Un puñado de nubes, 102

02-12-2011.

 

Alfonso regresó a su casa con un fuerte dolor en el pecho. La frialdad de la sala del anatómico se le había metido en los huesos. Al menos, eso creía él. No podía evitar que la imagen del rostro macilento y afilado de Maurice le acudiera una y otra vez a su cabeza y le produjera un estremecimiento que casi lo paralizaba. Todo acabado. El placer, el amor a Angelo, los celos, los viajes, el lujo, la buena mesa…  Todo reducido a un cadáver, a un saco de huesos.

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