Mi estimado paisano

Presentado por Manuel Almagro Chinchilla.

Este es un artículo que Ramón Quesada destina a nuestro famoso Joaquín Sabina. Como no podía ser de otro modo, Ramón incide en el espinoso asunto de las relaciones de nuestro cantautor con su ciudad natal, tema que ha sido causa de encendidas polémicas. Comparto con Ramón el criterio de que Sabina no conoce suficientemente a su pueblo, ni lo que piensan muchos de sus paisanos de él. Cualquiera podía deducir que, además de usar el aristocrático bombín, lleva oculto un monóculo de color, para recrear la visión con su pigmento preferido.

La revista Alsur publica una entrevista con Joaquín Sabina, quien, entre otras respuestas, dice: «En mi pueblo, nunca se me consideró de allí y se me sigue sin considerar». Rectifica luego: «Bueno, sí se me considera de allí; pero no se ha contado conmigo absolutamente para nada».

Mi estimado paisano, Joaquín Ramón Martínez Sabina, con estas palabras ratifica mi opinión de que no conoce a su pueblo, pues rechazando por descabellada su idea de que intentara abdicar de su cuna, lo que ocurre es lo que él indica: «Me invitaron del Club de Fútbol Úbeda y decliné tan amable invitación, porque pensé que iba tan poco por mi pueblo…». Eso es. Porque si en las fugaces ocasiones que ha visitado su ciudad hubiese pulsado la opinión de sus coterráneos, seguro que se hubiese pasmado del concepto que de él tienen sus gentes.

Joaquín Sabina, nacido aquí y de familia respetabilísima, sabe que este pueblo se caracteriza por ser acogedor y generoso; por lo que no ignorará que, incluso con personas no de Úbeda, esta ha tenido siempre en cuenta a aquellos que se destacaron por cualquier favor, haciéndose acreedores del honor que supone ser distinguidos, por sus gentes y por sus jerarquías, como personas meritorias del aplauso común, la excepción honrosa y la mención respetable. Lo único que hay que hacer, lo sé por experiencia, es identificarse con el pueblo “a la pata llana” y, mucho mejor, amarlo un tanto así. Nada más.

Mi estimado paisano, Joaquín Sabina, que sabemos es hombre de precoz inteligencia y de muy reconocidos conocimientos sociales, intelectuales y artísticos, tampoco debe desconocer que en el Ayuntamiento se guardan las actas relacionadas con personalidades que, un día, Úbeda, por causas diversas, les nombró “hijos predilectos” e “hijos adoptivos”. No obstante y por si mi estimado paisano no lo recuerda, no me importa emplear unos momentos en señalar a unos y a otros. En la nómina de hijos predilectos están don Blas Aguilar Alvarado, periodista; don Carlos Ocasar Blanco, héroe de Kudia‑Tahar; don Pablo Iglesias Martínez, ex cautivo, y don Juan Pasquau Guerrero, escritor. En cuanto a hijos adoptivos, fueron don Manuel Alonso Martínez, ministro; el reverendo Diego Tortosa, orador sagrado; don Vicente Buzón Yáñez, periodista; don Leopoldo Saro Marín, militar; el conde de Guadalhorce; don Francisco Prieto Moreno, director general de Arquitectura; don Antonio Gutiérrez Median, industrial; y el escritor Antonio Parra Cabrera.

Creo que Joaquín Sabina es citado por primera vez en la prensa local cuando, en la revista Gavellar de junio de 1984, aparecen estas palabras: «Es muy satisfactorio para todos el triunfo de los jóvenes ubetenses Joaquín Martínez Sabina en la canción moderna y…». En la misma revista de julio‑agosto de 1985, se dice del cantautor ubetense: «Como mi hijo, fue un niño que jugó en el paseo del Mercado… Hace años que veía en el metro de Madrid cartones anunciando a Joaquín Sabina y no tenía la menor idea de que fuera un cantante nacido en Úbeda». Así que queda bien claro que a mi estimado paisano se le considera de aquí, lo que refuta sus palabras de no ser «considerado» de Úbeda, como él cree. Pero si a Joaquín le parece poco contundente, ahí está la entrevista que la citada revista le hacía en su domicilio de Madrid, en mayo de 1986. Se le preguntaba:

—Ahora, hablemos de Úbeda, ¿Qué relaciones existen hoy entre Joaquín Sabina y Úbeda?

—Bueno, existen infinidad de relaciones… Porque es un sitio que me encanta, donde me gustaría vivir.

Si un hombre como Joaquín Sabina dice estas palabras, ¡cómo lo vamos a rechazar! Evidente es, por lo tanto, que las gentes se acuerdan y se regocijan de sus logros. Yo he visto a esas gentes deleitarse con sus actuaciones en la tele y caérseles la baba pese a la “pimienta” de Joaquín. Le siguen, aunque no lo parezca. Le admiran, aunque algo en el cantante les duela. Él afirma que Úbeda está necesitada de un talante más abierto («recatada» la llamó Eugenio D’Ors), menos provinciano («capitalidad de La Loma», le dicen), más progresista (pronto será Patrimonio de la Humanidad), más moderna… Sí, pudiera ser; pero Úbeda es así, de esta condición y no puede, ni debe ser de otra forma. «¿Más moderna?»; no. Entonces ya no sería Úbeda y se aproximaría a lo nuevo, que ya no es histórico ni apetitoso. Lo que yo creo es que Úbeda espera “algo” de Joaquín. Una atención, un detalle, cualquier cosa que la mime un poco, como hacen Paco Santacruz, Roberto Monterrey, Luisa Linares y Los Galindos y otros cantantes: tener a Úbeda en los labios cada vez que se hacen girar sus discos. Eso es, pienso, lo que mi pueblo espera de mi estimado paisano. Porque lo más triste, en esta vida, es que a los pueblos, por la frialdad de sus hijos, se les salten las lágrimas. Los pueblos, como la humanidad, necesitan de halagos, de cuidados, de estímulo, de protección y no de soledad; de delicadeza. Los pueblos, como padres de las gentes que los forman, tienen preferencias sobre los hijos. Por lo menos, así ha sido siempre. Amando a los pueblos, de ellos nacerán hijos nobles que los abracen y los hagan prósperos.

Después de venido al mundo, es el hijo el obligado; a la inversa, aunque hermoso, ya es distinto al corazón. El hombre ‑digo a mi estimado paisano‑ no podrá ser jamás de donde come, mientras las raíces sean tan profundas como la tierra misma.

(24‑01‑1989)

 

almagromanuel@gmail.com

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