Gracias, papá y mamá, por este regalo

14-04-2012.

Andaba yo por el otro mundo, quizás llamando a la puerta de éste en el que me encuentro, con ansias desesperadas de probar el dulce ungüento que es la vida, cuando presto disteis la orden soberana para que fuese formado con carne de vuestra carne y sangre de vuestra sangre…

Y así me hice pequeñísimo ser, por arte y gracia de vuestro amor -al igual que ocurrió con mis dos hermanos- y fui creciendo, primero dentro del seno materno, para luego viajar al exterior y aspirar ese aire puro, esas sensaciones agridulces, para ir caminando pasito a pasito por el sendero de la vida que vosotros dos me marcasteis.

Me regalasteis no sólo la vida sino la palabra, el sentimiento, la vista, el oído… Me mostrasteis pacientemente cómo la sonrisa es la mejor presea de cualquier ser humano; me indicasteis el camino de la cultura, del agradecimiento, del cariño… Aprendí de vuestros labios las palabras más tiernas que todo infante puede evocar: mamá…, papá…, os quiero…

Y crecí en vuestro seno familiar, sabiendo apreciar vuestra dedicación y entrega, vuestro sano y esforzado vivir cotidiano. Mi mente fue albergando -y aún sigue- toda clase de recuerdos que son la sustancia de mi vivir y que yo he tratado de transmitir a mis hijas y a mis alumnos.

Sueño a veces que yo soy un niño celoso de vuestro amor y vengo a cobijarme bajo vuestro regazo cuando el frío, la enfermedad, la fiebre o el miedo pretenden anidar en mí. Mas esta cantera de vivencias y recuerdos son un caudaloso venero para ir entrelazando este duro cañamazo de que está constituida la vida y el tiempo inexorable.

Pasan por mi mente esos flashes imperecederos de las mañanas lluviosas y frías de invierno cuando, tú papá, oías las noticias muy de mañana, con el órgano de fondo y el «Buenos días, Señor» de Federico Sopeña; o la primera vez que trajeron la televisión en blanco y negro -¡qué más se os pedía pedir por entonces!- con el Gato Félix como primera imagen televisiva en mi mente infantil de siete años… Cómo no recordar, paladeando, los ricos desayunos de sopas en leche, salpicados de trozos de chocolate; o la multitud de faenas caseras que, tú mamá, llevabas a cabo diariamente…

Y qué decir de esos días de recogida de aceituna, con abuelitos, titos y primos, por esos campos de Dios. ¡Qué cansancio, pero qué gozo! Qué bien sabían todas las comidas en el tajo, qué apetito atroz, qué buenísimo estaba el tocino magro… Son miles y miles de impresiones que se van entrecruzando, produciéndome -aún viviendo- más bien, porque esto parece un sueño feliz, soñado desde muy dentro.

Tú mamá , luchadora incansable contra la enfermedad y las múltiples dolencias que a diario, en esta vejez dorada -colmada de hijos, nietos y biznietos-, te atenazan; pero has de alegrarte, porque sigues siendo dueña de la nave capitana, teniendo como buen grumete a papá, que poco a poco ha sabido y querido reciclarse en fiel dependiente de la bolsa, pues es el encargado oficial desde tiempo ha de hacer las compras y el suministro de la intendencia hogareña, y además está alcanzando cotas destacadas en su nueva función de “amo de casa”, ya que bajo tu atenta mirada la cocina, el lavado, el riego y la poda de macetas -incluido su traslado- van adquiriendo cotas de autonomía casi loables.

Y aquí los tenemos, a estos “novios eternos” que piensan llegar a los 75 años de casados, dando ejemplo a todo el mundo, especialmente a ésta su extensa familia , transmitiéndonos un claro y sencillo mensaje: Cuando el verdadero amor se funda en la entrega mutua, en el perdón cotidiano, en la consideración auténtica del otro… es un amor que perdurará para siempre… Por eso, nada mejor que deciros simplemente «Gracias, pues os queremos mucho y os lo merecéis todo».

Os pedimos que sigáis amándoos en la libertad suprema y orgullosa que Dios os ha marcado, y que vuestra sabia y longeva naturaleza os siga colmando siempre… Sois -y habéis sido- forjadores de sueños cotidianos, fabricantes de ilusiones que, con vuestro siempre afanar diario, habéis sabido enhebrar en un gran rosario, del que sería imposible contar las cuentas de que se compone…

Quiero recordar aquí las ansias de mi padre por dejar huella impresa, en libros y artículos, incluso haciendo sus pinitos en el mundo teatral, sus años de rapsoda y poeta, en su vejez regalada, en el Hogar del Pensionista; y cómo se ha redescubierto en artesano del rosario con múltiples materiales y, en especial, con huesos de aceituna que se encuentran hoy en día desperdigados por toda la geografía nacional, como adelantados de nuestra tierra y de su persona…

Cómo olvidar a mi querida madre, cuando las dolencias óseas, renales y de todo tipo aún no le habían afectado; y que, a la vejez, ambos se convirtieron en mozos, cantando villancicos y canciones carnavalescas, a la vez que se hicieron viajeros por toda la provincia y, de la mano del IMSERSO -casi gratis-, por toda España. Habéis sido maduros viajeros bien pagados por la juventud e infancia antaño robadas…

También quiero recordarte a ti, papá, en tus distintos trabajos dentro de Casa Biedma, adonde fuiste tan pequeño a instalarte y cómo fuiste ascendiendo de recadero a albardonero y luego a vendedor al por mayor… Y de tu amor por los animales y el campo… con ese chalé que, con tanto esfuerzo e ilusión, os construisteis ambos para disfrute familiar… Llegaste a ser jubilado joven y glorioso, a tus 60 años, para trabajar durante más de 20 en el oficio que más has deseado siempre: el trato directo con el público, por tu cuenta, y en especial con “las mariquitas” de turno para venderles, muy de mañana, todo lo que un buen vendedor sabe -con su verborrea- ponerle al alcance de la mano… Según tú nos has contado, han sido «Los mejores años de mi vida» a pesar del frío, del calor, de la intemperie, de los resfriados continuados que todos los años cogías por esos mercadillos del Señor…

¡Gracias por todo: gracias por la vida, la sensatez y el ahorro derrochados, con esa mirada tierna con que nos premiáis día a día…!

iMamá…, papá…, VIVIR ES UN LINDO SUEÑO si se tiene la suerte de tener unos padres como vosotros: seres entrañables de un magno proyecto…!

Úbeda, 26 de mayo de 2007.

Fernando Sánchez Resa

fsresa@gmail.com

 

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