La niña más sencilla y delicada

Esto era una vez…

Una niña que, bajo su manto de timidez, albergaba un valioso mundo de fantasía y buen hacer; además de su genio particular… Era la sencillez personificada… Muy agradable en el trato, con una voluntad de hierro (forjada, desde siempre y, especialmente, por su madre, que bien supo guiarla por los derroteros de la vida y sus encrucijadas…).

Le encantaba leer y escribir, pues se bebía los libros y hacía unos cuentos y redacciones que hasta su maestro ponderaba…

Tenía varias amigas incondicionales y, principalmente, a su hermana que le servían de sostén diario, haciéndole la vida más agradable y divertida.

Por ello, fue creciendo (más rápido de lo previsto, como siempre suele ocurrir…) en ese ajardinado mundo florido de su infancia, donde la amistad, el buen hacer, el trato exquisito a sus compañeros y a todo tipo de personas, hicieron de ella una joven bella y educada, que cogió la senda del estudio y la práctica del teatro; hasta que consiguió su merecido trabajo; uniendo su vida a su querido amor, formando una sencilla familia que irradiara los mismos buenos servicios que sus padres le habían inculcado: mostrar a sus hijos el camino correcto en la vida; y llevándolos a su colegio de la infancia, que tan buenos recuerdos y enseñanzas le traían…

 

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