35. Camino de la prisión

Era lunes, 17 de mayo de 1937, cuando esperaba (con impaciencia) la hora en que me trasladasen a la cárcel. Verdaderamente lo deseaba, mientras las horas transcurrían lentamente… Hasta que llegó el atardecer y se presentó (en Prevención) la pareja de seguridad. Entro con ellos y un policía, en Jefatura, para responder a preguntas, extender papeles y firmarlos; y ya estamos dispuestos para partir…

Serían las seis, cuando abandono el edificio del Gobierno Civil (donde había pasado cincuenta días de hambre y miserias) y marchamos charlando amigablemente por calles desiertas. Mis acompañantes son dos guardias civiles encuadrados en la Guardia de Seguridad, que han sufrido mucho los primeros meses del Movimiento y no están de acuerdo con la táctica de los rojos. Un año después, serán también mis guardianes en los campos de trabajo y entonces nos comunicaremos mejor…

El paseo por la amplia y hermosa avenida de la estación me hace mucho bien, pues la tarde es espléndida, mientras el sol nos acaricia con sus últimos rayos. El ligero vientecillo primaveral nos refresca y trae perfumes de jardines cercanos. Me vienen a la memoria gratos recuerdos de los tiempos pasados en el Jaén anterior a la guerra… Aquellos días felices se han convertido en angustia, aflicción, tristeza y melancolía, que he de afrontar con valor y energía, infundiéndome ánimo y entereza en la adversidad e incertidumbre que me embarga…

Llegamos a la prisión provincial, donde el centinela nos deja pasar a las oficinas, que se encuentran en su patio exterior. Los empleados son afables en el trato… Supongo que reconocen nuestra situación, pues ellos mismos son hermanos de infortunio e incertidumbre: comeremos el mismo pan de la tribulación y lloraremos nuestras mutuas desdichas…

Ya en la ventanilla, me piden nombre y datos para elaborarme la ficha. Me entregan un papel y, entonces, nos acercamos a la puerta principal de la prisión, donde se encuentran el oficial de turno y varios presos de confianza. Recogen el papel de la oficina, que les entregan los guardias, y después suenan varios timbres… Al transcurrir unos minutos (cual ballena de Jonás), me engulle (con sus negras fauces) en el profundo vientre de sus duras prisiones…

Úbeda, 9 de diciembre de 2013.

 

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