Dos recordatorios musicales de la batalla de la Navas de Tolosa

15-12-2011.

El Museo de la Navas de Tolosa y la Iglesia Abacial del Castillo de la Mota se sintieron hermanados con la música y la historia mediante dos conciertos: LAS NAVAS DE TOLOSA Y ALFONSO VIII DE CASTILLA (1212) por el Grupo de Música Antigua (domingo, 4 de diciembre); y TRÍPTICO MEDIEVAL. ARTES INSTRUMENTALES DE LA EDAD MEDIA EUROPEA por el grupo Cinco Siglos (jueves, 8 de diciembre). Estos hermosos y soleados días permitieron a un escogido grupo de oyentes viajar y disfrutar en la imaginación, la realidad y la historia a través de la música antigua de aquella época medieval, cual túnel del tiempo, una vez desprendido el barniz de la crudeza y el desosiego del vivir de antaño, para disfrutar con los instrumentos musicales antiguos y exóticos.

Han supuesto, en el primero, un amigable encuentro entre intérpretes y público con la dulce voz del vocalista y las claras y sustanciosas explicaciones del director del grupo, Eduardo Paniagua, que retrató una feliz estampa de aquella época en la que se trenzaba y enfrentaba lo cristiano con lo musulmán en los variados aspectos de la vida. Luego, disfrutamos del exquisito yantar y las fabulosas vistas que nos ofreció el Mesón de Santa Elena, recordándonos que estábamos en pleno paraíso del Parque de Despeñaperros con su extenso arbolado, aunque en tiempos de la famosa batalla no existiese, pues fue repoblado en el siglo XVIII; y la autovía recién estrenada…

En la Fortaleza de la Mota, el público fue más abundante, aunque siempre selecto, que fue a pasar un rato agradable para conmemorar el vacacional día de la Inmaculada Concepción… El director del grupo, Miguel Hidalgo, presentó intérpretes e instrumentos de una forma parsimoniosa y didáctica: viola, rabel, bandurria medieval, cítola, panderos, darbuka, laúd morisco, guitarra morisca, flautas dulces variadas… Mientras la música sonaba, la imaginación volaba en lontananza, recreando esos ambientes antiguos que hoy en día tanto magnificamos, y es que el filtro del tiempo pasado ‑que siempre fue mejor‑ y el no vivir aquellos avatares, tan sublimados, permiten que el oyente invente e imagine todo lo amoroso y tierno que evocan esas canciones o danzas bailables, reelaborando una interpretación genuina virtual…

Al ser un tanto complicados sendos accesos, yo, al menos, me sentí cual conquistador contento y agradecido, una vez bien instalado en mi butaca, pues había alcanzado el mirador imprescindible para que me hiciese una personal idea de cómo fue aquel tiempo que conmemoramos (1212), donde la vida y la muerte estaban tan hermanadas, al igual que la música y el amor; y que también, hoy en día, siguen estando emparejados, cual moneda de curso legal, aunque haya posibilidades de disfrazarlas mediante la invasión musulmana o cristiana en nuestra vida cotidiana… En definitiva, dos conciertos, dos excusas perfectas para vivir con intensidad sendos días de fiesta, con tranquilidad y buena compañía, pues la vida se nos pasa por entre las manos y hemos de aprehenderla para que no se nos escape. Si lo hacemos cultural y musicalmente, mucho mejor…

 

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