«El ladrón de palabras»

12-04‑2012.

El 23 de marzo, el Teatro Ideal Cinema de Úbeda se llenó de la lógica algarabía infantil ‑a temprana hora‑ pues varios cursos del ciclo medio de diferentes colegios locales ocuparon su sala baja, muy ilusionados, para asistir a la función teatral: El ladrón de palabras, ya que iban a ver actuar a compañeros de parecida edad que ‑gratuitamente‑ la Escuela de Teatro y la Universidad Popular de Úbeda se iban a encargar de regarles.

Tras la lectura de un manifiesto, y con las advertencias dichas por la directora del grupo teatral a telón cerrado, el alumnado de primaria disfrutó mucho viendo cómo se desarrollaba la trama de esta obra teatral adaptada para escolares. Mediante diferentes cuadros, en cuyos pequeños intervalos se aprovechaba para cambiar el escenario, fueron enterándose del insólito suceso: había un ladrón de palabras que iba mermando vocabulario a la directora y secretaria del cole…; y que gracias a la labor investigadora y detectivesca de unos intrépidos escolares lograrían desactivarlo volviendo, finalmente, todo a la normalidad… Con el agradecimiento sincero de todos los afectados y poniendo siempre en juego la necesidad ‑tan imprescindible‑ de las palabras para hablar y escribir, llegaron a la conclusión de lo imperiosas que son la lectura y la inmensidad de la biblioteca escolar para encontrar cualquier asunto que se quiera disfrutar o solucionar…

Fue una obra en la que la solución final sirvió para que los niños espectadores sacasen ciertas conclusiones: la importancia que tienen las palabras; lo necesaria que es la amistad; la tangible valía de la valentía; la necesaria colaboración desinteresada…; y una serie de cualidades personales y comunitarias que se mejorarán continua y diariamente, practicando el mejor compañerismo en sus respectivos entornos escolares cotidianos…

Yo saqué la siguiente conclusión: que sería súper importante para la sociedad tener un ladrón de palabras para poder utilizarlo con políticos corruptos, banqueros sin entrañas y gente de baja condición que tienen como norte y guía la mentira y el engaño… Aunque, al final, todo se sabe y el mentiroso queda en ridículo al no ir con la verdad por delante…

Cuando acabó la función, los niños marcharon alegres a sus clases, encantados de poder llevar en sus alforjas mentales esa moraleja anteriormente expuesta, lógicamente no tan alambicada sino más sencillamente adaptada a su frágil mundo infantil…

Úbeda, 23 de marzo de 2012.

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