Consideraciones sobre el amor, la amistad y la distancia

Nuestro vivir es posible gracias a la extendida red de afectos y amores en que crecimos y que nos sustentan cada día.

Una rápida mirada hacia dentro de nosotros mismos nos hará tomar conciencia de la amplia red de afectos en la que vivimos envueltos. Sus tonalidades son muy diferentes. Desde el amor hacia los miembros de nuestra familia, fundado en el entroncamiento biológico común, hasta la gama de amigos que hemos ido encontrando y seleccionando a lo largo de nuestra existencia. Desde las amistades de la infancia hasta el amor último, definitivo, fusional, si es que hemos tenido la suerte de haberlo encontrado.

LA INDIGENCIA DE AFECTOS, NUESTRA CONDICIÓN

Nace el bebé en la más absoluta indigencia y en la más total dependencia. No solo necesita el alimento corporal, sino que su desarrollo cerebral requiere el ingrediente del amor de sus padres para iniciarle en el aprendizaje de la lengua ‑instrumento mayor de inmersión en el comercio humano‑ y, en especial, para insertarse en la sociedad y adquirir las bases del futuro comportamiento como respuesta a los estímulos exteriores.

EL HOMBRE SALE DE SÍ HACIA LOS DEMÁS

De mayor, el salir de su castillo interior, de su «cerrado a sí mismo», es para el hombre una necesidad absoluta. El hombre es un ser potencial que solamente se despliega en un entorno social. De esa manera, llena su hondo vacío metafísico mediante la interacción con los otros. Los otros constituyen a la vez su espejo, sostén psicológico, fuente de alegría, paradigma de comportamiento. De fuera, nos vienen hasta el sentido y la significación del vivir. Una búsqueda que el hombre va a perseguir sin descanso desde sus primeros años.

LA VARIEDAD DE FORMAS DEL AMOR

La introspección nos revela, sin dificultad, la variedad de nuestros afectos, con modalidades e intensidades diferentes. Lo que sentimos por los otros asciende gradualmente desde la tolerancia, la comprensión, el prejuicio positivo…, hasta la empatía, el buen entendimiento y la simpatía mutua. Desde la amistad al amor y, por último, en lo más alto de la escala, el amor fusional. (Sería posible matematizar un tal espectro de formas, representando los afectos en un espacio topológico, dotado de una métrica particular).

LA UTOPÍA DEL AMOR UNIVERSAL

El amor al prójimo es, probablemente, el mayor aporte sociológico de la figura histórica de Jesús, de enorme significación en la Historia de las Ideas. Pienso en Hobbes, Rousseau y otros.

Pero el amor evangélico, sin límites ni reservas, es una pura utopía que conduce al fracaso, tanto en la historia individual como en la dimensión social. Según algunos (¿santos o iluminados?), el amor al prójimo sin límites ni restricciones (presentar la otra mejilla al que te abofetea) es lo que mejor condensa la ideología del cristianismo. Pero esta interpretación no puede ser admitida sin restricciones. A falta de espacio para desarrollar aquí este tema, invocaré la frase del propio Evangelio: «Sed cándidos como palomas y prudentes como serpientes» que marca reservas a la utopía del amor sin límites ni cautelas.

PERO AL SALIR HACIA EL OTRO…

Al salir hacia el Otro, cruzando la «tierra de nadie» entre las personas, te vas a encontrar frecuentemente con la maldad, el egoísmo, la ruindad, la mala educación, y lo que es más frecuente: la inelegancia del alma. Y, a fin de cuentas, con la frustración.

EL IMPOSIBLE AMOR FUSIONAL

Alguien escribió en algún sitio: «Un día quise irme para siempre con la persona que más amaba. Se estaba muriendo. Pero la tuve que dejar penetrar sola en el túnel terrible de la muerte. En ese momento trascendental, ella se hundió profundamente en la negra oscuridad y yo me quedé infinitamente solo. Ese día comprendí que la distancia con los seres más queridos nos es impuesta como una necesidad ontológica, constitutiva del ser humano».

LA GESTIÓN DEL AMOR Y LA AMISTAD

El buen ejercicio del arte de amar necesita gestionar sabiamente las distancias entre las personas.

Se han de guardar distancias simplemente para protegerse.

Se sale de sí al encuentro del Otro por la amistad o por el amor. Pero ¿hasta dónde es prudente, legítimo, aconsejable aproximarse al Otro?

El mutuo aprecio nos inclina a aproximarnos de manera física y sobre el plan psicológico.

La proximidad física es evidente y no necesita muchos comentarios, si no es el de las diferencias de sexo y de cultura que llevan a apreciaciones diferenciadas de esa proximidad.

La proximidad psicológica tiene que ver con el propio desvelamiento, con la eliminación gradual de las barreras y con la apertura hacia el Otro. Transparencia del uno para el otro.

Pero no se le dice a cualquiera todo lo que se dice en familia.

Ni siquiera la candidez evangélica nos obliga a dar cualquiera las razones de nuestros comportamientos.

LAS DIFERENCIAS ENTRE PERSONAS

Estas formas de aproximación suponen un extendido camino hacia el Otro en el hay que salvar el problema real de las diferencias entre las personas. Constituyen un obstáculo las diferencias de gustos y maneras. Y, de forma más sutil, las diferencias de tono vital en lo cotidiano y de tonos emocionales de los que somos tributarios por nuestra genética y nuestras biografías diferentes. Recordando, como queda dicho, que la fusión es imposible aún en el matrimonio.

DIFERENTES AMORES, DIFERENTES DISTANCIAS

Oí decir a una señora de mucha edad, y con numerosos descendientes, que hay parientes a los que se les quiere mucho, pero que están mejor en el álbum de fotos.

La cuestión se centra en situar a cada uno en el sitio adecuado, como las piezas en un tablero de ajedrez. No es cosa fácil, sino algo muy delicado.

Se puede amar intensamente a una persona, por ejemplo a un hermano, y guardar obligatoriamente una distancia considerable para evitar colisiones, decepciones, frustración.

Hay gente a las que más vale dejarlas en un distante nicho, quizás idealizándolas, para no sufrir la decepción de una proximidad inadecuada.

PROGRESANDO EN LA AMISTAD

En el camino de la progresión, en una amistad o en un amor, hay que ser lúcidos para ver hasta dónde se puede ir. Y hay que ser capaz de detenerse a la distancia debida, a pesar de lo que atrae llegar a una amistad verdadera y profunda.

La mayoría de la gente se detiene en el camino, por egoísmo, por no ser capaz de dar más. Por eso, hay que tener en cuenta hasta dónde quiere ir el otro para evitar decepciones.

ROL DEL HUMOR EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA AMISTAD

El humor y la broma es una forma inteligente de crear un espacio de encuentro, superficial tal vez, ambiguo siempre, pero con efectos positivos para el tratamiento de las diferencias. Es un espacio situado en la «tierra de nadie» que separa los seres humanos. En ese espacio se disuelven y esfuman a veces muchos de los conflictos reales o potenciales que surgen al constatar las diferencias entre las personas. Y, si no llegan a disolverse de forma completa, el encontrarse, en ese espacio de prueba, permite, sin demasiados riesgos, rectificar posicionamientos y dar pasos atrás, cuando se cometió el error de aproximarse de manera demasiado rápida e inapropiada.

PARA CONCLUIR

Es oportuno tomar conciencia de la gran variedad de nuestras afectos y de nuestros amores. Reconocer sus limites.

Queramos o no, luchamos embarcados en una ilusión permanente en busca de afectos verdaderos y fiables. Buscando significación a la vida. Aquello de San Juan de la Cruz

Buscando mis amores
iré por esos montes y laderas…

Pero nos topamos con las frustraciones y los límites. El mito griego del Sísifo que remonta incesantemente una roca sin lograr llegar nunca a la cima.

Habrá que quedarse a medio camino, contentándose con la mediocridad de la vida. Un compromiso acorde con nuestra última limitación ontológica.

Aprendamos, al menos, a gestionar la amistad y el amor, y, correlativamente, las distancias que convienen en cada caso.

bf.lara@hispeed.ch

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