Acción social patronal

Perfil

Por Mariano Valcárcel González.

Que los tiempos pasados fueron mejores, sin duda, hay quienes lo piensan; lo que pasa es que algunos lo piensan con nostalgia de lo que se tuvo y va desapareciendo; y otros, sin embargo, lo hacen con intenciones de confundir realidades y términos.

El máximo capitoste del empresariado de este país, el señor Rosell, suelta de vez en cuando magníficas perlas que son en realidad muestras de lo que realmente piensa él y muchos de sus compañons;idos que se van hacia otros tiempos añorados, mejores para los de su clase. Tiempos que desearían que volviesen en su plenitud. Pero como son básicamente, además de retrógrados, unos hipócritas, cuando se les afea su conducta retuercen el discurso en un afán de ocultar sus verdaderas intenciones.

La última (o penúltima, vaya usted a saber) investigación temporal del señor Rosell ha descubierto que «Tener un empleo estable es cosa del siglo diecinueve»… Moderno que es el tal señor; que, a progresista, no le gana nadie. Como estamos ya en el siglo veintiuno, ¡quién lo diría!, eso de los empleos estables, seguros, o debidamente remunerados es cosa del pasado: carcunda. No me pensaba yo, pobre de mí que no he estudiado en ninguna escuela de negocios ni hecho ningún máster al uso, que el paso de la historia era ya tan rápido e importante que hasta se había dado la vuelta, llegando pues al otro nudo cuántico tal, que todo lo actual es cosa definitivamente pasada. Debe ser un lince este catalán en lo tocante a la física cuántica.

Bueno, que me pierdo (eso me pasa por no tener secretaria), que yo iba por lo último (creo) del mandamás de los patronos españoles. Y es que, encima, el tío va y no sabe nada de historia. Pero nada, o se lo hace, que es peor. Pues de todos es sabido que, en el siglo diecinueve, pocas personas se andaban con empleos fijos, estables y debidamente y justamente remunerados. Pues si no, ¿para qué coño sirvieron los movimientos sociales y sindicales iniciados en este siglo?; ¿por qué hubieron de surgir, si no era para alcanzarlos…? Pasa Rosell como si nunca hubiesen existido tantos sacrificios, tantas represiones y muertes, tantas tragedias, para ir a decirnos, sin que se le cayese la cara de vergüenza, que aquello es cosa pasada porque ya no se lleva en estos nuevos tiempos.

Que se sepa, y no se debe olvidar, es que si para algo sirvieron los sindicatos y partidos de izquierda fue para llevarnos hasta lo habido, sobre todo en la segunda mitad del siglo veinte. Que el trabajo fuese digno, que se cobrase justamente por lo trabajado, que se aminorasen los abusos, que se estableciese cierto grado de seguridad y permanencia en los puestos ocupados, que el despido improcedente fuese gratificado, que… ¿Es que hay que volver a recitar los derechos laborales que se han conseguido en todos estos años transcurridos…?

Pues se ve que sí, que lo imperante es que se olviden, precisamente que se olviden, que se den por amortizados, por cosa como suertuda, como accidental y caída del cielo o de la mesa del rico de turno, dádivas graciosas de las que hay que dar infinitas gracias, mas no reclamarlas como derechos. O mejor, cosas que no debieron pasar, que fueron errores de la historia.

Para contar casos que ratifican este planteamiento, me faltaría tiempo y espacio, me sobrarían líneas y pantallas, ¡tantos son…! Estos días me contaban que una chica, higienista dental sin trabajo (del suyo, que de camarera sí tiene), acudió a una cita de empleo; aparte de la mala impresión que le dio el empleador, lo importante era que le proponía trabajar un mes, a prueba y sin cobrar, y luego se vería. Declinó. Algo semejante le pasó hace unos años a mi hija, que la oferta implicaba trabajar, sí o sí, sin horarios ni contrato; por la cara, vamos. A esto es a lo que se ha llegado y según micer Rosell es lo más moderno que se puede encontrar en el mundo empresarial y laboral.

Claro, se calla él y los suyos lo que consideran moderno y adecuado para sí. Que no coincide en nada con lo anterior. ¿Consideran modernoel pertenecer no a uno sino a varios consejos de administración (o direcciones ejecutivas y similares), de los que de todos cobran y de ninguno salen sin una buena y contante y sonante, muy confortable indemnización?; ¿es eso lo que dicen no decir o lo que dicen no debe hacerse…?

Aquello de la economía social, del reparto de beneficios, de los comités paritarios (¡un motivo por el que cayó la república!), de la plusvalía de la mano de obra revertida, de la “Acción Social y Patronal” que preconizaba Mendoza S.J., de las cooperativas laborales y tantos inventos que «se hubieron» (que diría Jorge Manrique), se fueron y perdieron como los ríos en la mar tras el paso de la tormenta neoliberal; falso atributo, pues de liberal no hay tampoco nada; que lo hay de un capitalismo duro y rampante, depredador, darwinismo social puro y duro que preconiza la ley de la fuerza como norma y la adoración del becerro de oro como doctrina.

Es la realidad. Lo que nos ofrecen, ya sin contraprestaciones algunas, pues, nos dicen, «si no» o «nosotros» o «el caos»… ¡Como si el caos no nos lo hubiesen ya impuesto ellos mismos!

marianovalcarcel51@gmail.com

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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