La cofradía de mi padre, y 2

Por Fernando Sánchez Resa.

Espera y calma se aúnan, mientras el penitente va cargando el incensario. Sale ahora a costal, con el paso característico, la bella imagen de la Virgen de las Angustias (tan amada y admirada por mi padre), cuyo capataz, que al lado tengo, exclama:

—¡Vamos a paso normal; pararse ahí…!

Y el silencio se rompe por la banda que interpreta la famosa marcha Angustias de don Victoriano García, triste y dolorida, llorosa, evocadora del momento que estamos viviendo todos. Tras los efusivos aplausos, el capataz ordena:

—Parar ahí; ahí se queda.

Y, con el llamador, da un fuerte golpe final.

Nuevo toque triste de trompetas acontece en el epicentro procesional: la puerta sur de San Isidoro, con la Virgen de las Angustias, hiératica y descansando. Después, el capataz da tres golpes de llamador y un costalero, que anda averiado con su muleta, arenga a sus compañeros por el ventanillo frontal del trono:

—¡Llevad a vuestra Virgen como nunca…!

Y termina exclamando un fuerte «¡Viva la Virgen de las Angustias!», que es coreado por sus compañeros costaleros y todo el público; y él mismo da un golpe de llamador para que se produzca la levantá, que es respondida con su aplauso correspondiente.

 

Ahora toma la marcha segura y bailada, mientras da la vuelta a la calle Cronista Muro, en busca de la calle Cronista Cazabán, con esos trompeteros fijos que me ponen el vello de punta y esos redobles de tambor que vuelve a a conmoverme, y que me evocan el silencio y el recuerdo de mi padre (y el de todos los cofrades fallecidos), embargándome plenamente. Tengo muy presente el hábito penitencial de su cofradía, hecho por mi madre cuando todavía eran novios (y que le ha durado toda la vida); y con el que se le amortajó, según su expreso deseo, para poder presentarse al Altísimo en los Campos del Edén…

Sigue el redoble bronco y monótono de los tambores, sonsacando sentimientos y emociones a los presentes; unos, viviendo la fiesta como una más; otros, sintiéndola como una conmemoración de la auténtica y renovada Pasión de Cristo.

Ya, el sombrero no me hace falta, pues el movimiento de la órbita del sol, con tal de seguir a Jesús, se ha desplazado y el árbol me ha cubierto de sombra.

 

Vuelven las trompetas tristes a sonar («¡Que te van a ver, que te han visto ya; que como te vean, te van a matar…»; según me enseñaron de pequeño), ante el trono de Las Angustias. Hay gente que, habiendo acabado el espectáculo plástico, se ha marchado bruscamente, mientras otros permanecemos hasta el último momento, esperando un milagro, como María en la Resurrección de su Hijo, o el que acontece frecuentemente: el milagro cotidiano de la vida y del amor fraterno.

La banda de La Columna, con su negra indumentaria, marcha detrás y la voz de «Al cielo con Ella» es la orden que sirve para animar la última levantá, antes de hacer el largo recorrido que supone ir hacia Santa María de los Reales Alcázares, cual alegoría del mismo peregrinaje que vamos haciendo cada uno de nosotros cada día.

 

Las guapas y devotas mantillas ya se han ido mezclando entre la comitiva procesional. Ahora recuerdo los muchos rosarios que regaló mi padre a la cofradía ‑benditos por su párroco de entonces (don Robustiano Gallego Muñoz)‑, para que las mujeres de mantilla los luciesen en la procesión, si hacían firme promesa de ir rezándolo con él; por eso, mi padre enfocó su habilidad manual durante muchos años a la confección de este bello símbolo cristiano, del que era muy devoto.

Conforme vaya avanzando la imagen de Las Angustias por las calles de Úbeda, irá disminuyendo la gente que espera su paso, pues muchos, ya cansados del ajetreado día, marcharán a reponer fuerzas alimenticias y/o descanso, ya que otras cofradías pedirán también su ración de tiempo y atención en este hermoso Viernes Santo, tan completo y agitado, que vivimos todos los que amamos nuestra Semana Mayor. Pronto llegará la Soledad y el Santo Entierro, con su Procesión General, pues (gracias a Dios) este año parece que se va a celebrar sin tropiezos de lluvia o mal tiempo. También llegará el Domingo de Resurreción para ver a Jesús Resucitado (nuevamente) por nuestras calles, enseñoreándose, con júbilo y alegría, cual característico y genuino mensaje cristiano…

Úbeda, 3 de abril de 2015.

fernandosanchezresa@hotmail.com

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