Málaga 2016, oportunidad perdida

26-10-2010.
Una sucesión de despropósitos convirtió el sueño en frustración. Málaga ya no es candidata a ser capital europea de la cultura. La próxima oportunidad será en 2031, dentro de quince años. ¿Qué nos está pasando para que esta ciudad del paraíso, con tantas excelencias y óptimas condiciones no haya sido capaz de superar la primera prueba? Las cosas no suceden por casualidad, ni por mala suerte. Los éxitos o los fracasos son el resultado de los procesos: la carrera de fondo se gana desde el esfuerzo del primer impulso hasta el sprint final.

En Málaga no hubo carrera de fondo. El proceso fue irregular. La etapa final, una irreverente puesta en escena del desencuentro más desafortunado: la dimisión del gerente, trascendida a los medios de comunicación dos días antes del examen definitivo. Atrás quedaron la creación y eliminación, tras dos años de trabajo, de una oficina municipal; el cambio de concejal de cultura, responsable de la candidatura; las reuniones de un comité de expertos que, sin explicación alguna, dejó de convocarse; el fichaje y posterior despido de Paul Chevillard, a seis meses de la entrega del proyecto; la tardía creación de la Fundación Málaga 2016; y, finalmente, las discrepancias en la forma de defender el proyecto ante el tribunal.
Málaga era la más completa de las candidatas en cuanto a equipamientos museísticos, salas de exposiciones, orquestas de música; infraestructuras y comunicaciones con Europa y el mundo, capacidad de alojamiento de turistas, mayor comunidad de residentes de todos los continentes, primera ciudad española destino de estudiantes extranjeros; única candidata que dispone de Escuela Superior de Artes Escénicas, Conservatorio Superior de Música y Escuela Superior de Danza; un Ateneo con cuarenta y dos años de historia, y una oferta de calidad coincidente con los criterios exigidos por la Unión Europea: participación ciudadana y dimensión europea de la cultura.
El Ateneo de Málaga, patrono honorífico y miembro del Consejo Asesor, se implicó desde marzo de 2010, convocando un foro de opinión ciudadana, “Málaga ante la candidatura a capital europea de la cultura 2016”, en el que participaron entidades culturales, creadores artísticos, empresas de base cultural, sindicatos y asociaciones profesionales, empresarios del sector turístico, federaciones de asociaciones de vecinos y patronos de la fundación Málaga 2016 en proceso de constitución. Nuestra revista Ateneo del Nuevo Siglo editó un número especial. Hemos participado en el Consejo Asesor desde las primeras reuniones, en el salón Rossini del Teatro Cervantes, a las últimas, en los sótanos de la Casa del Jardinero.
Cinco meses de secretismo impuesto por las reglas del juego, ausencia de interconexión entre las diferentes entidades y desconocimiento de las líneas generales del proyecto que redactaba el equipo de Ingenia Qed, produjeron el efecto contrario a los criterios de participación exigidos. Una vez descartado por el tribunal, pude conocerlo gracias a la entrega del material que personalmente me hizo el presidente de la Fundación, al que manifiesto mi respeto por tan arduo trabajo de aglutinar voluntades. También, pese a su dimisión inesperada, a Javier Ferrer, gerente de la Fundación, por su eficaz gestión de coordinación. Sin embargo, la prisa, las diferencias de criterios entre presidente y gerente, nunca expuestas en el Consejo Asesor, dieron al traste con el sueño.
El documento es un buen proyecto, como sin duda lo será cada uno de los presentados por las otras ciudades. Los siete ejes temáticos: Ciudad del Paraíso, Ciudad Jonda, Edificando Jardines, Tradición de Futuro, En Peligro de la Libertad, El Deseo Atrapado por la Cola y Ciudad Prodigiosa, son innovadores y sugerentes, al igual que la idea de apostar por las debilidades de la ciudad, como punto de partida para una transformación integral desde la cultura, como instrumento de cohesión social. Pero, ¿hemos sido capaces de analizar la percepción de quienes nos ven desde fuera? Europa ya no necesita recuperar ciudades destruidas o desestructuradas, sino mirar al futuro desde la historia, la diversidad y la participación en la creación y recreación del conocimiento.
Es urgente un nuevo desafío, con o sin Fundación, con el diálogo como fórmula para crear proyectos participativos que hagan identificarse a la ciudadanía con su ciudad. En el año 2011 celebramos elecciones municipales. Los partidos políticos deberían ofrecer en sus programas unas políticas culturales que sean capaces de transformar y cohesionar desde el centro a la periferia, desde la universidad a la escuela, desde las asociaciones a los misántropos, desde las raíces antropológicas a la modernidad.
El Ateneo, desde su independencia, pluralidad y dinamismo, seguirá aportando reflexión y debate en un nuevo foro de propuestas para que Málaga sea la ciudad de la cultura que necesitamos.

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