Quien juega con fuego, se quema

Jugar con fuego siempre resultó peligroso.

Y lo normal es que quien ello hace, se queme. La inconsciencia estriba en no darse por enterado de lo anterior. Porque una cosa es la pericia, la técnica y otra la inconsciencia. El especialista sabe a lo que se atiene y procura siempre estar prevenido, tener el espíritu alerta, tomarse las debidas precauciones. Cuando un experimentado sufre un accidente es porque hubo exceso de confianza, por la rutina del ejercicio que baja la guardia (que debería serlo al revés, que la rutina siempre debiera ser la misma e inalterable), por otras circunstancias que anulan lo anterior.

El que no lo es, quien no sabe o no tiene práctica, se expone a las consecuencias. Y, si ello es así, quien no domina un tema no debiera abordarlo.

Pero andamos rodeados de inconscientes, inexpertos o arribistas que van de sobrados por la vida o que juegan con ese fuego, tratando a ciencia cierta de iniciar un incendio, más o menos controlado (o sabiendo que no se podrá controlar), para presentarse luego como bomberos. Y en esto tampoco tienen conocimientos.

Tenemos, pues, pirómanos versus bomberos, que están yendo demasiado lejos en sus juegos.

Se está jugando peligrosamente. Creo que en algunos sectores, a conciencia. Y que, a conciencia, han decidido ir para adelante con sus manipulaciones, tal vez pensando que, una vez surgidas y obtenidas las consecuencias, puedan controlar los llamados “efectos colaterales”…

Nuestros políticos (fundamental y básicamente de la derecha) están discurriendo por un camino de destrozos absolutos. Y parece que lo hacen sin temer las consecuencias, de las que no creo les sean desconocidas o imprevisibles. Y, si pueden tener ciertas previsiones de las consecuencias que van buscando, tienen verdaderamente bastante delito. Que yo diría casi criminal. Pues prevenir consecuencias del desastre institucional, social, económico que padecemos no es difícil y, sin embargo, nada hacen por evitarlas; al contrario.

¿A qué nos lleva, pues, esta deriva irresponsable (o responsablemente criminal)…? Tal vez es que se crean luego bomberos, una vez azuzado el fuego, y que ellos, sólo ellos, pueden tener la capacidad de apagarlo, de dominarlo.

Desgraciadamente, lo que expongo en suposición hace años se plasmó en realidad. Por lo tanto, hay motivos para temer lo peor.

Cuando la II República pudo implantarse, tras cierto “golpe de urnas” de oportunista interpretación, la realidad es que en ese momento histórico la Monarquía andaba escasa de simpatías (a nivel político e incluso de otros brazos del Estado, como el Ejército)… Y, consciente de ello, Alfonso XIII se marchó. Pero, tras el pasmo y la estupefacción iniciales, las fuerzas tradicionales (derecha, clero, militares) que engrosaban el “cuerpo básico doctrinario derechista” se pusieron a maquinar la alteración (por la legalidad o no) de aquel estado de cosas. Y ahí viene lo de jugar con fuego, hacerse pirómano y, a la vez, ofrecerse de bombero, que es lo que se diseñó como esquema de trabajo.

Algunos tenían bien previstas las consecuencias y a ellas marchaban sin remilgos, supusiesen lo que supusiesen. Otros eran meros tontos útiles que se daban de bofetadas por la defensa de unos principios, más bien personales o viscerales que ideológicos y racionales. Y los arribistas de siempre, expertos en nadar y guardar la ropa, pero también expertos en el silencio y el disimulo y en no decantarse con claridad ante nadie. Estos últimos también jugaban con sus previsiones, pero calculando todos los marcos posibles.

Hasta que no se enconó la situación, tensado hasta el límite el arco de lo predecible, no saltó la flecha certera a su diana. La que siempre estuvo en la mira del tirador. En el centro, dio.

Cierto es que, por parte de las izquierdas, la cosa no se terminó pudriendo también, hartas ya de tanto ninguneo por el sistema político encarnado en unos gobiernos que no le garantizaban sus programas o, peor, que se dedicaban a anular lo poco que se había conseguido. Y, además, ahí estaban los que también tenían su juego particular, su fuego, su revolución. Pensando que podrían dominarla y mantenerla en sus cauces por ellos definidos, bajo sus mangueras.

Mas hay que pensar que, si de una parte no se cedía en nada, no se concedía nada, no se pretendía sino ir más allá en la tensión, la otra no sólo no se desencantaría sino que pensaría que ellos también deberían ir más lejos, conseguir lo que no les daban, si fuese necesario, por la fuerza. Y así había hoguera y grande, ya muy encendida y poco domesticada.

Por ello se terminó como se terminó. Esto es Historia, hechos comprobados y comprobables. Un modelo para no seguirlo, pero… ¿por qué se va ahora otra vez por el mismo camino?

marianovalcarcel51@gmail.com

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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