Anatomía de una imagen

Se van muriendo los leones de la política española. Políticos de raza, de pasión, ambiciosos, maniobreros, intuitivos y a la vez fríos y calculadores. Pero ante todo, valientes. Sabían lo que tenían que hacer y cuando se le demandaba, siempre en el servicio de todos los españoles, sin anteponer ni sus ideas personales, ni sus creencias, ni los intereses limitados y parciales de sus seguidores o sus partidos.

Políticos que ya no tenemos (al menos en activo).

Mueren los grandes a los que previamente ya habían matado los mediocres, los mandados, los nulos.

Salió por el foro Carrillo, ¡qué historia sobre sus espaldas, qué vida, qué errores!, ¡pero qué papel tuvo en la Transición! Sale Suárez. Se lo llevaron por delante sus mismos colegas del partido que le hicieron la vida imposible por mera ambición o siguiendo consignas, se lo llevaron por delante los franquistas que no le perdonaron nunca su traición; porque es verdad, Suárez traicionó al franquismo (más a los militares franquistas) del que procedía, en aras de construir lo que luego se vino a decir la Transición (pues era lo más opuesto a una ruptura y lo más seguro para mantener parte del edificio anterior, lo que no estaban en condiciones de entender los ultras). Él y Carrillo quedaron unidos para la Historia en una tremenda imagen. Hubo en la misma un tercero, compartiendo el honor.

Celebran con paella y comida solidaria la fecha en la que se obtuvo esa imagen, los afines a quien la generó, los que admiran a Tejero. Como si aquello les recordase un hecho positivamente memorable, como si debiesen reivindicarlo, como si fuese fuente de orgullo. La anatomía de esa imagen (parafraseo a Cercas) es muy importante, es verdad, pero no por lo que ellos vindican, ¡qué equivocados…!

“El honor es mi divisa”, lema de la Guardia Civil, pero en esa imagen se muestra el pisoteo del honor. No entenderlo así es quitarle cualquier importancia y significado.

Pasando por alto la cuestión de golpe de Estado, del atropello vandálico al Congreso de los Diputados, pasando por alto la grave importancia que ello tenía, la foto, la imagen, se centra en un hombre vestido de paisano, pero que en realidad es un general, y que, erguida su esbelta figura, reclama el comportamiento disciplinado de ese teniente coronel que lleva la pistola en la mano y de sus secuaces armados. La imagen muestra al Presidente hasta entonces del Gobierno intentando evitarle a su vicepresidente males mayores. Esta imagen huele a pólvora.

 

La foto se congela en un gesto de incredulidad, de estupor, de vergüenza, cuando el teniente coronel trata de derribar con una zancadilla por la espalda al anciano general, que se defiende del ataque resistiendo en su lugar, de los de delante y del de atrás. Al general no lo tumban.

No sé si lo anterior es para celebrar algo; yo no lo creo. La imagen es la imagen del deshonor y de la vergüenza; y algunos de sus protagonistas debían haberlo entendido así. Entiendo que a Tejero, tan católico, lo hayan absuelto en confesión (tal vez su propio hijo, el cura), pero falla la penitencia, que debió ser el pedir perdón al menos al general ofendido. Por otra parte, el amor filial no debe interferir en el honor de cuerpo, en el honor militar que creo que el oficial perdió en el mismo instante y que ya no se le puede restituir por muchas comidas en cuarteles que se le den.

Antonio Tejero es católico practicante; también lo era Adolfo Suárez. Pero qué concepción tan distinta de esa creencia y su interferencia en sus deberes institucionales. De haber sido pareja, en los dos o el Presidente nunca hubiera llevado a cabo la labor titánica que su sentido del deber político le dictaba como lo mejor para España o el guardia civil no se hubiese prestado nunca a ser el instrumento efectivo de un golpe de Estado.

Sus personas coincidían con la pertenencia y práctica del catolicismo, pero distaban en la utilización de la misma, como si en verdad se tratase de dos religiones distintas. Esto lo creo personalmente, que ese catolicismo no eran igual, que les era diametralmente opuesta su concepción, como sucede en muchos otros.

Suárez se fue hace muchos años en la tristeza mental sobrevenida, tal vez acelerada, por la traición o el desafecto de los que un día fueron los suyos. Ahora se ha ido físicamente. Y la memoria tardía, pero cierta, despierta, y la verdad prevalece y el honor aumentado en esa foto citada, con Mellado, con Carrillo, es su divisa y su legado. El otro ahí está con sus aduladores, cerrado en el círculo de sus hechos muertos, de sus tiempos pasados, de su triste honor mancillado que no limpiará por mucho que lo intente.

Hay una imagen testigo que lo perseguirá para siempre.

 

marianovalcarcel51@gmail.com

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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