¡»Visca» Jaén, «independent»!

Un día de estos, escribiré una respetuosa carta al Presidente de la Junta de Andalucía, pidiéndole que convoque un referéndum para sondear el grado de independentismo y entusiasmo separatista que reina en las tierras del olivar: o sea, en Jaén. Y, en el mismo momento en que se reconozca a Jaén como nación independiente, vuestro seguro servidor prepara su maleta y, ligero de equipaje, como viajan los maestros y los poetas, traslada su domicilio legal, profesional y literario a Úbeda, ese vivo episodio de la Historia de España. Ese pedazo de España en la proa de Andalucía.

Joan Laporta, un político ejemplar, impulsor de la independencia de Cataluña.
Entre Montilla, el nacionalista catalán oriundo de Córdoba, que exige traductores para que le entiendan; el bello Arturo, (Arthur en galés, inglés y catalán) Johny Laporta, o sea “La trompa”; Alicia Camacho, que parece mismamente la musa de Modigliani; y el resto de cuentistas, independentistas y separatistas, a los que acabamos de votar, esta hermosísima tierra, amable y acogedora, se está convirtiendo en un solar áspero, desapacible, bronco e inhabitable. ¿Jaén independent? ¿Jaén is not Spain? Pues, allá me veréis.
Uno siempre ha estado a favor de la unidad de las gentes y las tierras de España, como es de ley. Acepta eso de las diecisiete autonomías, porque no tiene más remedio, aunque le parece una ocurrencia poco afortunada y un derroche absolutamente innecesario que, en momentos de dificultades económicas, ya veremos qué consecuencias nos puede acarrear. Pero una vez metidos en harina, quiero ser el primero en reivindicar, con la máxima fortaleza y energía ‑como diría Rodríguez Zapatero‑, que se reconozca el hecho diferencial de los pueblos y tierras de Jaén, que se apueste por su libertad, progreso y desarrollo y, ya puestos, que se ejerza un fuerte impulso hacia su autogobierno, como estado federal asimétrico, dentro del Estado español. A ver si, con esto de internet, alguien se suma a la idea y la liamos.
Como no podía ser de otra forma, también abogamos por nuestro derecho irrenunciable a bandera, concierto económico, policía con uniforme típico de Mengíbar o Bailén y selecciones nacionales que jueguen el Mundial y la Eurocopa. ¡Nunca se sabe!
Mi madre, antes de que el doctor Alzheimer le enturbiara la memoria con nubes y telarañas, algunas veces me preguntaba:
—Hijo mío, y eso del “reverendo” para qué sirve.
—No se dice reverendo, mamá, sino referéndum.
—Perdona hijo, como yo no hablo catalán…
Y es que mi madre aún recuerda aquellos boletines de notas, que tampoco entendía demasiado bien y que siempre iban firmados por el reverendo padre, Fernando Pérez Romero SJ, que Dios tenga en su gloria.
El cronista reconoce que, dice lo que dice, en su propio nombre, sin presiones de grupo o de partido, harto ya de tanta demagogia y manipulación. Que sólo le mueve su sincero y profundo amor a Cataluña y su constante enojo ante el derroche y la manipulación con que nos aburren y empalagan esos grotescos representantes de la ciudadanía, que no se avergüenzan de culpar a los demás de sus propios errores. Que buscan el voto en la confrontación, exhibiendo en todo momento una enorme soberbia y una increíble desafección hacia el solar común: España. El cronista coincide plenamente con las declaraciones de Alfonso Guerra en tiempos de la transición: «Las autonomías son un choteo».
En consecuencia, lo dicho. Me iré a mi tierra: a Jaén. Aquí se quedan los que defienden los símbolos nacionales, himno, fiesta y bandera; las selecciones deportivas catalanas; las sanciones por rotular en español; la inmersión lingüística; el concierto económico; el federalismo asimétrico y tantas ridículas invenciones surgidas de la interpretación interesada de los principios constitucionales y toleradas a regañadientes, por unos y otros, en aras del consenso y la gobernabilidad. O sea, del chanchullo, el chantaje y el chalaneo.
Prefiero pasear por las callejuelas de Úbeda, visitando palacios y conventos en la agradable compañía de Juan Ramón Martínez Elvira; deleitarme con sus conocimientos, ingenio y perspicacia; escuchar sus enseñanzas, que no hacen mal a nadie y que son fruto de tantas horas de estudio y soledad. Los domingos, oír misa en una iglesia con esencia de siglos y de historia. Y, al caer la tarde, buscar la compañía de los amigos, tomar un par de chatos y mantener debates interminables en el rincón de un bar con sabores añejos.
No lo dudo: ¡Visca Jaén, independent!
Barcelona, 2 de diciembre de 2010.

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