El colegio «Padre Villoslada» de San Severiano

Nota: Esta noticia la hemos recibido de Manuel Verdera Casanova.
Carta al director del "Diario de Cádiz Digital", de Víctor Nieto Medina.
El Ayuntamiento de Cádiz, hizo entrega recientemente de la Medalla de Plata al Colegio Padre Villoslada, situado en nuestro barrio de San Severiano.
Celebramos y agradecemos esta distinción, por cuanto significa de sensibilidad y apreciación, por parte de las autoridades, sobre lo mejor para su pueblo, como es el reconocimiento de una labor realizada a lo largo de muchos años.
Corría el año 1953 cuando este colegio abría sus puertas. Un alumnado, hasta entonces sin escolarizar, llenó sus aulas. El centro venía a formar parte de aquella obra que el Padre Villoslada SJ iniciara unos años antes (1940) en Alcalá la Real (Jaén), continuando con Úbeda, Andújar, Linares, Villanueva del Arzobispo, El Puerto de Santa María… y que se fue extendiendo por toda Andalucía hasta los más de treinta centros que alcanza en la actualidad, en un esfuerzo y convicción insuperables, de que esta Institución: Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia (Safa) tenía una hermosa y precisa labor que desarrollar en nuestra tierra.

Y vino a Cádiz. Un viento de levante sopló sobre su nave soñadora. Y aquí encontró los brazos abiertos de un gran alcalde —Carranza de nombre— de acción imborrable, engrandecedor de su pueblo, Cádiz. Julia Díaz Martínez, en lo económico, generosa, idealista, desprendida, cedió los terrenos que ocupó el Centro.
Y hasta un arquitecto, Hernández Rubio, que ideó un colegio bello y luminoso y un grupo de maestros ilusionados, con el corazón abierto a la hermosa tarea de enseñar, sembrar y educar.
Hemos ido cincuenta años atrás. Sembradores hubo en campo espléndido, que Cádiz fue así: tierra generosa, paridora de hombres agradecidos, cuando la semilla y el sudor que la alienta se abre hueco y surco en su gente.
El año pasado este centro celebró a lo largo de muchos actos educativos su cincuentenario. El profesorado y dirección (también la Asociación de Padres) trabajaron muy activamente en conmemoración de tal hecho.
Culminó, a final de curso, con la asistencia de numerosos alumnos y algunos profesores de aquellos primeros tiempos —quienes afortunadamente aún podemos dar fe de este antiguo historial— a una cena, servida en los patios del colegio. En aquellos patios, a los que, en aquel entonces, cuando la marea estaba llena, alta, bañaba sus muros.
Hubo muchas añoranzas, muchas anécdotas que contar por parte de aquel alumnado tan veterano; también, el recuerdo emocionado de todos aquellos que no podían acompañarnos.
Se intentó, como dijera el poeta Miguel Hernández "Cultivar los barbechos del olvido".
Y añadimos: Traer a la memoria próxima tantos recuerdos del ayer lejano que forman parte del tiempo vivido.

Miércoles, 3 de noviembre de 2004.

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Publicado en: 2004-11-03 (72 Lecturas)

 

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