Recortar

Yo conmigo mismo me prometo y me incumplo. Sin palabra de guardar me soy pues, y ya se pueden cuidar quienes me conocen (obviamente los que me desconocen no lo pueden hacer). Ni caso el hacerme han.

Que me dije no volver al tema de la enseñanza, educación o llámele usted como quiera, porque es manifiesto que me largué en retirada cobarde (deserción elegante, se diría) ante la posibilidad de hacerlo. Y podría haber seguido enganchado al sistema público funcionarial intentando desertar de la tiza como tantos otros. Jubilata ahora.

Algo de hastío había en esta decisión, que no cansancio (bueno, alguno pero mínimo), porque enseñar en condiciones llevaderas no genera cansancio. En condiciones peores, sobre todo las ambientales de todo tipo, sí que se cansa uno, pero más se harta. Así que se suspira al quedar liberado del oficio (cosa se pensaría, al iniciarlo, imposible).

¿Por qué, entonces, vuelves tú sobre algo que ya ni te va ni te viene…? Porque uno siente las cosas, no le resbalan aunque quisiese, se moja o siente cómo se empapa, porque no puede pasar por la vida como si lo de alrededor no le incumbiese. Uno no tiene la virtud de muchos (uno no es virtuoso) de ir levitando, sublime, alzándose sobre los mortales y sobre las miserias, de aislarse en eso llamado su torre de marfil (¡con lo caro que está el marfil, además de ser un atentado a la vida de los elefantes, el obtenerlo!), para no contaminarse del hedor y de la hediondez creciente. O mezclarse con la plebe, claro.

Así que escribo. ¿Qué escribo…? Pues alguna observación sobre el sistema educativo; más concretamente, sobre su administración (o de la administración). Me llegan noticias de que en nuestra Delegación Provincial de Educación de Jaén ya no tienen sitio, tal es que, de tantos que son allí, han tenido que habilitar otro edificio en calle más o menos cercana. No me extraña que, cuando mi humilde persona ejercía y observaba el organigrama de esa oficina que se remitía a los centros, pensaba que, dados los departamentos existentes y el personal que aparecía asignado a cada uno de ellos, de encontrarse todos y en un momento o día concreto no cabrían.

Pero cabían. Y no había milagro alguno ni ejercicio de mago habilidoso. Es que algunos se desplazaban por la provincia para sus gestiones (los inspectores, por ejemplo); mas los de las covachuelas diversas y de funciones peregrinas ¿dónde se hallaban? Je, je… Adivina, adivinanza… Lo del café a media mañana es de obligado cumplimiento, no discutido por normal. Menos normal les parecería a vuesas mercedes lo de las compras en El Corte Inglés o en el mercado cercano (las bolsas y cestos lo demostraban) o salidas por motivos muy particulares, que uno caía por la capital y no tardaba en encontrarse personal por las avenidas, de allá para acá. Y se iba a hacer su gestión, muchas veces necesaria, en la Delegación, casi en la certeza de que allá no estaría el menda (o la menda) que debía atenderle. A esperar en el café próximo (¡coña, pero si estaba allí!). Café y copa y a seguirle en cuanto intuía que se reincorporaba el sujeto a su negociado, no fuese que le diese la ventolera de volver a largarse a la media hora.

Si te los encontrabas en su puesto no debías cantar las albricias así, a lo loco, que puede que lo que necesitases no estuviese todavía listo. ¡No debías creer que una gestión administrativa te la iban a resolver a los pocos días! (A ver, lo que pides hay que imprimirlo primero y luego pasarlo a firma… ¡Y eso tarda!). Pero seguro que uno estaba dedicándose en cuerpo y alma exclusivamente a remitirnos, por el SÉNECA (programa informatizado de gestión educativa en Andalucía, gran logro desde luego), la programación semanal del Club de las Ideas, que emitía Canal Sur por las mañanas y que, obviamente, casi en ningún centro educativo lo veían, dado el horario de emisión. Al igual que el “experto” en seguridad y prevención de accidentes, que no tenía nada que prevenir. (Tal vez su función tendría que haber consistido en inspeccionar los diversos centros educativos provinciales, a ver si cumplían los mínimos requeridos al efecto y habilitar soluciones).

A propósito del SÉNECA, debo declarar y declaro que es un instrumento muy válido para facilitar y centralizar al día el trabajo desarrollado en los distintos colegios. Por el mismo, se pueden obtener de inmediato todos los resultados académicos de los centros, sectores a sectores y niveles a niveles (tutoría a tutoría). Se pueden conocer los puestos de trabajo docentes y sus ubicaciones, el absentismo de alumnos y profesores, ahora también las programaciones de centro y de cada nivel… Todos los datos necesarios, sean educativos o de gestión, se conocen directamente mediante este programa informático andaluz. Los profesores tienen la obligación de implementarlo y completar los datos requeridos a su tiempo, lo cual, y así visto, es servirles en bandeja a los de las covachuelas administrativas todos los informes, sin que ellos tengan que moverse de sus asientos; sólo tabularlos o clasificarlos e interpretarlos en plan estadística, que te pego… Más a mi favor pensar que debieran ser menos los funcionarios que permanecen en esas oficinas, dada la facilidad y rapidez que la informática supone.

Pues no, cada día más gente metida como con calzador ahí y, visto lo visto, metidos en más inmuebles. ¿Para qué si lo gordo, como siempre, se lo hacen los profesores en sus centros…? Pa ná… Me siento un revisionista. Que se me puede tachar de todo, sin declararse en verdad que no se es ni de derechas ni de izquierdas, cuando se pide una racionalización en el empleo y en el gasto en la Administración. Y no se racionaliza cuando se reduce el profesorado, sino cuando se reduce la maquinaria administrativa innecesaria. Ahí es donde se debe recortar.

¡Ah!, desde luego hay funcionarios y funcionarias que hacen debidamente su labor y hasta se permiten ser deferentes y agradables con los administrados. Doy fe.

En un aparte, les recomiendo leer el artículo “Aprender lengua lleva toda la vida”, escrito por Luis Landero y publicado en la revista dominical de El País el 17 de noviembre.

 

marianovalcarcel51@gmail.com

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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