Mala conciencia – La aldaba

09-06-06.
Se realizó hace meses un homenaje nacional “Al Maestro”, desde la iniciativa de los grupos que luchan por la prevención y contra el consumo de todo tipo de drogas, cada vez más extenso y temprano. Alarma, hay alarma pero yo creo que todavía no se ha asimilado el sentido verdadero de este peligro, el de esta llamada de alarma… Y se apela a la figura clásica “del Maestro” (ni qué decir tiene que cada vez que en este escrito salga la palabra “maestro” me referiré desde luego al colectivo docente, sin distinciones de sexos), ¿como recuerdo de lo que debía haber seguido siendo o como talismán y conjuro de lo que nos está cayendo? Y es que me sonó este supuesto homenaje (que puede estar generado por una buenísima voluntad) a nada…

Una anécdota, la polémica que los representantes de las AMPAS mostraron con su enfado con la situación aplicada en los días de ferial ubetense respecto a las clases de los alumnos. Si uno supiera que se desviven en realidad para que sus criaturas no pierdan el don de la ciencia pues es que lo tenían arreglado: con mandarlos al centro escolar, punto; pero me huele a que lo que se pretendía era estar a la teta y a las sopas. Creo que se debe ser más sincero, que la facultad (y obligación) del padre es enviarlos a las aulas, y si no se hace no es culpa del maestro.
Se abandonó en la tutela de los maestros toda la responsabilidad, a la vez “tutelada”, sobre los hijos; la religión la den los maestros, no los padres o catequistas; la supuesta educación la den los maestros (“niño ¿eso es lo que te enseñan en la escuela?”); por supuesto, los conocimientos: abran más horas los centros, salgan las criaturas con conocimientos viales, estéticos, sexuales, sobre hábitos de consumo y de prevención de drogas y demás, con conciencia ciudadana y política, con…, ¡ah, también comidos!, ¿de qué cosas más ha de encargarse la escuela? Pero, ¡atentos!, y no se me pasen ustedes los maestros; no exijan al niño; no lo molesten (no quiero ni pensar en violentarlo); no hagan comparaciones discriminatorias entre ellos; déjenlo a su albedrío, que es así; no le hagan repetir, ni memorizar, ni… ¿qué se le puede hacer en la escuela a un niño sin que el maestro se equivoque? Por ello creo que esto del homenaje tapaba tal vez mala conciencia; la mala conciencia de lo que se hizo totalmente mal; la mala conciencia de lo que se dio por permitido incluso por ley; la mala conciencia de seguir considerando al maestro como alguien con una “carrerilla” que todos podían obtener. Mis padres me hicieron maestro, al igual que a un hermano, pues era lo más asequible para una humilde familia acá en Úbeda. Maestros generalistas con una capacidad increíble de acomodación al alumnado y asimilación a las diversas circunstancias por las que se pasaban; éramos, según palabras de algunos que ya no eran “maestros” sino “profesores”, unos conocedores de todo pero maestros de nada; pero ahí andábamos a las duras y a las maduras (a alguno de esos habrá que recordarle de dónde sacaron las horas para subir de escala: si de su trabajo o del de los demás). La especialización, según mi criterio, mató a los maestros. Es otra de las causas del deterioro actual.
Ahora hay que repensar la figura del maestro; ahora que andan otra vez con supuestas reformas o contrarreformas… Es la oportunidad de ir a lo concreto y menos a la verborrea sin sustancia; al barniz dramático que nos llevaría al concepto de “vocación”, para tapar todas las carencias y todas las injusticias cometidas con los maestros. Se hacen modificaciones de leyes o normativas, bien, ¿pero quiénes las hacen?; busquen y verán que son los que nunca se mojaron en horas y horas de escuela, porque es que no podrían; y si estuvieron en las aulas, pronto las abandonaron; es mejor, desde luego un cargo oficial, un despacho, una oficinilla desde la que teorizar sobre el sexo de los ángeles, o desde donde decir amén al político que lo puso en el cargo; estómagos al fin y al cabo agradecidos. ¿Por qué no dejan hablar a los viejos maestros? Tal vez nos canten las verdades del barquero.
07-05-05.
(31 lecturas).

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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