Paco Álvarez García: toda una vida dedicada a la medicina

Por Fernando Sánchez Resa.

Hay gente enamorada de su trabajo que irradia un fuego especial, un ejemplo vivificante para nuestro interesado mundo en el que priman mayoritariamente el hedonismo, la chapuza y el dinero; aunque como contrapunto, para paliar este desencanto, hoy recuerdo al doctor Francisco Álvarez García, ubetense por los cuatro costados, que dedicó toda su vida en, para y por los enfermos que diariamente jalonaban su difícil y ardua tarea cotidiana.

Fue el año 1992, el día 6 de julio, cuando la propia muerte vino a segar su vida, y la de su hija Salud, en un desafortunado mortal accidente automovilístico, al que nunca podremos acostumbrarnos, cuando tenía cincuenta y un años, y ella catorce. La (doble) pérdida personal, familiar y profesional fue irreparable… Mas como es “de ser agradecidos el ser bien nacidos”, más de dos mil firmantes de todas las clases y estamentos sociales de la capital cordobesa consiguieron que el 9 de julio de 1993 el Ayuntamiento, con su alcalde a la cabeza, inaugurase una calle con su nombre, en la ciudad que tuvo la suerte de disfrutar durante casi dos décadas de este ínclito galeno.

Paco vio la luz en nuestra monumental ciudad de Úbeda el día 1 de marzo de 1941, oyendo los primeros gorjeos de la primavera, ya próxima, en el número 27 del Paseo del Mercado. Ramón y Trinidad, sus padres, vieron su paternidad recompensada con su primogénito. Pronto marchó a Villanueva del Arzobispo (Jaén) por avatares de la profesión paterna (profesional de la banca). Peregrinaje que persistiría a lo largo de su vida hasta que encontró su definitivo lugar de residencia y trabajo en Córdoba, ciudad que tiene cierto parecido con su ciudad natal por su andalucismo, su entramado moro y judío, su calor humano… Poco después se trasladó a Baena (Córdoba), cursando estudios primarios, y donde juega, salta y va madurando la profesión del mañana. Volvió, durante un curso, a Úbeda para estudiar en los Jesuitas y, a su vez, rememorar infantiles y tiernas añoranzas. Mas es en los Salesianos de Utrera (Sevilla) donde, a partir de los doce años, termina el bachiller. Hace la selectividad en Sevilla y como ya sabía exactamente «Lo que quería ser de mayor», marcha a Granada para estudiar y aprovechar al máximo los tres primeros cursos de medicina, finiquitándola en Madrid. Allí se cruzó con el ilustre e irrepetible maestro Jiménez Díaz, quien le impactó sobremanera al comprobar que todas sus clases eran sumamente prácticas y con el enfermo presente. Una vez acabada la carrera, escoge especialidad, inclinándose por ginecología. Estuvo aprendiéndola en la Maternidad de Santa Cristina (Madrid), mas no sería esa su vocación postrera; por lo que marchó a la clínica de Los Ángeles (Madrid) y, por último, al Complejo Hospitalario Francisco Franco, donde se formaría en su definitiva especialidad: UCI. En un principio, el especialista en UCI también lo era en anestesiología; pero, al salir un decreto en el que tuvo que escoger, prefirió no adormecer al enfermo sino despertarlo, llevarlo a una nueva vida… Por eso, escogió UCI con parecido objetivo que ginecología: rescatar vidas, no del claustro materno, sino de la propia muerte, su enemiga más acérrima e infiel.

¡Cuántos sinsabores, cuántos enfermos, cuántas esperanzas, cuántas sombras iluminadas, cuántas lágrimas derramadas, cuánto amor, cuánto sosiego, cuánto estudio minucioso, cuánta noche en blanco ‑por mor del enfermo desahuciado‑, cuánta ayuda proporcionada…!

Así, con su labor abnegada y silenciosa, va cosechando amigos incondicionales que siempre le tendrán en el recuerdo por su magnífica desenvoltura profesional y ética… Acude presto a la clínica Los Nardos, también en la capital de España, para practicar cateterismo, actividad por la que destacó, gracias a ese don natural que Dios le había dado. Una vez casado, y ya con dos hijos (antes de su óbito tenía cuatro), marcha de Madrid, añorando esa bendita tierra andaluza que le vio nacer y trajinar. Concursa y obtiene Córdoba, que será la ciudad que más se beneficiará en los diecisiete años de su personal historial clínico en ella. Pero cuando llega como especialista de UCI a la antigua Residencia Sanitaria “Teniente Coronel Noreña”, no existía tal unidad, y consigue las primeras seis camas, comenzando una larga andadura profesional, sin cejar en el empeño, hasta que consigue tener 36 camas a su cargo (como director que era).

De sus manos, de su constante e incuestionada sabiduría profesional hay fiel constancia en la cantidad de médicos, ATS, enfermeras, enfermos y toda clase de personal sanitario que tuvieron la suerte de cruzarse en su camino. Él era un ubetense callado, en el que primaba siempre su sencillez y sus dos grandes amores: la familia y la medicina, aunque en ciertos momentos la segunda eclipsara a la primera.

Él no buscaba el dinero sino el trabajo bien hecho, la dedicación plena; y así lo supo infundir en ese extenso ramillete de profesionales de la UCI del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, que tan merecido y alto palmarés médico ha conseguido en nuestra sociedad andaluza, algunos de cuyos profesionales sanitarios andan repartidos por toda nuestra geografía regional, incluida la ubetense…

Paco casi no practicaba vida social: su norte y guía era su trabajo, su familia, sus estudios ininterrumpidos, su tira y afloja con la muerte para traer a esta orilla agridulce a todos los enfermos que pusiesen en sus manos… De ahí que le dedicasen la calle que viene a desembocar en donde él vivía, con el fin de que todo el que pase por ella recuerde (pues la memoria histórica es un privilegio humano, demasiadas veces desaprovechado), que por allí transitó un ubetense, un andaluz especial que supo dar su vida, hasta el mismo momento de su muerte, como un completo y valiente profesional, vaticinando lo que sería su terapia y su rápido final… ¡Descanse en paz!

 

Don Francisco Álvarez García fue jefe de la UCI del Hospital Universitario Reina Sofía” de Córdoba, hasta su mortal accidente automovilístico.

Úbeda, 12 de diciembre de 2014.

 

fsresa@gmail.com

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