“Los pinares de la sierra”, 05

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

4.- El fraude.

Es muy sencillo. Cuando nos dio a elegir el tema, pensamos que hablar sobre “Los economistas clásicos, y las Leyes de Pobres en Inglaterra”, podía resultar interesante; y como el trabajo se podía hacer entre cinco alumnos, te llamé a casa varias veces, porque solo somos cuatro. Mira qué fácil hubiera sido ponerte a ti también, y te habrías librado del examen. Pero, claro, ahora es imposible.

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Emotivo e irrepetible adiós, que es ¡hasta siempre!

Por Fernando Sánchez Resa.

Y llegó, compañeros y amigos, uno de los momentos cruciales de vuestra vida: la esperada despedida de vuestro cole y de la docencia, con la ambivalencia y contradicción que conlleva, pues estaréis contentos por haber cumplido una bella y larga etapa profesional; y, a la vez, os sentiréis tristes y melancólicos por marchar hacia la nueva tierra prometida del que ningún jubilado realmente se arrepiente cuando conoce sus grandezas y alegrías.

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El turismo es un gran invento

Por Mariano Valcárcel González.

Dicen que Barcelona ha muerto de éxito y que sus habitantes naturales ya están muy hartos de sufrir este éxito asesino. Dicen que abominan del turismo masivo que lo inunda todo, turismo ciertamente en exceso democrático, sin clase ni componenda, sin pedigrí alguno y (lo que es peor para esos catalanes muy suyos) sin conocimiento ni ganas de conocer de la identidad y de las esencias catalanas.

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“Los pinares de la sierra”, 04

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

3.- El mejor método para copiar.

Hay que decir que entonces se nos permitía fumar durante los exámenes, y mientras el profesor escribía las preguntas en la pizarra, dándonos la espalda, él sacaba uno de los paquetes “iluminados”, lo dejaba sobre la mesa sin dar al asunto mayor importancia, copiaba el esquema correspondiente, encendía el cigarrillo y se guardaba el paquete. Era un método infalible, sobre todo, si se trataba de aplicar las complicadas fórmulas de los problemas de estadística. Así, a salto de mata, consiguió aprobar la mayoría de los exámenes parciales; pero llegó el mes de mayo, el tiempo se le echó encima y, como era de esperar, lo pilló el toro. Agotado el abanico de mentiras habituales, tuvo que inventar nuevas excusas para justificar sus faltas de asistencia y explicar por qué no había preparado algunas asignaturas. Dejó para el final Teoría Económica, porque era una asignatura de empollar, y confiaba en que el profesor le permitiría examinarse con los “libres”.

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“Los pinares de la sierra”, 03

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

2.- Tiempos de juventud.

Los alumnos que, como Paco, tenían trabajos con horarios complicados, vivían de la benevolencia de los compañeros que les dejábamos los apuntes, y les explicábamos los problemas de Análisis Matemático y Estadística. Yo lo tenía más fácil, porque salía del banco a las tres de la tarde y podía estudiar un par de horas en la biblioteca antes de clase; pero reconozco que Paco lo tenía más difícil que yo. Por eso, los primeros cursos de carrera venía a mi casa los sábados y los domingos por la mañana, preparábamos juntos las materias más complicadas; y, por la tarde, íbamos a bailar al “Club San Carlos” en la calle Mayor de Gracia ―donde actuaban Los Mustang―, o al “Nostre Mon” ―la sala frecuentada por Los Sirex en la plaza de Lesseps—.

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“Los pinares de la sierra”, 02

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

1.- El engaño.

En los primeros días del mes de junio, a eso de las nueve de la mañana, entre un tumulto de estudiantes, que intentaban llamar la atención de los camareros, para que les sirvieran el café con leche y el croissant, acodado en una barra rebosante de platos, tazas y cucharillas, en el bar de la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, fumando y sin dejar de mirar el reloj a cada momento, estaba mi amigo Paco Portela, alias “El Chirla”. Era moreno y menudito, de mediana estatura, con unos ojos grandes y avispados, una sonrisa franca y contagiosa, y ese salero tan especial que tienen los golfillos de las playas gaditanas. Nació en Puerto Real, un sencillo pueblo marinero de la bahía de Cádiz, sin más atractivos que un par de iglesias centenarias y “El Callejón del Arco”, típico lugar en el que los turistas se hacen una foto a su paso por la villa.

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La fotografía en Úbeda (Retratistas y Fotógrafos)

Por Fernando Sánchez Resa.

«El viernes que viene (26 mayo) estaré en el Club Diana complaciendo la petición del insigne y no menos preclaro ubetense, don Antonio del Castillo Vico. Seré breve y «ameno». Aquí os envío el cartel. Saludos», me decía, por correo electrónico, el amigo Juan Antonio Soria Arias (JASA, como también le gusta que le llamen).

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“Los pinares de la sierra”, 01

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

PRÓLOGO

A día de hoy, cientos de urbanizaciones en Cataluña continúan sin legalizar, a pesar de los esfuerzos de las distintas administraciones por resolver un problema de tan lamentables consecuencias. El fraude arranca en la década de los años setenta; cesó prácticamente con la llegada de la democracia y el resultado fue que miles de familias perdieron sus ahorros y se arruinaron, víctimas de la codicia de unos desalmados y de la indiferencia de una administración insensible a los problemas de las clases sociales más crédulas e indefensas.

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Oratoria

Por Mariano Valcárcel González.

En mis años infantiles, existía una misa dominical que la gente bien de mi pueblo no se podía perder; la oficiaba un sacerdote que tenía un pico de oro, siendo sus homilías muy seguidas, apreciadas y reverenciadas por ello; y por ello, la asistencia obligada a aquella misa en concreto.

Lo que aquel vate destilaba era erudición a chorros, doctrina nacional-católica en su total pureza y cierto aroma de florida poesía. Sus homilías debían llevar al éxtasis a más de un asistente (y al sueño también); y, creo especialmente, al género femenino. Esta referencia al género femenino tiene su fundamento, que el sacro orador, fuera del templo y bien a resguardo y curiosidad malsana, tenía otros rigores y necesidades mucho más mundanas y humanas, tal que luego se supo que había abandonado su tonsura y deber sacerdotal, para adoptar los deberes del cónyuge en sagrado matrimonio. Esto ya, en otra localidad, claro está.

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Exposición sobre Antonio Muñoz Molina

Por Fernando Sánchez Resa.

En una tarde súper calurosa del pasado martes, trece de junio, pórtico de la ola de calor que estamos atravesando en estos cerros de Úbeda y el resto de España, fui invitado, a las 20:00 h y en el renacentista patio de la Escuela de Arte “Casa de las Torres”, para asistir a la inauguración de la exposición Antonio Muñoz Molina. De Úbeda a Mágina, la forja de un escritor, que está financiada por el Centro Asociado “Andrés de Vandelvira” de la provincia de Jaén, en Úbeda, y promovida por la Fundación “Huerta de san Antonio”. Sus organizadores se propusieron añadir un reto más al conocido proverbio: Trece y martes, ni te cases ni te embarques”

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