Los “duendes” del hospital

Presentado por Manuel Almagro Chinchilla.

Para que nada se quedara en el tintero; o para ser más exactos, en el teclado de su más que veterana máquina de escribir, nuestro buen amigo Ramón Quesada aborda los fenómenos paranormales. ¿Dónde ocurren estas manifestaciones? Pues en el hospital de Santiago, testigo mudo de tantos y tantos acontecimientos calamitosos que han sucedido entre sus muros en los cuatrocientos años, exactos, que ha estado abierto al servicio de la sanidad pública ubetense (1575‑1975). Son unos acontecimientos en los que mucha gente no cree, como es el caso de Ramón; así lo dice en su artículo. Aunque, analizando su escrito, me atrevo a certificar que le pasa lo que aquel buen gallego, cuando le preguntaron que si creía en las “meigas”, a lo que respondió sin la menor dilación: «Creer non creo, pero haberlas haylas».

Asunto este que, llevado a la novela por escritores como Edgar Allan Poe o Agatha Christie, hubiese hecho a sus autores vender muchos ejemplares. Pero, si el titular se puede considerar de asombro, de esos incluso que ponen los pelos de punta o la carne de gallina, mucho más –pensamos‑ ha conseguido su significado.

Seguro que con ello no intentamos emular a los novelistas arriba indicados, pero sí hacer una referencia de unos “sucesos” que, desde que se clausuró el Hospital de Santiago de Úbeda, cansado desde entonces del olvido estatal, vienen ocurriendo dentro de sus cuatros muros.

Milagros en 1967 y 1976

Cuando en 1967 se marcharon para no volver las religiosas de San Vicente de Paúl, del altorrelieve que representa la figura en piedra del apóstol Santiago, colocado sobre la puerta principal de este edificio renacentista del siglo XVI, se desprendió la espada de hierro que en su diestra sujetaba la figura ecuestre del hijo de Zebedeo. Un “milagro”, según algunos, que desde entonces no deja de referirse en Úbeda.

Otro “milagro” fue el acaecido el año 1976, precisamente el mismo día en que se conmemoraba la festividad del patrón de España. Esta vez, del mismo altorrelieve, cayó al suelo la mano que antes había sido la tizona, con el consiguiente susto e intranquilidad de los funcionarios municipales que en las oficinas interiores se dedicaban a tareas cotidianas.

Recordando aquel primer suceso y ahora este segundo, se empezó a especular, a asociar cábalas y fantasías, hasta que muchos, sobre todo los beatos y beatas, comenzaron a murmurar oraciones y plegarias destinadas a Santiago y a don Diego de los Cobos, fundador y protector del suntuoso edificio conocido como “Escorial de Andalucía”.

Una campana tañe sola

Pero no paró o no ha parado ahí la cosa. El día 25 de julio de este mismo año, festividad también de Santiago el Mayor, varias personas dignas de crédito, sobre las tres de la madrugada, oyeron que una campana de una de sus torres posteriores tañía sola. Caso extraño, ya que este monumento, declarado de interés nacional en 1917, se encontraba y se encuentra vacío desde varios años antes y sólo en su planta baja está radicado el cuartelillo de la Policía Municipal.

Un niño que llora

Y, para colmo, hace unas fechas, sobre las dos de la tarde de este verano caluroso, también en una de sus torres traseras, se escuchó el llanto de un niño de dos a tres meses de edad. Como coincidencia, alrededor de este edificio no tenemos noticias de que existan hogares con niños de esta naturaleza. ¿Qué dicen algunos ahora? Pues que por este severo monumento vandelviriano del Hospital de Santiago, por sus amplios corredores y espaciosas salas, se pasean a su antojo los duendes de no sabemos qué antepasados.

Una explicación

Para nosotros, que por supuesto no creemos en fantasmas ni aparecidos, pensamos que todo esto tiene una explicación más o menos lógica, si es que aquí puede haberla. ¿Que se desprendieron la espada y la mano del santo? Los años y nada más que los años, aliados con una talla de piedra de cantería erosionada. ¿Que tocó sola la campana? Pues, pudo ser debido al revoloteo de alguna paloma que en los campanarios anidan, asustadas por algo que provocó con sus alas el movimiento del badajo. ¿Que en la torre lloró un niño recién nacido? Las dos últimas torres de las cuatro que el hospital tiene están próximas a la calle Victoria, en un amplio sector donde no existen viviendas, pero que siendo una calle muy frecuentada incluso a esa hora del almuerzo, puede que alguna señora pasase con su hijo y al recién nacido le viniese en gana llorar a pleno pulmón. El viento, trayendo este sonido humano, también pudo jugar una baza importante.

En definitiva, “misterios” de novela y aquelarre que en realidad no tienen una explicación que satisfaga a nadie, y menos a este colaborador del Diario Jaén, desconfiado de nacimiento.

¿Habrá en lo sucesivo más “milagros” o “misterios”? Al parecer, los “duendes” y las mentes siguen teniendo vigencia, y quién sabe si no tendremos otra vez que ocuparnos de nuevos sucesos del Hospital de Santiago de Úbeda. No nos gustaría, la verdad; preferimos otros temas.

(12‑08‑1979).

 

almagromanuel@gmail.com

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