Diario de un aficionado cinéfilo, 20

Y llegó la última sesión cinematográfica del año 2013 como un auténtico regalo navideño: El festín de Babette (en danés, Babettes gæstebud, 1987). Película a todo color, escrita y dirigida por Gabriel Axel, completamente restaurada, que tuvimos la suerte de visionar en versión original con esos toscos idiomas nórdicos (danés y sueco), mezclados con el grácil y suave francés…

La sala del Club de lectura del Hospital de Santiago de Úbeda, donde se proyectan habitualmente todas las películas, se fue poblando de caras conocidas y nuevas (incluso juveniles) que hicieron más provechoso y agradable el visionado de la película, compensando el fresco salvaje que allí se respiraba; menos en la primera fila, donde dos socorridas estufas caldeaban el gélido ambiente invernal reinante…

Andrés, nuestro gurú cinematográfico, supo transmitirnos su alegría e inclinación por este filme que ninguno de los presentes habíamos visionado, a excepción de él. Nos explicó parte del argumento, sin desvelarnos el final, aclarando que está basada en un relato de Isak Dinesen (Karen Blixen), escritora de Memorias de África; y que Babettes gæstebud se ha escogido en más de una ocasión o ciclo en el que se conmemora o analiza el arte culinario (hoy tan en boga en el mundo occidental rico), pues está descrita y puesta en pantalla con una sensibilidad y sabiduría loables; siendo la primera película danesa basada en una historia de Blixen y la primera de esa nacionalidad en ganar el Óscar a la mejor película de habla no inglesa.

La historia que nos relata en pequeños, medianos o grandes flashgramas (fotogramas), enmarcada en el siglo XIX, es la vida de dos guapas, abnegadas y encantadoras hermanas: Filippa (Bodil Kjer) y Martine (Birgitte Federspiel), que aman, por encima de todo, su religión y viven en un pequeño pueblecito de la desolada costa oeste de Jutlandia (la actual Dinamarca). Su severo padre (pastor protestante) provoca que sus respectivos y apasionados amores con Achille Papin (Jean-Philippe Lafont) y Lorens Löwenhielm (Jarl Kulle), no se consuman, pues ambas deciden quedarse, al depreciar cualquier vida lejos de Jutlandia, por estar permanentemente envueltas en la memoria y en el legado religioso y de apoyo incondicional de su hacienda y vidas hacia los pobres de su pequeño poblado y a ese compacto grupo que constituye su parroquia luterana. Hasta que aparece Babette Hersant (Stéphane Audran), como exiliada francesa que lo ha perdido todo, por la represión de la Comuna de París, y les proporciona (a ambas) una ayuda material, una paz y una tranquilidad de alma y espíritu encomiables…; pero, cuando un día ella descubre que por fortuna ha ganado mucho dinero a la lotería, en lugar de regresar a Francia, pide permiso para preparar una cena de celebración del centenario del pastor, en agradecimiento a su larga acogida (catorce años), invitando a toda la parroquia; y lo que parecía que podría resultar un antro de pecado, donde la gula y los bajos instintos campasen por sus fueros, toma un rumbo inesperado… Es en la cocina de Babette donde encontramos el clímax de la película, pues se repira mucho amor y humildad.

Hay frases memorables de todos los personajes; pero destaco dos del General Lorens Löwenhielm. Si, al principio de la película, le dice una cosa a Martine respecto al amor que siente, cuando terminan la fabulosa cena, le expresa todo lo contrario… O la pregunta que este mismo personaje se hace, marchando en el carruaje camino de la cena, cuando se sincera con su tía planteándose si, habiendo tenido tantos triunfos y victorias en su carrera militar, no habrán sido más bien una derrota de su vida…

El filme deja, desde el punto de vista religioso, un agradable poso para reflexionar: contrapone lo espiritual (como es el camino para acercarse a Dios) con las emociones corporales (el deseo, el placer, el disfrute por la música…), que son los defectos que podrían apartarnos de los designios divinos. Es un sobresaliente drama filosófico y espiritual que equipara las delicias gastronómicas con la satisfacción del alma: invitandonos a disfrutar lo que la vida nos regala; aprendiendo los dones de saber dar y recibir, sintiéndose en paz con uno mismo.

También podría analizar el diálogo de cada uno de los personajes principales, pues todos nos van dando una continuada lección moral en la que pesa muchísimo la religión metodista y su concepción de la vida; como he tenido la suerte de apreciar en alguna que otra película de esta nacionalidad donde se nota ese característico lento tempo cinematográfico; el duro trabajo aquí, en la tierra, buscando la recompensa en el más allá; la intensa, profunda y sumamente psicológica tradición danesa; como en la película Ordet (‘La palabra’), dirigida por el cineasta danés Carl Theodor Dreyer en 1955, ya visionada en nuestro cineclub.

Gabriel Axel muestra su maestría empleando pocas palabras y desarrollando extraordinariamente el lenguaje no verbal: mediante una buena fotografía, describendo un ambiente donde muestra abnegación, sacrificio, obediencia, compasión, esperanza en el más allá…; logrando transmitirnos todo el arrepentimiento, la nostalgia y el conflicto de sus personajes.

El filme es un dulce para los sentidos que recomiendo a degustadores de platos cinematográficos exquisitos, pues envía un mensaje de optimismo y amistad, en contra de la represión sexual y del papanatismo de los radicalismos religiosos, que piensa que si algo te gusta es que será pecado… Aunque también podemos apreciar el mensaje subliminal de la austeridad que critica los lujos y vicios de las grandes ciudades, haciendo un canto a la felicidad, bajo la amargura, en lugares nórdicos tan remotos y agrícolas…

Tras desearnos feliz Navidad y un próspero y mejor año 2014, marchamos en grupos a nuestros hogares mientras compartíamos nuestras más intimas impresiones de esta fenomenal película, compensando así el cine fórum que no hemos tenido por las prisas y la falta de tiempo. Yéndonos con el regusto de saber que, cuando volvamos de vacaciones, nos encontraremos con un nuevo y apetecible ciclo cinematográfico: VIAJE A ITALIA; cuyo programa fotocopiado nos repartió Andrés a la entrada de esta sesión cinematográfica, adonde se nos anuncian cuatro interesantes filmes que proveerán de ilusión y sabiduría a la tribu de incondicionales cinéfilos que acudimos todos los jueves del curso para colmar nuestra (casi) opiácea afición…

Úbeda, 26 de diciembre de 2013.

 

fsresa@gmail.com

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