A mi padre en su 89.º cumpleaños

12-02-12.
Querido papá:

¡Cuánto tiempo transcurrido…! ¡Cuánto tiempo consumido…! ¡Cuántas experiencias y sensaciones albergará tu prodigiosa memoria que, por avatares y años vividos, ahora te falla en lo más cercano y elemental, pero que dibuja y rememora todo cuanto te aconteció hace años, acercándote a tu infancia de manera agigantada…!

Un año más venimos la familia íntima a felicitarte y desearte salud e ilusión, que gracias a Dios hoy por hoy no te falta: tus labores domésticas, tanto en la cocina como de pinche lavandero así lo atestiguan… Y sigues teniendo ganas de leer y escribir; y de no abandonar tu actividad artística, a veces desmedida; de elaborar el sempiterno rosario de cualquier material que se te presente, aunque sea el hueso de aceituna tu preferido, poblando aún más tu amada rosariera. ¡Dios te habrá de premiar ese celo, ese amor y ese encendido deseo para que se divulgue la práctica del rosario por cualquier parte del mundo…!

Él te ha regalado -nos ha regalado a toda la familia- tu senectud plena para que puedas disfrutar en compañía de mamá -aún teniendo vuestras rencillas conyugales que más parecen de escolares amigos y que, según vosotros dos, son la sal y la pimienta de vuestra vida en común-.

Así que tus hijos y nietos queremos desearte que sigas por la senda del amor a la vida y sus agarraderas, pues nos tienes prometido que, cuando cumplas noventa años, hemos de celebrarlo todos -sencillamente-, pero en un restaurante adonde volvamos a cantarte el «Cumpleaños feliz» a un padre, a un abuelo y bisabuelo que ve cómo su larga y extensa estela familiar lo quiere y lo venera, cual perla refulgente, por su larga y fructífera existencia.

¡Recibe muchos besos de todos nosotros y un fuerte abrazo para que sigas queriéndote -y queriéndonos- como sólo tú sabes…!

Úbeda, 7 de febrero de 2012.

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