Jubilación-homenaje a don Pascual

10-12-2010.
Don Pascual Megina Lamarca
Nació en Villanueva el día 3 de enero de 1916. Asistió a la escuela del padre Alfonso, en la calle Morales.
Se colocó en el Banco Central, donde estuvo ejerciendo varios años. Su padre, Marcos Megina, tenía un importante taller de carpintería. En una ocasión, realizó un interesante trabajo de puertas, ventanas y muebles a los dueños de la Academia de Segunda Enseñanza, María Auxiliadora. Varios miembros de la familia Muñoz, viendo las aptitudes que tenía el hijo de Marcos Megina para el estudio, le pidieron al padre que la deuda de los trabajos realizados los compensase con el ingreso en la Academia de Pascual Megina, que llevaba varios años trabajando en el banco. Tras un periodo de indecisiones y de dudas, inició el Bachillerato en la Academia María Auxiliadora. Cuando llegó el periodo de la guerra civil, había finalizado el Bachillerato, menos una asignatura, de la que se examinó en el año 1939 en Madrid, en el Instituto San Isidro.

Durante este periodo, estuvo destinado en Telecomunicaciones y, al finalizar, tuvo que realizar la mili en Sevilla. Su gran deseo fue estudiar médico‑militar; pero las dificultades económicas lo pusieron a elegir entre el regreso al banco o iniciar estudios de Magisterio, por los que se decidió finalmente.
Empezaba la implantación de las escuelas en Andalucía y “apadrinado” por don Ramón Poblaciones, comenzó a ejercer en Baena en el año 1944, para continuar en Andújar, Úbeda y Villacarrillo. Allí su labor fue premiada con el aprecio de todo el vecindario. Percibía un sueldo mensual de 400 pesetas y 60 más para casa‑habitación. En 1946 es trasladado a Villanueva. Los locales eran dos casas, a medio construir, en el Barrio Imperial, y el palacete de la calle Fuensanta. Ante las numerosas dificultades de la ubicación en las casas, sin puertas, ni cristales, con el tejado a medio finalizar, se trasladaron a la calle Morales. Aquí se constituyó una agrupación en la que ingresaron también don José Martínez Molina y don Antonio Sotomayor, posteriormente. La dirección recaía en don Joaquín Muñoz González.
En 1951, don Pascual fue nombrado director, por lo que realizó después, en Sevilla, las oposiciones a Director. Permaneció en el cargo hasta su jubilación, en enero de 1983, y sufrió en los últimos años los cambios en el sistema educativo y social.
Finalizada la etapa de la calle Morales, cuyos locales quedaron pequeños, trasladaron la enseñanza al edificio de la calle Fuensanta, tras la realización de las obras necesarias de adaptación.
Fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad.
Impulsor de la cofradía “Jesús entrando en Jerusalén”, mantuvo la procesión llamada popularmente de “La Borriquilla”, en la que, además de los clásicos hebreos, asistían numerosos escolares portando las tradicionales palmas, que eran solicitadas a Elche unos días antes.
De carácter recto, serio, entregado a su labor, defensor a ultranza del buen hacer, perfeccionista en la documentación, ha legado una serie de trabajos que son indispensables para conocer la vida y la historia de esta institución en nuestra localidad, en los últimos cuarenta años.
Desinteresado en las cuestiones económicas, en largos veranos se dedicó a preparar grupos de alumnos para el examen que debían sufrir para el ingreso en la Safa de Úbeda.
Entre sus aficiones, destacaban los trabajos manuales, las tablas de gimnasia, el teatro y, especialmente, la zarzuela. En su jubilación, en enero de 1983, contó con la asistencia de numerosas personalidades educativas, entre ellas don Carlos Díaz de la Guardia. La Corporación Municipal aprovechó el acto para reconocerlo como HIJO PREDILECTO, entregándole una placa con el siguiente texto:
«Al estar próxima la fecha de jubilación del Director de las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia, don Pascual Megina Lamarca, quien ha llevado a la cumbre su vida profesional, llena de entrega, de entusiasmo, de dedicación total en la noble misión de educador; conscientes también de las virtudes personales que en él concurren, de las que destacaríamos, sin duda, su apasionado cariño por nuestro pueblo; y recogiendo la admiración, el respeto y el sentir unánime de gratitud de compañeros, alumnos y de cuantos de una u otra forma participaron en su magisterio, esta Alcaldía ha decidido solicitar que le sea concedida, en premio a su brillante ejecutoria profesional, la Cruz de Alfonso X, el Sabio».

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