El lenguaje, casa del ser: un comentario a Heidegger

Por Blas Francisco Lara Pozuelo.

SOMOS SERES EN RELACIÓN

¿Somos los humanos seres lanzados al mundo sin finalidad ni sentido, arrojados como piedras en medio del campo? (Geworfenheit, en expresión de Heidegger).

Pero el gruñido de un gato, cuando se le molesta, pone en evidencia el estatuto ontológico de un ser, el gato, que contrariamente a una piedra, reacciona al entorno, está abierto a él. En tanto que ser vivo es algo más que meramente un ser «arrojado» al mundo.

 

Un paso más. El pajarillo que pía pidiendo comida a su madre, el ciervo que brama en época de reproducción reclamando pareja. Ambos manifiestan una apetencia de «comunicación» de un ser con sus congéneres.

«El ser humano es un ser que habla y que maneja conceptos en su cerebro», diría la filosofía socrática, lo que es una manera bastante conveniente de definir a la persona humana.

El lenguaje, sin embargo, no se limita a desempeñar una «funcionalidad» de comunicación entre seres humanos. Es mucho más. La construcción y la arquitectura del lenguaje penetra la misma esencia metafísica del hombre. Ya lo dijo Heidegger. «El lenguaje construye al hombre». Expresión que hoy cobra más sentido cuando se piensa en la constitución del entramado de conexiones neuronales que la interacción con el mundo produce a lo largo de la existencia, y mucho más intensamente durante la infancia.

COMO ES LA CASA DEL SER

El ser humano vive a lo largo de su vida sumergido en diferentes entornos. De las interacciones con ellos quedan vestigios almacenados en numerosísimas asambleas neuronales, que son como internalizaciones representativas de fragmentos del mundo exterior. A las que se añaden asociaciones piramidales entre agrupaciones neuronales, a su vez empiladas con memorias de eventos internos, especialmente emocionales. Todos ellos constituyen los ladrillos de la casa del ser, para proseguir con la metáfora heideggeriana.

La producción de la lengua (y de los pensamientos) echa mano de esos materiales de base, entrelazándolos en unidades de sentido.

Una primera constatación que hay que apuntar es la de las singularidades del cerebro individual, es decir, de sus pensamientos y de sus locuciones. La explicación de las diferencias individuales se halla facilmente en las especifidades de la biografía de la persona que fue expuesta durante su vida a entornos variados, y especialmente a lenguas y culturas diferentes. Así es que la persona es un resonador particular de la cultura en la que se cría y, cuando es el caso, de la pluralidad de culturas en las que posiblemente evoluciona.

HERRAMIENTAS DE ANÁLISIS

Aparentemente, el número de ideogramas que un chino distingue, conoce y usa está en correlación directa con el nivel cultural de esa persona. Sería una forma de medida de algo aparentemente inmaterial como son los contenidos cerebrales.

Prosiguiendo esta idea, los estudios lingüísticos, de que disponemos desde hace ya unos años, nos permiten ir más allá en la búsqueda de imágenes del yo. (Hablo de las extensiones de los métodos de Non Metric Muldimensional Scaling).

Este tipo de análisis nos permite particularmente:

—Determinar un Espacio Perceptual que aloja los conceptos que una persona particular maneja ‑y «en los que vive»‑. (Y, por extensión, una agrupación humana). Para visualizarlo, imaginemos un hiperespacio vectorial en el que se sitúan numerosos puntos. Los algoritmos matemáticos descubren una estructura subyacente a las percepciones. Algo que con mucha buena voluntad y nadando en la metáfora heideggeriana sería como una pálida huella o una imagen del yo, la casa en la que habita el ser de cada analizado.

—La estructuración y en especial la dimensionalidad de ese Espacio Perceptual. El número cardinal de sus dimensiones representa su amplitud de miras sobre el mundo. En otras palabras, su Weltanschauung.

Un ejemplo esclarecedor. Deseo ordenar mis libros, amontonados en desorden, para colocarlos en una biblioteca. Si se lo pido a la persona sencilla y sin formación, usará unas categorías muy simples para clasifiicarlos; por ejemplo, el color de los libros, si están escritos en lengua española o en otra lengua no española, si los libros contienen o no símbolos matemáticos, etc. Si recurro a un compañero de la universidad, las categorías que usaría para clasificar serían más ricas y representativas y en mayor número. La razón de la diferencia es evidentemente la gran diferencia en la percepción del mundo de las ideas.

—Un detalle curioso. Esta metodología ofrece indicios que hacen igualmente posible cuantificar en alguna manera las inconsistencias lógicas; dicho de otra manera, el grado de incoherencia que adolece la persona en su percepción del mundo.

COROLARIOS

Las consideraciones que preceden sugieren otras importantes pistas de reflexión:

1. La relevancia del lenguaje y en particular de una lengua concreta es que de mero instrumento de comunicación se erige en su dimension metafísica, su carácter constitutivo de la persona.

2. Las particularidades de las lenguas (léase español, francés, inglés, alemán, italiano…) explican en larga medida las diferencias características de la poducción cultural de esos países a lo largo de la historia.

3. El multilingüismo enriquece y conforma el cerebro del niño. Conduce a la relativización de los propios conocimientos. Y de ahí, a la flexibilidad y tolerancia para con otras formas culturales.

Lausanne, 2016.

bf.lara@hispeed.ch

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