Características depredadoras de la pintada (N. meleagris), 1

10-06-2012.
Frente a insectos formadores de plagas.

Utilización del ave contra la langosta (Dociostaurus maroccanus Thunb.).

José DEL MORAL DE LA VEGA (Doctor en Ciencias Biológicas. Centro de Investigación La Orden. Junta de Extremadura).
Ángel MEJÍAS GUISADO (Ingeniero Agrícola. Junta de Extremadura).
Javier JIMÉNEZ MEDINA (Doctor Ingeniero Agrónomo. FULGENCIO SPA S.L.).
Modesto SENERO FERNÁNDEZ (Analista de Laboratorio. Centro de investigación La Orden. Junta de Extremadura).

Se puede afirmar, con generalidad, que las aves son unas grandes insectívoras y, precisamente por esa cualidad, al diezmar las poblaciones de insectos, evitan plagas que provocan catástrofes, una de las muchas razones por las cuales el hombre siempre las ha considerado beneficiosas.

Entre las plagas que más han afectado a la humanidad están las de langosta, plagas generadas por un anormal desarrollo de la población de diversas especies de locústidos, capaces de provocar hambrunas en países enteros. Para evitar esas plagas o disminuir su intensidad, el hombre ha favorecido el desarrollo de distintos géneros de animales, entre los cuales han destacado diversas especies de aves, aunque ese procedimiento, con ser importante, nunca ha sido decisivo.

Con el descubrimiento de los insecticidas de síntesis en la primera mitad del siglo XX, la humanidad ha conseguido controlar muchas plagas de vegetales, aunque a costa de verter al medio ambiente sustancias más o menos contaminantes. Pero, a partir del último tercio del pasado siglo, la medicina comprobó que estaba aumentando extraor­dinariamente el número de enfermedades mortales, y ello parecía ser consecuencia atribuible a la contaminación del medio ambiente por insecticidas, razón por la cual se empezaron a buscar alternativas biológicas a su empleo; entre esas alternativas se consideró la utilización de aves, cuyas canales fueran utilizadas por el hombre para su alimentación ‑el insecto es comido por el ave, eliminándose así la plaga, y el hombre se alimenta con el ave, transformando una calamidad en un valor añadido a los bienes del mundo rural‑.

Entre las plagas más peligrosas de la agricultura española figuran las del locústido (Dociostaurus maroccanus Thunb.), insecto que es endémico en varias comarcas españolas, entre ellas La Serena (Badajoz‑Extremadura); siendo en ella donde se ha comprobado, por primera vez, que estas plagas pueden ser controladas eficazmente mediante el manejo adecuado del ave Numida meleagris L (Pintada o Gallina de Gui­nea).

Las plagas de langosta en España a lo largo de su historia.

En los primeros escritos de la historia de España ya existen referencias a las plagas de este insecto (Dociostaurus maroccanus Thunb., fig. 14). Lo hace san Isidoro en sus Etimologías. En el siglo IX, el historiador andalusí, Ibn Hayyan, escribe: En el año 845 y el siguiente hubo una gran sequía que afectó a al-Andalus, se perdieron los ganados, se quemaron las viñas, hubo plaga de langosta, aumentando la carestía y las dificultades para subsistir. En siglo XIII, Alfonso X, el Sabio, establece el aviso que proporcionan las constelaciones para predecir la inminente aparición de la langosta.

Las calamidades provocadas por este fenómeno eran comunes a la mayoría de las regiones españolas; sin embargo, su aparición era variable según los años. En cinco de ellas (La Serena y Los Llanos, en Extremadura; Los Pedroches, en Andalucía; La Alcudia, en Castilla-La Mancha; y Los Monegros, en Aragón), estas plagas, hasta el momento actual, son endémicas y peligrosas, principalmente en La Serena (Extremadura). En los años treinta del siglo XX, uno de los investigadores españoles que más ha estudiado este fenómeno (Moreno Márquez), escribía: El año que llegué a Badajoz, las langostas señoreaban por las calles y casas de la ciudad, dando un espectáculo vergonzoso

Fig. 14. Adulto de Dociostaurus maroccanus Thunb. (Grafito original de J. del Moral M.).

En el año 1900, las cifras oficiales de la plaga, en España, eran de 211 100 ha, y ciento diez años después (2010), la superficie oficial de actuación contra el insecto en Extremadura es de 400 000 ha.

Características agroecológicas de La Serena, comarca en donde se forman las plagas más peligrosas de langosta

La comarca de La Serena se caracteriza por un conjunto uniforme de bajos oteros de amplia base y cimas redondeadas que ocupan una gran extensión, en el que predomina el pastizal sobre un suelo escaso y pobre, y donde la roca madre (de materiales precámbricos metamorfizados) aflora en forma de lo que se denominan “dientes de perro” o “agujas de piedra” (fig. 15).

El clima de La Serena es seco y extremado, con inviernos no tan crudos y veranos más calurosos que en el resto de la meseta ibérica. El régimen pluviométrico se caracteriza por la gran irregularidad de las lluvias. La pluviosidad media anual no rebasa los 500 mm, existiendo dos épocas de lluvia, una en primavera (febrero-abril) y otra a fin de otoño y principio de invierno (octubre-diciembre). El resto del año es un largo período seco que abarca desde junio a septiembre, solo interrumpido por algunas tormentas ocasionales.

Fig. 15. Los suelos de La Serena presentan unas condiciones idóneas para el desarrollo de la langosta. Una de sus características más llamativas es su perfil con forma de “dientes de perro”, consecuencia de los plegamientos geológicos de las pizarras.

Los vegetales están representados casi en exclusividad por pastizales de Poa y Festuca, que sirven de alimento al ganado, principalmente a los rebaños de ovejas merinas productoras de lana, carne y exquisitos quesos.

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