El coste de un sueño

Empecemos a ser serios. Y a plantear las cosas en sus términos reales. Vamos a contar verdades…

Parte del pueblo catalán, inducida por parte de sus políticos, quiere independizarse. Estado con entidad propia, segregado del español. Vale.

Como, utilizando los mecanismos legales y comunes, en España no se puede hacer, habrán de ir a los hechos consumados, a la declaración de independencia unilateral. Entre el modelo de secesión adoptado en Checoeslovaquia (secesión de Eslovaquia) y el que se utilizó en Yugoeslavia, incluso el que supuso la escisión de la URRS, Cataluña optará por la aventura que tenga peores consecuencias.

La cuestión, pues, es si la secesión sería pacífica o no, según se fuesen comportando ambas partes. El gobierno central, si se atiene en exclusiva a lo que dicta la actual Constitución, tendrá que actuar de forma coercitiva, apelando a la fuerza para impedir la separación; esto nos podría situar en el peor de los horizontes. Me reservo, por ahora y ante el supuesto “tancredismo” de Rajoy, lo que pienso a este respecto.

Si la independencia se diese por inevitable y no se utilizase la fuerza para impedirla, tendríamos, forzosamente, que plantearnos, desde el resto del territorio español, ciertas cuestiones. Porque es absurdo el sueño (o la mentira) de que, a pesar de todo, las cosas quedarían tal cual; que la Cataluña independiente sería nuestro socio más fiable y privilegiado; y que las relaciones de todo tipo no tendrían que sufrir merma ni interrupción alguna… Siendo así, cabría hacer esta pregunta: «Entonces, ¿por qué quieren independizarse ustedes?».

Sería absurdo que el resto del Estado obrase como si nada hubiese pasado. Todo tiene su coste y el coste para la independencia (o tras la independencia) habría de pagarse. Pretender lo contrario es tomarnos por tontos y eso parece que lo intentan los independentistas catalanes, cuando así lo declaran (con su media y cínica sonrisa). ¡Vamos, que aquí no va a pasar nada!

Aparte de las dificultades, que a nivel internacional se les suscitarían (esto no es el siglo XVII o XVIII; ¿a qué potencia le interesa Cataluña independiente?), están las cuestiones prácticas de pertenencia, o no, a organizaciones supranacionales. Y las cuestiones prácticas de sus relaciones con la antigua “metrópolis”…

De todo tipo habría problemas. Sí, cierto, para todos; pero el resto del territorio estatal podría difuminarlos o diluirlos; mas, en el Principado, se notarían más agudamente. Me atrevo a desgranar algunos:

  • Primero, el encaje de la población “española”. ¿Qué harían: obligarles a una total asimilación o a la renuncia a su nacionalidad, separando así familias, amigos?; ¿obligarles al exilio, si no lo aceptasen?; ¿habría limpieza étnica?; ¿pedirles la doble nacionalidad…?
  • Segundo, las comunicaciones territoriales. ¿Se cortarían las líneas del AVE o se ralentizaría su eficacia al sufrir controles fronterizos necesarios?; ¿acabaría el puente aéreo Madrid‑Barcelona?; ¿se interrumpiría el desarrollo del corredor mediterráneo…?
  • Tercero, el capital y las inversiones. ¿repatriarían las inversiones y depósitos situados en el resto del territorio hacia Cataluña?; ¿se bloquearían los que tuviesen los catalanes fuera?; ¿no sería inevitable un sinfín de gravámenes y aranceles, impuestos especiales, tanto de una como de la otra parte, cargando con menos competitividad y rentabilidad la producción y el comercio?

Vean que el aspecto impositivo y económico, que resultaría, no es como para quitarle importancia. Tocante a los capitales e inversiones, ¿qué pasaría con La Caixa, por ejemplo? Si de empresas y producción se habla, ¿qué decir?; ¿se asegurarían las fábricas catalanas la salida de su producción al mercado español (creo que es más del 60%)?; ¿se mantendrían allí las sedes o las matrices de las sociedades que operan en el resto del territorio, o se trasladarían a la vista de la pérdida de negocio (algunos ya lo han avisado)…?

Repito: es absurdo pretender que, tras la salida unilateral (y temo que por las bravas) de Cataluña del resto de España, se pretenda que aquí no ha pasado nada y pelillos a la mar… Que es un engaño burdo es evidente, menos para los que se están dejando llevar del «¡Ahora o nunca!», aprovechándose de la inutilidad de unos gobernantes y de la inmoralidad general de los políticos y de esta sociedad corrompida, en suma, aprovechándose de la evidente debilidad del Estado. Pero el querer no tiene por qué ser necesariamente el poder, ni lo deseado ha de constituirse en lo mejor ni más conveniente.

Yo quisiera, modestamente, que mis palabras volasen más alto; que alguien con cordura las difundiese para que sirviesen de algo… Independizarse para quedar como se está… ¿tiene algún sentido? Temo que saben (aunque pregonen lo contrario) que, hasta ahora, su situación ha sido dominante, fuerte, beneficiosa para ellos; que no han salido perdiendo con la unión; que tal vez nos sean imprescindibles (sólo «tal vez», digo) y por ello juegan, fuerte, al órdago que no podríamos rechazar y que acabaremos aceptándoselo. Lo acepto: sea. Mas hay matices…

Una oportuna aclaración: esto no es Ucrania, ni Rusia ni Crimea. Lo de Crimea, al fin y al cabo, es meramente una anexión y recuperación de un territorio que ya fue ruso.

 

marianovalcarcel51@gmail.com

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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