Los miedos en la vejez

16-12-2011.

A medida que la edad avanza, cuando se van perdiendo facultades y sentimos que es mayor nuestra dependencia de otras personas, cuando se plantean dudas sobre el futuro de las pensiones, probablemente con poder adquisitivo decreciente ahora que la crisis ahonda aún más…, esa es la hora de los miedos que se apoderan de algunas personas mayores.

Algunos de esos miedos

La incapacidad para decidir se acentúa en las épocas avanzadas de la vida de las personas. Lo cual tiene algo de paradoxal ‘paradójico’, porque el apego a las cosas debiera disminuir. Al contrario, aumenta el apego a la seguridad en lo que se tiene y en el género y nivel de vida.

La burocracia y los papeles son otra terrible amenaza para la gente de altas edades. Imagínese cuando hay que afrontar la bestia negra de los papeles en soledad, incapacidad y desamparo.

La incertidumbre en cuanto al futuro es letal para personas que a lo que más aspiran es a la estabilidad y a la quietud y la paz.

Reacciones ante los miedos

Hay que recordar que el miedo es la más potente de las emociones. Está bien localizada en la región central o mediana del complejo amigdaliano ‘órgano formado por la reunión de numerosos nódulos linfáticos’. Es muy difícil combatir contra el miedo.

Esos miedos tienen algo de objetivo y fundado. Pero lo peor es que nuestra subjetividad amplifica y añade aún más tintas negras. Esa situación puede llevarnos a la catástrofe.

Es un momento en el que la depresión nos amenaza con todas las consecuencias que trae, no sólo para el alma, sino para el cuerpo. La desgana se apodera del paciente. Nada le motiva, ni le produce placer. ¿Cómo levantarse?

En ese preciso instante, hay que aceptar la nueva situación de nuestra degradación, planteada sobre todos los planos, especialmente el fisiológico, el psicológico y, tristemente también, el financiero.

Para sobrevivir al hundimiento progresivo de la vejez, hay que añadir emociones positivas. Pero, ¿qué motivos hay para encontrar cada día la dosis de alegría necesaria? Y, en particular, ¿cómo soportar y vencer la soledad?

En esos momentos, se echa mano de la fe, que quizás fue vacilante durante la vida activa. La fe ha sido para muchos un combate de toda la vida y no una adquisición definitiva. No todos tenemos la fortuna de la fe del carbonero.

Además, ¿bastan realmente la fe y la esperanza para atravesar esas últimas etapas difíciles de nuestra vida?

Dios grande, Dios infinito, Dios inasequible. ¿De dónde sacar que es nuestro Padre, sobre todo cuando, en la vejez, cada vez nos es más claro y más inexplicable el problema del Mal en el mundo?

Propongo, al lector interesado, intercambiar ideas sobre la vejez y sus miedos. Más que eso. Os pido reacción e intercambio, aunque solamente sea para romper soledades. ¿Qué pensáis de los miedos en la vejez?

Bf.lara@hispeed.ch

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