La despedida, 01

Por Jesús Ferrer Criado.

A las once y media de la mañana del día tres de octubre de 1954, en el andén de la estación de Huércal, se presentaron, con minutos de diferencia, tres grupos de personas mayores, escoltando cada grupo a un niño. Uno de aquellos tres, el más pequeño, era yo. Un niño repeinado y nervioso que atendía resignado las infinitas recomendaciones de los mayores, mientras él miraba insistentemente los números romanos del reloj de la estación. Habíamos llegado con tiempo.

En mi casa, toda la mañana se había ido en colocar ordenadamente, en una maleta de cartón forrada de tela, las prendas de ropa, las mudas, las toallas, las sábanas…, todo marcado con un número previamente asignado para que la lavandería del colegio no confundiera lo de cada cual.

Y mi madre:

—Aquí te he puesto la tortilla y el bocadillo de chorizo para el viaje. También llevas media tripa de salchichón, dos tabletas de chocolate y una lata de leche condensada cocida; eso para el colegio. No te lo vayas a comer todo el primer día, que tú eres muy goloso.

Los niños no íbamos vestidos como siempre. Con aquello del frío de Úbeda, del que tanto nos habían hablado, ya íbamos abrigados desde casa, a pesar del buen sol de esta mañana.

Los nervios y la impaciencia no hacían que el reloj fuera más aprisa y los minutos se hacían eternos.

En esta estación, no hay cantina donde tomarse un café mientras llega el tren y la sala de espera es inhóspita y sucia. Todo el mundo está en el andén. Yo tengo hormigas en el estómago.

—Tranquilo hombre, que el tren no ha salido aún de Almería.

Los niños eran el blanco sumiso de las interminables recomendaciones para el viaje: que no te asomes por la ventanilla, que no corras por el vagón, que no vayas a perder el billete, cuidado con el dinero…

—Que ya lo sé mamá, que ya lo sé.

Y mi padre:

—A ver si haces todo lo que te ha dicho tu madre. Que no me dé nadie una queja de ti. Ten; toma estos diez duros y guárdalos bien.

Mi abuelo me había dado veinte duros el día de antes, pero el pobre ya estaba fastidiado y no vino a la estación. Moriría dos meses más tarde.

Los que sí estaban eran mis hermanos, hoy libres de escuela, con una mezcla de envidia y curiosidad.

Durante las semanas anteriores, habían asistido a los preparativos del viaje. A las compras de ropa “rara”: un traje con pantalones bombachos, un abrigo, botas, unos guantes de lana…, cosas poco habituales en Almería. Y ahora estaban allí, excitados por la situación, riendo nerviosos.

A los curiosos había que explicarles, según llegaban, el porqué de aquel ajetreo:

—Es que se va a un internado de curas y ya no viene hasta la Navidad.

—Pero ¿va castigado por algo? ¿No habrá hecho nada malo?

—Que no hombre, que va a estudiar una carrera.

—Pues a ver si se hace un hombre de provecho, que aquí…

Los futuros hombres de provecho presentes en la estación aquel día éramos Francisco Rodríguez Capel, Pepe Jesús Rueda López y yo, que era el único novato. Los otros dos iban por su tercer año. A veces, se desprendían de sus familias, más acostumbradas y mucho menos insistentes ya, y venían a mi corrillo:

—Tú no te preocupes, que lo vas a pasar muy bien —decía Paco, animándome—.

Magnífica persona este muchacho, que sólo quería darme seguridad y confianza:

—Ya verás cómo te gusta.

Y, Pepe Jesús, corrigiéndole amistosamente:

—Lo único, eso sí, los madrugones en invierno, con el frío.

De pronto, uno en voz alta:

—Que ya ha salido. Que el correo acaba de salir de Almería.

Algo de revuelo y más recomendaciones:

—A ver, a ver. No os peguéis tanto a la vía. Veniros para acá.

A mi madre le entra la llorera:

—Jesús, que tengas mucho cuidado, hijo mío. Y escribe, escribe cuando llegues, que no voy a estar tranquila hasta que recibamos carta. Escríbenos, no lo dejes. Tu padre ya te ha metido en la maleta diez sobres con la dirección y el sello. No tienes más que meter una hoja diciendo que has llegado bien.

—Sí, mamaíta; que no te preocupes.

Acaba de llegar Manuel, el cartero, con la saca para meterla en el furgón:

—¿Qué; el niño que se nos va, no? Eso está bien. Ya veréis cómo os alegráis luego. Además, éste es listo y se abrirá camino. Aquí es donde no hace nada.

jmferc43@gmail.com

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