Pequeño almacén de especias, con jardín al fondo

Pequeño almacén de especias, con jardín al fondo

Para Andrea y Norah.

Los secretos jardines de la kasbah

donde los ángeles no fueron nunca

ángeles, sino niñas con trenzas y kaftanes

de vistosos colores:

niñas, ángeles, hadas

de cuentos europeos

que pintan en su piel

el hueco de las flores

que el viento de noviembre ha deshojado.

Los secretos jardines de los ángeles

que guardan las especias

tienen árboles mágicos

donde anidan las niñas o las hadas.

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Atardece en la medina de Fez

Atardece en la medina de Fez

Atardece sin horas concebidas,

sólo atardece,

y es un nuevo milagro

la luz sobre los muros.

En la lenta liturgia del ocaso

la blanda luz morada,

que como un mar inunda

las azoteas, cubre

la piel de las murallas,

al tiempo que se abren

las puertas de la noche.

La medina se enciende

con candiles y lenguas

de incienso y alhucema.

El paso clandestino del silencio

deja en el polvo de las callejuelas

el rastro de lo eterno.

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Ciego en la plaza Nejjarina

Ciego en la plaza Nejjarina

La luz eterna ‑dice‑,

la luz eterna. El ciego

desde dentro contempla

las lámparas que penden

como ramos de dátiles

encendidos, o lluvia

de centellas. ¡Piedad!

Las oraciones tiñen

de luz o de saliva

sus ojos sin pestañas.

La luz eterna ‑dice‑,

la luz eterna. Pasan

las sombras y muy dentro

del ciego

se encienden los pabilos.

Tiende su mano

y la limosna brilla…

por su ausencia.


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El ángel con las alas de rapé

El ángel con las alas de rapé

Para Salvador López-Becerra.

Delante de esta gente

que no sabe leer en nuestros labios

la historia que escondemos,

delante del dentista

que exhibe sus victorias

en la sucia vitrina

que da a la calle,

me pides que te bese.

Beso aljamiado. Punto

de cruz. Detrás la fuente.

Pequeños azulejos

de un sucio verde pálido

y un blanco descosido.

Gotea el agua. Cae

sobre nosotros una luz pastosa.

Un ángel salvador

con los ojos azules

nos ha robado el alma en una foto

y pide que sigamos

el rastro de rapé

que ha manchado sus alas.

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La madraza

La madraza

Para Naim, Karim y Omar.

¿Dónde dormirán esta noche

los ojos del muchacho que me dijo:

—Acompáñame

y será tuya la medina,

y cruzarás el mundo

de parte a parte

como un puñal traspasa una granada.

Sin mí, nunca saldrás

de este jardín perdido

con vísceras y cueros.

Ven, no pediré ni un dirham:

sólo quiero tu duda,

la luz confusa de tu pensamiento,

y ese temblor que noto en tu camisa

como si un pájaro pequeño

quisiera liberarse de su celda.

Yo aquí seré tus ojos,

y aquí puedes pasar la vida entera.

No preguntes mi nombre.

Hoy no,

mañana iré a la escuela.

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El río de las perlas

El río de las perlas

Para mi hija María del Mar.

Esas lanzas hundidas en el río,

llamas o estrellas derrotadas

de tallos desiguales,

fuegos que el río devora en otras luces,

peces o niños.

Perlas.

Tierra,

cielo y río. Memoria.

Hierve el agua del té,

brilla el orégano y la menta.

Un hombre duerme o muere

junto al fuego, y una mujer

florece junto al río,

con lanzas o puñales

en sus ojos de plata

o piedra consumida.

El silencio es un barco de papel

que lleva hacia el destierro.


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Último pensamiento o última cena

Último pensamiento o última cena

Que pasaría esta tarde

si el corazón dijera «¡Basta!»

y te quedaras sola

con el viento que azota al propio viento

en el desierto y sin lágrimas.

Después de la harira,

la carne de cordero con ciruelas

y los dulces lunares de turrón,

en verdad, en verdad te digo

que esta noche, mujer,

alguno de los dos

me habrá de traicionar.

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«À propos de nous»

«À propos de nous»

Hay diecinueve pasos

desde mi soledad hasta tu nombre.

Hay diecinueve espejos

con flores degolladas

‑equivocados pétalos sin sangre‑.

Hay diecinueve sábanas tendidas

con pinzas de zorzales

y tú, mientras se orea mi memoria,

recoges los limones

de las ramas más bajas

y zurces de amarillo

el sol deshilachado.

¿Apresar un recuerdo, para qué?

En otra habitación donde no duermes,

y yo he levantado mis murallas,

aún huele el azahar de tu silencio.

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Tu número de teléfono

Tu número de teléfono

Las claras horas de noviembre tienen

más profundas las aves, más discreta

la música, el azul más vaporoso,

las verdades dispersas, indultadas.

Escondidos están en las palmeras

tus sueños trastornados, mis delirios

de pobreza. Si a veces tú descuelgas

el teléfono para hablar contigo Continuar leyendo «Tu número de teléfono»