La mitad de un siglo

Presentado por Manuel Almagro Chinchilla.

Con este artículo, concluye la obra de Ramón Quesada Consuegra, “100 artículos, 50 años”, una selección de entre más de tres mil quinientos artículos que llevaba escritos hasta entonces, y que en este último hace una pequeña reseña de su paso por las páginas del periódico.

En realidad, la obra contiene 102 artículos. Si ha habido algún curioso que lo ha ido contabilizando se habrá dado cuenta. Esta variación se debe a que, a la hora de elegirlos, se seleccionaron dos más, por algún imprevisto o por subsanar algún posible error. «Más vale que sobre», se dijo. A la hora de imprimir, no se advirtió tal detalle, por lo que se realizó el trabajo tal como llegó al taller.

Sin venir a qué, mi buen amigo maese Gumer me ha dicho que la vejez nos arrebata lo que hemos heredado y nos da lo que hemos merecido. ¿Qué ha querido decirme? Pensando detenidamente, durante algunas noches en vela, he llegado a la conclusión de que, sabiendo mis muchos años escribiendo, a lo mejor intenta disuadirme de la literatura y así poder contar con más frecuencia de mi persona para sus francachelas culinarias de las que es buen gastrónomo. Pero, si por escribir ha querido decirme viejo, aunque no tanto, no me aparto del todo de su acierto, pues si cito nada más que los cincuenta años escribiendo para “Jaén”, pues es la verdad que ha dado en la diana. Y diré más: si supiese, además, que he tenido la suerte de conocer a todos los directores de este diario, desde Fausto Fernández de Moya a Juan Espejo, miel sobre hojuelas.

Mi primer artículo, “Sinfonía de paz”, apareció el 12 de junio de 1957 en “Jaén”, firmado con el seudónimo Ramón de Alba, tal vez por eso del rubor primerizo. Desde entonces, he visto crecer, mejorar y desarrollarse “Jaén”. La proeza del color, superarse en prestigio y situarse entre los primeros de España, porque no conozco los del extranjero. También he sido testigo, siempre callado y consecuente, del paso por sus páginas de destacadas plumas de colaboradores de la tierra y de postín; de los que, tal vez por abulia, pues pocos son los que han alcanzando las bodas de oro, fueron desapareciendo para dar paso a una juventud desenfadada, inquieta, que elevará nuestro diario a cotas, si es posible, más altas aún de las que ya, como digo, disfruta.

Soy un colaborador de edad. Pero, eso sí, no voy a decir «adiós» ‑ni siquiera «hasta luego»‑, mientras disfrute de mis sentidos, mi cerebro funcione y el que todo lo puede quiera; ya que, por culpa de “Diario Jaén”, he contado con mañanas y noches en las que he tenido que “perder” unos minutos en disipar una idea o en dar golpes de puños en mi cabeza en busca de otra. Y es que se me parte el alma si, cuando le toca el turno a mi publicación, no tengo ya más que escrito mi artículo. Tan cierto es que mi recordado Esteban Ramírez, en un homenaje que se me hiciese en 1997 con motivo de mis cuarenta años en “Diario Jaén”, en una página especial editada dijo: «Además del más constante, es el decano de los colaboradores en activo». Y, como siempre hizo siempre por “Jaén”, tuvo razón, aunque peque yo de ególatra, expresándome así con autocobismo. Pero, como rubrican algunos testigos, soy el más añejo articulista, no de la plantilla; y creo, según me dijo un director, que un trozo de este periódico es mío porque “soy de la casa”.

(18‑02‑2007)

almagromanuel@gmail.com

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