La bioquímica del amor

Platón en El  banquete habla de la «divina locura» que es el amor. Hipócrates, de desequilibrio de humores. ¿Es el enamoramiento una enfermedad del cerebro?

El amor es un eje alrededor del que gira nuestra vida entera: amar y ser amados, bajo las diferentes declinaciones del amor. Miedos de ser abandonados, las heridas del mal de amor, la mordedura de los celos, deseos de posesión, odios, venganzas… O, por el contrario, éxtasis, momentos de paraíso en la tierra.

Todo ello tiene que ver con la bioquímica del amor. (¿Sólo con ella?). Analicemos un fenómeno particularmente ilustrativo.

El enamoramiento

El enamoramiento sudáneo dispara una reacción en cadena en distintas áreas de la corteza cerebral y, quizás más importante, en regiones subcorticales más primitivas. Justamente: este llamado cerebro reptiliano (MacLane) lo compartimos con especies inferiores. Constatamos grandes similitudes entre nosotros y esos animales en todos aquellos procesos que son predominantemente emocionales. Lo que sugiere además que los sistemas implicados en el amor humano son resultado de la evolución y de perfeccionamiento durante millones de años.

Vamos a resumir el tema de la bioquímica del amor, porque no se trata aquí de presentar una lección de fisiología, sino de sentar unas bases para, en otro capítulo, plantearnos interrogaciones a un nivel más generalmente asequible, digamos, filosófico.

Las etapas canónicas del enamoramiento, el flechazo

Nuestros órganos sensoriales, vista, oído, olfato, tacto, nos envían separadamente una pluralidad de señales relativas a la persona amada, que van a ser integradas rápidamente a lo largo de trayectos que pasan por la amígdala, la formación reticular, etc., y que van ser tratadas por los importantísimos núcleos caudados (caudate nucleus). Estos núcleos caudados están situados en una parte central del cerebro, que hemos llamado reptiliana. ¡Que ya existía en especies anteriores a los mamíferos!

Las imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional nos demuestran que existe efectivamente una hiperactividad en esa zona, cuando a las personas «enfermas de amor» se les presenta una foto de la persona amada o se les hace oír su voz.

¿Por qué caemos enfermos de amor?

Los núcleos caudados, el área ventral tegmental, el llamado circuito de Pappez… y otras zonas cerebrales tienen una enorme importancia en los procesos de autoestimulación, en el placer, en el reforzamiento de las repuestas. Y, muy importante, en la producción de neurotransmisores como la dopamina, la norepinefrina y otros neurotransmisores de los que ya hablaremos.

Es indispensable, en nuestra reflexión, poner en evidencia que estas funcionalidades cerebrales nos son comunes con especies animales inferiores. Están ligadas tanto en ellas como en nosotros al instinto más radical, la supervivencia, cuyos mecanismos son reforzados por los circuitos de recompensa y de placer. Es de ahí de donde nace el violentísimo instinto de perpetuación de los propios genes, es decir, la procreación. Ese instinto se ha visto reforzado desde el fondo del tiempo a través de las especies que nos precedieron en la evolución. Así, las raíces biológicas del amor se hayan entroncadas en los mecanismos cerebrales más profundos y, por eso, pueden desencadenar verdaderas tempestades electroquímicas en el cerebro. El cerebro explosionaría a menos que la racionalidad neocortical no lo frenase.

Curiosamente, en situación de amor frenético, la corteza órbitofrontal, a lo que parece, baja la guardia. Está desactivada. La capacidad crítica del enamorado disminuye o se anula. El pensamiento racional se amengua. Y esa energía explosiva que proporciona la sobreabundancia de dopamina lleva a actitudes frenéticas, irracionales y obsesivas.

I. LAS VARIAS FORMAS DEL AMOR

Se trata de una distinción que ya Platón reconocía en El banquete y que recogen autores científicos actuales como la americana Helen Fischer y, más recientemente, Bartel y Zeki, neurocientíficos británicos. Las tres variedades del amor de pareja responden a un esquema simplificado de las fases habituales en el amor de pareja que son: amor erótico, enamoramiento de la persona y apego a largo plazo de la pareja.

A) Amor erótico

Deriva del instinto de supervivencia de la especie. El amor erótico no busca tanto el compañero cuanto el encuentro físico. Responde a un impulso gobernado por los niveles de testosterona y estrógenos. A más alto nivel, más deseo sexual. La libido decrece con la edad.

B) Enamoramiento

Es una etapa de la evolución que aparece para favorecer la monogamia como manera eficiente de uso del tiempo del encuentro físico, e igualmente para una mayor protección de la progenitura.

Desde el punto de vista de la neurología cerebral, esta etapa se caracteriza por altos niveles de varios neurotransmisores, particularmente la feniletilamina, la dopamina, la serotonina, la norepinefrina y el llamado factor de crecimiento del nervio (NGF). Los niveles inhabituales de esas moléculas son responsables del embaucamiento amoroso.

Globalmente, estas sustancias pueden ser tan adictivas como las anfetaminas. Los escáneres y la resonancia magnética funcional muestran que los cerebros de los enamorados se “encienden” de forma idéntica a la de los consumidores de cocaína. Tanto con la droga como con el amor la adicción implica los consabidos ciclos: necesidad, sufrimiento cuando se les retira el objeto del deseo, y recaída cuando el objeto de la adicción reaparece. En ese momento, curiosamente, los niveles de dopamina y de norepinefrina aumentan.

La fase de enamoramiento perdura, de media, unos dos a tres años según algunos estudios estadísticos.

C) Apego a largo plazo

En esta fase de las relaciones humanas, las parejas se ligan y consolidan acompañando el crecimiento de los hijos. Los estudios muestran que, mientras dura esa convivencia, el hipotálamo e hipófisis secretan, en particular, hormonas como la oxitocina y la vasopresina.

II. LAS MOLECULAS DEL AMOR

Feniletilamina

La llamada molécula del amor acelera el flujo de información entre neuronas.

Es responsable de esos estados de alma del enamorado que los literatos describen en sus novelas y piezas de teatro o de cine: hiperactividad, falta de apetito, insomnio, etc. Los síntomas del enamorado se parecen al que ha ingerido altas dosis de anfetaminas. Afortunadamente (?), el nivel de feniletilamina tiende a disminuir al cabo de unos dos años (!), coincidiendo con la primera crisis en algunas parejas.

Dopamina

Cuantitativamente, es quizás la más importante sustancia química, neurotransmisor, por el alto tenor que aparece en los enamorados. Es también una hormona producida por el hipotálamo.

Aprovisiona en energía, necesaria para el movimiento. (Su deficiencia causa la enfermedad de Parkinson).

Moviliza el cerebro para reconocer, buscar y perseguir el placer.

Estimula el deseo sexual y aumenta el nivel de testosterona.

La dopamina, en cantidad suficiente, procura un estado emocional muy elevado, especialmente apetecible y muy adictivo. Está muy presente tanto en los que abusan de las drogas, anfetaminas y cocaínas, como en casos de hipersexualidad.

Serotonina

Es conocido por los especialistas el efecto de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, la familia de los ISRS. La depresión, en sí misma, puede disminuir el deseo sexual; pero la libido decae con la ingesta de antidepresivos como Prozac, Zoloft y otros inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. De donde se puede concluir el efecto, al menos coadyuvante, de esta molécula sobre la libido.

Oxitocina

Es liberada por la parturienta en grandes cantidades, para facilitar el trabajo del parto, así como, después, para desencadenar la subida de la leche materna. Pero, además, los investigadores han encontrado que esta molécula, aparte de “acompañar” (¿generar?) el instinto maternal, está asociada a la atracción entre dos personas, en particular el apego de las parejas longevas.

Paul Zak, en su libro The moral molecule, describe el papel de la oxitocina en el desarrollo de la confianza y el apego entre humanos.

Los biólogos la han encontrado en otros mamíferos y la han identificado como indispensable para las atenciones a las crías.

Explica Zak que, cuando confiamos en otras personas, nuestros cerebros fabrican oxitocina. Más aún, que mediante ella nos es posible inducir a la persona a confiar en los demás sin apelar a facultades cognitivas. Basta con administrar un producto farmacéutico que contenga esta molécula.

La confianza es una especie de aglutinador social. Así pues, ¿nos hace más amables, generosos y morales la oxitocina? Hoy es ya comercializada con estos fines. (Consulte internet, el que se interese en conocer la farmacología pertinente).

III. LA INVESTIGACION EN EL SIGLO XXI

Interrogaciones ulteriores de carácter general

▪ Regiones y neurotransmisores en el cerebro que controlan las diferentes emociones.

▪ Actividades y tratamientos que afectan a las emociones.

▪ Cómo las emociones afectan los sistemas inmunitario, cardiovascular y endocrino.

▪ Por qué las emociones afectan a las personas diferentemente.

Efectos terapéuticos de la bioquímica

Los investigadores afirman que el amor no es una incomprensible emoción pasajera sino que se apoya en mecanismos cerebrales altamente complejos de conexiones neuronales y potentes neurotransmisores. Por consiguiente, desvelarlos esos mecanismos permitiría tratamientos y terapias que mantengan a la larga las relaciones de pareja, o que alivie las depresiones tras las rupturas y tras los duelos. Además, el conocimiento de la mecánica del amor hará mantener la cabeza serena a los que sufren de los males de amor que conlleva el encandilamiento.

El objetivo de las neurociencias del XXI va a ser

1) Desarrollar tratamientos para las patologías afectivas como el alucinamiento, la ansiedad, la depresión. Aumentar la resistencia a las enfermedades, y promover la salud mental.

2) Identificar las relaciones de causa a efecto que provocan las emociones y las “enfermedades del alma”. Si esto se consigue, ¿no estamos ya en los umbrales de la filosofía? ¿De una antropología nueva a construir?

NOTAS FINALES

1. ¿Las declaraciones de amor de nuestros nietos en el XXI sonarán así?: «Mira, mi amor, me estás haciendo subir los niveles de testosterona, de feniletilamina y sobre todo de dopamina, por no hablarte de la subida de oxitocina cada vez que rozo tu mano».

2. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que en el XXI a algún Gran Hermano se le ocurra añadir oxitocina al agua en las cañerías para favorecer el entendimiento entre los humanos?

bf.lara@hispeed.ch

Deja una respuesta