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia".
Tanguy ‑lo habéis leído ya‑ "tiene un físico cien por cien español, cien por cien granadino, casi morisco". ¿Cómo era el carácter de Tanguy, en Úbeda? Uno, casi puede hablar de esto porque uno estaba ya entonces "dentro" de la Institución de las Escuelas y porque alguna vez, incluso, uno le preguntó a Tanguy la lección.

No era aplicado; no era desaplicado. Ni la aplicación ni la desaplica­ción eran cosas que iban con él… Cuando hablaba, rara vez se ponía serio. Pero Tanguy tampoco era alegre, en el habitual sentido de la palabra. Ya alguien empezó a decir que era "desconcertante".
¿Inadaptado? No; nada de inadaptado. Precisamente los inadaptados son los débiles, los que dentro de ellos mismos no encuentran nada distinto de ellos mismos. Y Michel del Castillo ‑Janicot, le decíamos entonces‑ lleva­ba en su interior todo un caleidoscopio…
Era un adolescente ‑un niño más bien‑ de muchísima experiencia. Y aquí radicaba, precisamente, el cariz de aquella sonrisa, tan inteligente ya, tan matinal y al mismo tiempo tan herida. Una sonrisa que, dada su edad, no podía ser dolorosa ni escéptica; pero que tampoco podía ser una sonrisa desbordante. Irónico quizás, comprensivo siempre, Janicot no era una rebeldía. Era una bondad en busca de colocación. Y el padre Prados, en­tonces Prefecto del Colegio de Úbeda, era un jesuita, tan jesuita, que no tenía, ni en su figura ni en su carácter, ningún punto de contacto con esos "jesuitas de fantasía" que cierta literatura se ha empeñado siempre en faci­litar ‑como "artículo de regaló"‑ al provecto y bien maduro, bien podrido, anticlericalismo.
El padre tenía un gesto de aislamiento: señal de que el mundo entero le andaba por dentro. Por todas partes se dejaba olvidado su bonete. Tantas cosas entraban constantemente al centro de su alma, que le llamaban… distraído. Para un distraído como él, no puede pasar desapercibido lo impor­tante. Y si el padre Prados olvidaba su bonete, no era sino porque llevaba siempre demasiado ocupada su cabeza.
Por eso, mientras muchos ‑yo también, naturalmente‑ llamábamos desconcertante a Tanguy, él, el padre Prados, buscaba y encontraba la llave maestra que abría el secreto de aquella joven sonrisa herida… Porque no hay "desconcierto". Hay, nada más, en mucha gente, una ineptitud para hallar el "concierto", cuando el mismo se modula en clave insólita, en clave superior.
Es maravilloso que Tanguy, ahora, haya triunfado. Este verano, Michel del Castillo volvió a Úbeda y estuvo un día en las Escuelas de la Sagrada Familia. Y no penséis que esta vez las facciones de Tanguy denotaban el triunfo. Lejos de él el gesto que algunos triunfadores adoptan, mos­trando a las claras que su triunfo es un triunfo de trapo… No; el gesto re­c¡ente del Tanguy novelista no difería apenas del de aquel niño que fue, del Tanguy canto rodado de humanidad. Los hombres que a todo se adap­tan, como Tanguy, son los hombres que nunca cambian.
Es estupendo, sí, que Tanguy haya alcanzado la fama. Los que sólo tangencialmente rozamos por un tiempo el alma de Tanguy, participa­mos ahora de esa alegría.
¿Y la Institución de la Sagrada Familia? ¡Ah…! Ahí está; ahí sigue, preparando hombres, tallando hombres, esculpiendo relieves en los "can­tos rodados" que arriban. Ahí está… para quienes quieran enterarse.
(Diario JAÉN. 10 de diciembre de 1958).

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Publicado en: 2005-02-15 (67 Lecturas).

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