Himalaya: un fabuloso mundo por descubrir…

Mientras la última tarde invernal iba cayendo lentamente en la Ciudad de los Cerros, mostrándose paradójicamente primaveral, la sala Julio Corzo del Hospital de Santiago se iba llenando de urbanitas porque, a las siete y media, se iba a inaugurar la Exposición “Fotografía de Domingo Expósito Cobo”, organizada por la Concejalía de Cultura del Excelentísimo Ayuntamiento ubetense.

El recinto se encontraba abarrotado de un variopinto público, pues todo el mundo quería empaparse del mensaje que este singularísimo personaje ubetense quería transmitirle. La expectación era máxima. Todos los presentes lo conocíamos por sus luengas y nevadas barbas; por su característica estampa personal que se pasea por los lugares más emblemáticos de nuestra geografía local y provincial; por la publicación de algunas de sus más impactantes fotografías en la portada de la revista semanal El Eco Callejero; por ser un destacado componente de la legión romana que en nuestra semana santa siempre acompaña a su Cristo de la Humildad… En este día de San José, Domingo se había vestido de gala: blanca indumentaria hindú con bordados carmesís; demostrando así su amor por esta atrayente cultura y su fuerza espiritual que busca alcanzar la perfección, constituyendo su karma personal, dotado de buenas acciones imposibles de eludir… Estuvo recibiendo en las puertas de este Escorial andaluz a cuantos fuimos a saludarlo (incluidas las autoridades), para compartir con él momentos inolvidables…


Fuerónse sentando en la mesa presidencial, de izquierda a derecha, mirando desde el público: el protagonista de la noche, Domingo Expósito Cobo; la Diputada de Cultura y Deportes por Jaén, Antonia Olivares Martínez; el alcalde de Úbeda, José Robles Valenzuela; la diputada jiennense de Empleo, Formación y Turismo, M.ª Ángeles Férriz Gómez; y la directora de la Guardería Infantil municipal, Gloria Romero, Presidenta de la Fundación Felí (bajo una gran cartela, colgada a su espalda).

Comenzó el anfitrión contando (con palabras entreveradas de música e imágenes) su condensada e intrépida vida desde que nació hacía 53 años, en este mismo hospital, que entonces ejercía como paritorio, y sus variadas aventuras viajeras por Egipto, Perú (Camino del Inca) y Nepal (cordillera del Himalaya). Con palabras sencillas, salidas del corazón, fue relatando, a través de impactantes imágenes, que se proyectaban en la pantalla que había sobre su cabeza, su primer viaje a Egipto, regalo de su hijo, hasta la última epopeya al Ama Dablam (Nepal), cuyo reportaje fotográfico veríamos a continuación en otra sala; transmitiendo su total enamoramiento de la naturaleza y de la montaña, a las que adora y quiere como a un Dios… Y como aquellas gentes le han pillado el corazón (aunque no se arredra ante nada…), quiso pedir subvenciones o ayudas al ayuntamiento ubetense, a la Diputación provincial y a cualquier ciudadano que se identifique con este proyecto solidario, pues al ser él un ciudadano de a pie que no tiene posibles económicos para realizar magnos proyectos solidarios, podrá servir de estandarte a nuestra ciudad y provincia en aquellos lejanos confines. 

A continuación, presentó a las demás personalidades de la mesa, agradeciéndoles su asistencia a este tan singular y emotivo acto para él; pidiendo al público, a su vez, que cuando visite su exposición deje un anónimo donativo para que Cáritas de Úbeda, en estos tiempos de crisis, pueda repartirlo a quien más lo necesite; por lo que rifará uno de los cuadros expuestos entre los que se apunten a ello.

Luego le tocó el turno a la presidenta de la Fundación Felí, Gloria Romero, condensando, en sentidas y sinceras palabras, el cometido de su ONG en el corazón de África y que ha continuado su labor solidaria en su proyecto “Olivares sin Fronteras” en Nepal, invitados por el montañero Domingo Expósito, que se encumbró a la mágica montaña Ama Dablam, situada en la parte este del Himalaya nepalí, llevando el nombre de Úbeda por bandera. Allí encontraron, durante un mes, la fortaleza y el pundonor de estas poblaciones asiáticas: como la niña que se levantaba muy temprano para que antes de irse al colegio tuviese segada mucha hierba para que la comiese el yak de su casa…

Ratificó la alta consideración y estima que se le tiene (a Domingo) en aquellas lejanas tierras: como si fuese un padre, un dios o el abuelo Domingo, ahora que va a ser abuelo, donde su franca amistad y especial cariño le permiten jugar y revolcarse con los niños de aquellas latitudes como si su infancia no se hubiese marchado.

Los tres políticos presentes hicieron gala de la amistad que les unía al anfitrión y del cumplimiento de haber acudido a su persistente llamada; estando dispuestos a ayudarle, en la medida de sus posibilidades, y expresando en sus discursos políticos la ponderación del personaje que los había concitado, comprometiéndose públicamente a ayudarlo, para que pueda socorrer a ese pueblo nepalí que le arranca tan buenas vibraciones interiores llevándole dinero, alegría y amor cada año…

Finalmente Domingo volvió a tomar la palabra para agradecer a todos los presentes su asistencia, especialmente a los de la mesa presidencial, invitando a todos a visitar la exposición que a las ocho treinta tenía prevista su inauguración en la sala Juan Esteban…

Allí nos tenía preparada una magnífica y luminosa colección de fotografías ecológicas y montañeras, además de una grata sorpresa: el reparto de pastas con té (al estilo moruno o hindú, según se haya mezclado con agua o leche), en unos graciosos y pequeños tazoncitos de cerámica, que el visitante podía llevarse de recuerdo; todo ello de una manera graciosa y gratuita, ayudado de unas amables azafatas que ofrecían refrigerio y sonrisas a partes iguales…

Como había mucha gente en la exposición, que casi nadie se podía rebullir, aconsejo al personal visitante (entre los que me incluyo) volver a pasarse por la sala antes de su cierre (13 de abril, en horario de mañana y tarde), para que, de una manera más sosegada y atenta, el propio autor les vaya comentando ‑cual gurú que ha hollado esos caminos y senderos‑ cada una de las fotografías, que constituyen su particular visión del Himalaya, y que han conformado su yo interior, descubierto por doble camino: en la ascensión a la diosa montaña, a la que siempre hay que respetar; y mediante la convivencia con los pueblos que viven en sus aledaños, curtidos por la dureza del clima y del medio que los hace ser fuertes, invencibles al desaliento y felices dentro de  su propia pobreza y grandeza…

¡Cuánto deberíamos aprender los habitantes de este primer mundo, que nos ahogamos en un vaso de agua con cualquier problemilla que se nos presenta, siendo más solidarios con los que tienen menos…!

Úbeda, 19 de marzo de 2014.

fsresa@gmail.com

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