Odio entre grupos humanos, y 02

La dinámica que va de las actitudes negativas a los comportamientos hostiles

Para empezar, se desconfía del otro por instinto. Las raíces están latentes en su forma benigna: las bromas, los clichés negativos que circulan sobre otros países, razas, grupos humanos.

El que es diferente, es una amenaza potencial. Es amenaza todo lo que pone en peligro la consistencia de nuestra visión del mundo (Weltanschauung) y las posiciones y enjuiciamientos que le son correlativos.

De la amenaza al odio. Para Aristóteles, el odio es un deseo de aniquilación del otro, que así cesará de ser amenaza. Para Freud, el odio es un impulso para destruir la causa de la propia infelicidad.

Los pirómanos del odio entre grupos humanos

La explotación irresponsable, malévola o egoísta de la debilidad de las gentes, por parte de algunos creadores de opinión.

Es una estrategia conocida. En nuestra mente, están algunos ejemplos de políticos cuya estrategia consiste en fomentar la hostilidad entre comunidades, como instrumento para asentar su propio poder o el de su partido. Con esta finalidad, se fabrica un enemigo común para inducir un sentido de pertenencia y consolidar un grupo disperso. Además, la ideología del grupo se convierte en vertedero de bajas pasiones, en el que se mezclan rencores individuales, frustraciones colectivas, ambiciones y maldades en el fondo del corazón humano. Se fomentan complejos de superioridad que llevan a la desolidarización de unos y otros.

Un poderoso instrumento de manipulación comúnmente empleado es la interpretación arbitraria de la Historia, que es siempre deformable. De ahí nacen las leyendas negras y los nacionalismos xenófobos.

Malos usos de la cultura

En su sentido amplio, la palabra cultura recubre un conjunto de interpretaciones del mundo y, sobre todo, de pautas de comportamiento. El hombre necesita orientaciones en su vida de todos los días para posicionarse, decidir y actuar en un mundo complejo y azaroso. Si, además, religión y política entran en alianza, la independencia del individuo deviene casi ilusoria y la emancipación personal requiere un esfuerzo titánico del que muy pocos individuos son capaces.

En algunos momentos de nuestra historia, ha existido, como existe hoy también, una sediciente cultura en clara connivencia con determinadas ideologías políticas. La finalidad es domesticar a las masas y neutralizar a la opinión disidente. Para ello, algunos creadores de opinión se valen de los medios de comunicación para fabricar imágenes e interpretaciones distorsionadas de la realidad social. Esa cultura instrumentalizada por la política es claramente antidemocrática, en sus contenidos y en sus finalidades. En una palabra, se trata de una forma reciente de dictadura ideológica.

¿Qué hacer?

En la aldea global del mundo de hoy, aumenta cada día el número de encuentros entre culturas y entre personas de etnias diferentes. Se multiplican las ocasiones de sentir la amenaza por parte del que es diferente de nosotros.

Una tarea para historiadores e intelectuales

Por esta razón, es tarea mayor de nuestro tiempo la de, al menos, disminuir el odio intercultural, las hostilidades, la incomprensión y los prejuicios. Deberíamos indignarnos por la persistencia de mitos ideológicos y religiosos que hacen tanto daño a la convivencia. Habrían de ser barridos de nuestra cultura como algo irracional, infundado y bárbaro. Por eso, es tarea urgente para historiadores e intelectuales elucidar cuestiones históricas y viejos rencores entre pueblos. Porque todos los odios por ignorancia no son culpables.

Medidas jurídicas

En algunos países, existen leyes que castigan la incitación al odio. Con razón. En la escala del sociólogo Allport, la incitación al odio es la ofensa pública número uno. Es la «antilocución» en el sentido sociológico, en la medida en que el odio impide la interlocución entre los humanos, cegando las vías racionales de comunicación. Por consiguiente, el Derecho debe considerar como ofensa criminal la incitación al odio entre grupos humanos.

Sugerencia: la importancia de los valores y del amor universal

¿Es la alteridad una amenaza? Una de las frases claves de la obra teatral Huis clos (‘A puerta cerrada’) del filósofo existencialista francés Sartre es «El infierno son los otros». Muchos ‑no el propio Sartre‑ la interpretan diciendo que, en la alteridad, está la amenaza al yo. No es esa mi opinión.

Pienso que el amor universal, cristiano o de cualquier otra inspiración, se sitúa tan alto, que es una utopía muy discutible en sus modalidades de aplicación a la vida ordinaria y a la vida política. Pero también, y sobre todo, constato que ha sido una formidable inspiración que ha llevado a millones de personas a actos sublimes de altruismo a lo largo de los siglos.

bf.lara@hispeed.ch

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