La “caló”

Una cosa que suele pasar todos los inicios del verano, a mediados y al final, son los comentarios sobre el tiempo.

Siempre se ha comentado sobre el tiempo. Es cosa muy socorrida, sobre todo cuando te encuentras en reunión con interlocutores o interlocutoras con los que no puedes hablar de otra cosa (salvo riesgo cierto de enfrentamiento dialéctico que termine mandándolos o mandándote a la mierda); o no conoces nada y a ver de qué te pones a hablar con ellos… Así que lo más socorrido es hablar del tiempo meteorológico presente, pasado o futuro.

No me refiero pues a estos anteriores casos. Escribo sobre eso tan recurrente de hablar del tiempo a nivel de noticiarios de televisión. Es reincidente, recurrente, inane, tonto y absurdo.

Llega el calor… ¡Ha llegado el calor!, como si de algo especial, sorpresivo, maravilloso o terrorífico se tratase. ¡Llega el calor! Y ahí que se inician los telediarios con este magnífico notición.

Como si el calor no llegase siempre, como si nunca hubiese sucedido tal cosa en determinadas fechas y estaciones del año (o su contrario, por supuesto, llega el frío). Lo normal, vamos, me digo yo, es que en primavera ya se inicie el alza de las temperaturas en unas zonas peninsulares más que en otras; y llegado el solsticio de verano, pues que nos venga el verano, ¡vamos, digo yo!, que no se nos va a venir el invierno (y eso sí que sería noticia).

Pero el calor llega, lo que normalmente suele ir pasando año tras año, década tras década, centuria tras centuria y milenio tras milenio, y ahí nos irá tostando con más o menos intensidad y según de la postura que nos pongamos (como San Lorenzo). Por eso es la estación típica, el verano. Por eso lo de los baños, las vacaciones, los helados, la casi sin ropa que vamos y las moscas, las picaduras, las quemaduras en la piel y las insolaciones, el dormir en la terraza, el pestazo a pies donde ponemos las zapatillas, el refrescón en la ducha por la “caló”, los siestorros bien echados, el radical tintorro de verano o la comida fuera de casa (con seudopaella incluida).

Que no es noticia, que no lo es.

Sin embargo, ahí tienen al locutor, enfundado en su chaqueta y corbata, de medio arriba, porque de medio abajo lo mismo va en bermudas y chanclas (como no se le ve) haciéndonos la crónica del calor que él, sí, está pasando en el estudio. Y como necesita que le seamos solidarios, pues que ahí que insiste el tío, medio descompuesto, con el tema. Y su realizador, que ya se sabe de memoria el guión añejo, va metiendo cuñas de tomas de calle, en diversos lugares y poblaciones.

Los o las pobres (hay más de estas) reporteros de calle también se lo saben; pero los hay pardillos que, por novatos, pican el anzuelo u obedecen sin más y se ponen a las tres de la tarde a dar su parte meteorológico en plena canícula y en Sevilla, que ya es ser sufridor en casa. Los veteranos procuran hacer sus tomas a otras horas más soportables y en áreas en las que les brinden sombra. Los otros se tragan todo el marrón.

Sí, imprescindibles las tomas y reportajes de lo que pasa en Sevilla, ¡mala leche sí que hay!, en Gandía, en Madrid, en Bilbao… San Sebastián, Alicante o la Galicia de los mil incendios. Declaraciones del paseante con gorra o sombrero de paja, helado en mano o botella de agua recalentada, pantalón corto y chancletas; tomas playeras de gentes sudorosas “a last”, miles de sombrillas, tribus definidas, buenas cajorras en bolas (lo admito, esto último es producto de mi calenturienta mente) y maduras con ganas de que las vean en su pueblo. Todo un muestrario. La otra cara nos la dan los contrarios, que supuestamente no sufren la “caló”, y que también llevan gorra o sombrero (de fieltro), mochila o chubasquero en mano y que, a lo sumo, nos declaran que llevan unos días de chirimiri y que, leñe, les va viniendo bien un poco de tregua… También típicos.

Por ello, si es todo tan típico y tan tópico, ¿a qué leche nos lo repiten tanto?, ¿por qué siempre y año tras año se nos viene con la misma cantinela?, ¿es que de verdad es cuerpo de noticia? Pienso y me barrunto que es tal la sequía de ideas que ya se tira de guión pre‑establecido por pura comodidad y rutina. Siempre se dijo aquello de la serpiente de verano, en relación al recurso de los medios de comunicación, en especial la prensa escrita, de tirar de noticias absurdas e incluso inventadas cuando llegaba esta estación, que suponía escasez crónica de noticias (especialmente en agosto). Es cierto, había (y hay) que tirar de mucha imaginación, o inventiva, o archivo para rellenar las páginas de un diario. Nada, que a hablar del tiempo, ¿qué cosa es más natural?

Sorpresivo sería que el verano nos brindase otras noticias más reseñables y novedosas, de las de verdad, de las que nos caen encima o de las que nunca pudimos tener previsión. Imagínense el verano del 36.

Mientras, en esta modorra informativa y social, nuestro querido gobierno de derechas nos va colando pasito a pasito esas leyes que ahí tenían preparadas, esas leyes infumables como la ya sacada de una reforma contributiva inexistente (miento, existe, pero es contra reforma). Es el momento preciso para publicarlas en el BOE. Ahí sí hay noticias, pero ¿quién se lee el BOE?

 

marianovalcarcel51@gmail.com

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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