Políticamente incorrecto

07-09-2010.
Amarrar unos retazos o secuencias de ADN y, con ello, definir la totalidad del comportamiento que inducirá en un organismo es a todas luces erróneo. Lo mismo se está haciendo con el uso abusivo (y sobre todo timorato y mendaz) de la llamada corrección política, que no es más que una censura impuesta, aunque a veces se disfrace de autoimposición. Se deducen totalidades cuando sólo se aducen parcialidades edulcoradas e incluso tergiversaciones. Retazos.

Esta práctica es un recurso de dominación de las clases establecidas, encaminada a cercenar la libertad de expresión de forma encubierta, pero eficaz. En todas partes se ejerce o trata de ejercer; más, en las sociedades que presumen de sistemas democráticos de gobierno, camuflando la efectiva mordaza con el supuesto bien que aporta, en aras al respeto y a la convivencia. Se ha llegado a tontunas irrisorias y extremas, cercanas a la astracanada (o ya son astracanadas de verdad).
La noticia es que, en Francia, su gobierno ha decidido realizar expulsiones de ciudadanos comunitarios a los que consideran indeseables (ya lo iniciaron en Italia también), por sus supuestas actividades delictivas continuadas y desarraigo social; y pasa que coinciden estas personas con unas nacionalidades y una etnia concreta. ¿Coincidencia casual o real?, ¿búsqueda de chivos expiatorios…?
Acá me quedaría en una correctísima declaración, pero no, voy a intentar aclarar y no sólo nadar y guardar la ropa (como es común entre nuestros políticos). Sarko es un oportunista, es cierto; mas resulta que esta iniciativa está siendo respaldada por la mayoría de la población, que ve a los gitanos procedentes de Rumanía (o Bulgaria) cual gente, como mínimo, peligrosa. Es cierto que ni todos los rumanos son gitanos, ni todos los gitanos son rumanos, así que, simplificar el problema en esta nacionalidad y etnia es como mínimo inexacto, si no injusto. Pero graves problemas de convivencia, seguridad y arraigo sí que se han producido y producen alrededor de estos colectivos, tanto en Francia, como en Italia, como acá es España. Esto es una verdad incontrovertible, aunque no única.
Tenemos, sin embargo, a quienes están muy interesados en que el lenguaje siga siendo parcial, obligándonos a pensar en persecuciones racistas (añorados monstruos nazi‑fascistas que se sacan siempre cuando conviene) para ocultar, bajo esa capa de supuesta corrección política y ecumenismo sectorial, que solo se persigue ante la supuesta inseguridad generada. Y me admiro de que elementos de izquierdas sigan aferrándose a términos excluyentes y ancestrales, que afianzan las discriminaciones y nos detraen a siglos o civilizaciones para nosotros superados: término como etnia, que determina ya, por sí mismo, clasificación diferencial. Adoptado, machacado, reiterado artificiosamente, sólo busca que se continúe con esa discriminación, que acaba siendo así positivamente rentable.
En este país, España, llevamos siglos en este dilema del supuesto desarraigo o discriminación de gitanos, en realidad semiintegrados en su mayoría en nuestra sociedad, pese a que ahora les sea rentable decirse no integrados (usando a diestro y siniestro la palabra discriminados) a algunos de ellos (y a los que viven de una forma u otra de su existencia, política y económicamente). Y ni todos los gitanos son españoles, ni todos los españoles son gitanos. Por ende, ni todos los gitanos son delincuentes, ni todos los delincuentes son gitanos.
Y como no voy a ser correcto, lo aclaro y declaro: que perseguir al más débil y buscar chivos expiatorios coyunturalmente es una indecencia. Que insinuar así, que la alarma social sólo la generan estos colectivos y no otros mucho más dañinos, es inmoral; así, resulta que los ladrones que nos llevan a la ruina económica (estafando y robando miles de millones), esos no son perseguidos ni nombrados con sus nombres; ni se persigue y extradita al mafioso, al salteador de guante blanco, al corrupto… Sí, no son los gitanos (algunos gitanos) los únicos delincuentes en nuestros países. Y a la delincuencia, a cualquiera delincuencia, hay siempre que perseguirla.
Y dejémonos de tanta pamplinada y manipulación interesada de lo que nos rodea.

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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