30 prosas de amor, 12

23-07-2012.
Se suceden los astros y mis días, como pañales de cera, como yeguas que aspiran a moverme de mi sitio, se suceden ‑ya digo‑ con algarabía y llanto, salamanca en tus venas, ¡qué bien que te lucías!, sólo sílaba tuya, la lava de las horas relata en su escondite que ya todo está hecho, o al menos casi, es el hervor de la arena que quema mis sandalias, cuando la otra orilla me llama, o al menos casi, con la dentera salival de estos días de fiebre.

Se suceden los gritos, la música y el fuego, como si fuera un jarabe que tomas muy deprisa, pero nadie parece querer correr el riesgo de apostar lo que siempre está perdido, y a veces me despierto con tantas horas tuyas echadas en mis alforjas que sucede que nada se sucede, me dices pesadillas, como un resto del último naufragio, así me vienes llena, mujer a la deriva.
Se suceden los versos en prosas desoídas, amor te digo, como si tú me oyeras, ya ves, son los poetas violadores de canciones que pierden sus sentidos, porque existen los húmedos caballos y me entran los celos del idioma, así sucede a veces, los geranios floreciendo en las charcas impotables, la mejilla de fiesta, herculeando el himno de la letra cronista.
Se suceden también los densos nubarrones, me gusta el cuadro ese de los potros salvajes, también el de tu abuelo, que te quieren comprar los mercaderes de altas galerías, y sucede que empiezo a estar hundido en tanta nota triste de odas adornadas, sucede cada día que muero por completo y entre las sábanas sudo mis miedos cotidianos a perderte, es decir, a que dejemos nuestra historia fatalmente inconclusa.
Aquella noche mágica de la fiesta de reyes con su hominal presencia… y aquel pregón de feria, abacial san mateo, borrado por las yemas de tu dedo inoportuno.
 

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